La importancia del juego como instrumento de integración

La importancia del juego como instrumento de integración

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La importancia del juego como instrumento de integración.

El término integración es muy amplio, es una acción que comienza a darse ya en el ámbito familiar y siempre comienza en los juegos.

Los bebés empiezan su vínculo de integración con la mamá, el papá y sus hermanos a través del juego. Esta acción que potencia luego irá trasladándose a otros espacios, como el colegio, el club y más.

Cuando se habla de integración la clave siempre es tener abierta la capacidad para integrarse, es decir, valorar a la persona por lo que es y no por lo que debiera ser. Cuando integramos reconocemos al otro como sujeto de valor que es. En este sentido, el juego es la expresión de esas capacidades que cada uno tiene.

En este sentido, cuando nace un niño con algún problema específico, se trabaja ya con la familia para que ellos puedan desarrollar y conectarse con el deseo de jugar, se focaliza en generar una estrategia que se basa en recuperar ese placer que tuvieron de niños, es un modo de relacionarse placenteramente. El juego se desarrolla desde la capacidad, y así se pone a los niños en igualdad al jugar.

El reconocido pediatra y psicoanalista inglés Donald Winnicott planteaba que un momento fundamental en la vida de los niños es el puente que se traza hacia el mundo, es decir, la integración a lo que sucede fuera de sí. Son las madres y los adultos responsables los que abren esa posibilidad para que el bebé pueda traspasar esa puerta, para eso los grandes deben mirar al mundo con ilusión, pues le da al pequeño la capacidad también de ilusionarse. El futuro del bebé ya tiene las huellas impresas de ese punto de arranque.

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El juego es importante tanto para los niños como para los adultos, por eso en el trabajo para integrar muchas veces los mayores tienen que volver hacia su niñez y refundar aquello que no se hizo cuando fueron chicos.

También hay que aclarar que el juego en sí no es garantía de inclusión. Quienes garantizan la integración son las personas, pues en la misma actividad lúdica se puede discriminar o no dejar que algún compañero se acople a lo que se está haciendo. El juego sí da alternativas para que haya empatía, eso dependerá de los adultos que lo habiliten, tendrán que poner lo necesario desde el campo de lo ético para reconocer al otro. La integración siempre depende de nosotros.

Cuando en un grupo un pequeño no puede integrarse a jugar (por timidez o alguna discapacidad), los padres de sus compañeros no deben cerrar la cuestión dando una idea cristalizada o sugiriéndole que juegue con otro niño. Lo más adecuado es abrir desde las preguntas, aunque estas no tengan respuestas. No todo debe ser respondido, sí hay que abrir puertas para incluir, aunque finalmente eso no siempre ocurra.

El enemigo de la integración son la ignorancia y el prejuicio. Si nos conocemos más podemos entender y aceptar al otro desde sus posibilidades.

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Por Damián Calvo, presidente de Lekotek (www.lekotek.org.ar) y Por Sergio Fajn, Coordinador General de Programas de Lekotek

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