Leer y escribir: una práctica de las culturas

Leer y escribir: una práctica de las culturas. Licenciada Susana Passano.

Uno de los contenidos curriculares fundamentales tanto en la escuela primaria como en la secundaria es la enseñanza-aprendizaje de la escritura y la lectura.

Me interesa que nos detengamos un momento para pensar como es posible enseñar ambas cuestiones para que sea posible un verdadero aprendizaje. Muchos de nosotros aprendimos descifrando letras (signos) convencionalmente inventadas por el hombre, aprendimos su sonido, su grafismo, luego las unimos unas a otras para leer palabras, luego frases.

Ambos procesos, escritura y lectura, se enseñaban casi conjuntamente porque se suponía que era lo mismo aprender a leer que aprender a escribir. Recordaremos también la escritura de aquellas frases como: ¿tomaste mate Ema?, ¡tomé te mamá!  ¿Y Tomás? tomó mate” o Susi asa los sesos, mamá amasa esa masa, en fin, frases hechas y repetidas una y otra vez.

Situaciones ajenas al niño -sujeto de aprendizaje – También recordaremos las repeticiones en renglones de palabras o letras que debían ser muy bien dibujadas. No quiero en este breve texto dejar planteada una crítica negativa a una metodología de enseñanza con la que generaciones y generaciones se alfabetizaron y aún se alfabetizan con la misma metodología.

Sin embargo sí me interesa comentar que los “nuevos aires” en este tema de la enseñanza de la escritura y la lectura en la escuela, traen una interesante renovación. Una lista de objetos para llevar a la escuela, una lista de objetos para comprar en la verdulería, fechas de cumpleaños, tarjetas para invitar, recetas de cocina, cartas para parientes y amigos, escritura de cuentos para que lean los amigos, rimas, versos, diario íntimo, adivinanzas, todas formas posibles de plasmar la escritura desde la práctica cultural.

En la cultura circula esta práctica, y por eso no vemos que alguien haga una lista de letras sueltas sin estar en un contexto o que escriba repetidamente una palabra.

La escritura circula en la cultura de forma particular, según el uso o la necesidad, circula como una práctica. Lo más interesante en todo esto es que tanto en la lectura como en la escritura hay presencia de otro: escribimos para otro o para sí mismos con la curiosa observación que cuando leemos nuestra propia escritura nos alejamos de nosotros mismos y podemos leernos como si no nos perteneciera.

El destinatario de nuestra escritura es el punto nodular en la cuestión de la escritura: ya que hay que ponerse en el lugar del otro, del que nos va a leer y preguntarnos ¿nos entenderá? Hasta qué punto es esto interesante que contiene implícito un valor ético. Considerar al otro. Qué diferencia tan abismal con esas escrituras que son repeticiones de signos o frases hechas por otros, huecas y sin sentido.

Partimos de considerar que escribir y leer es una práctica de la cultura; una práctica que hombres y mujeres, niños y niñas, desarrollan para hacer intercambios y comunicarse. Intercambiamos mailes, mensajes de texto, cartas, tarjetas de invitación a cumpleaños, leemos para informarnos, por placer y escribimos para que nos lean o para leer a otro que escribió.

Por eso me parece interesante destacar que la escuela introduce a los niños en la cultura, es decir, en aquellos conocimientos que circulan en el medio, en el mundo, y de los que podemos apropiarnos en el momento en que los necesitamos. Tener conciencia de la presencia “del otro” en la cultura y en esas prácticas facilitará esta cuestión del lazo social. Lazo social como enlace cognitivo y emocional con los otros de nuestra cultura.

Pensar la escuela como el lugar de pasaje a partir del cual es posible apropiarse de objetos de la cultura, recrearlos y retransmitirlos.

Lic Susana Passano Psicopedagoga-Psicoanalista

(especialista en atención niños y adolescentes. Orientación a padres e instituciones educativas)

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