El aprendiz de pastelero

El aprendiz de pastelero

El aprendiz de pastelero. Lydia Giménez Llort, escritora española. Cuento perteneciente a CON UN POCO DE TI, blog dedicado a las personas que luchan contra la leucemia.

Dedicado a Laura y Mª Belén, aprendiz y maestra pastelera, de Cadiz, España.


Había una vez un pastelero. El mejor pastelero del mundo. Hacía riquísimas tartaletas de mermelada de fresa, bolitas de coco y galletas con deliciosos trocitos de chocolate.

Pero un día, en lugar de despertar de buena mañana, el pastelero continuó dormido y el aprendiz, aunque todavía no tenía bien aprendido el oficio, decidió ponerse a trabajar.

Sólo sabía una receta, la receta de magdalenas de limón. Recordaba perfectamente toda la lista de ingredientes: 200 gramos de azúcar, 180 gramos de mantequilla, 5 huevos, ralladura de piel de limón, 200 gramos de harina, 8 gramos de levadura y unas gotas de esencia de vainilla (opcional).

El aprendiz buscó en el almacén y encontró montones de todos los ingredientes así que, muy contento, decidió ponerse manos a la obra. Pero como no sabía aún sumar ni medir bien…decidió poner mucho de todo. Al poco tenía hechas ya nada menos que veinte magdalenas.

Las probó y estaban riquísimas y como aún tenía masa decidió hacer otras veinte más, y así, hasta llegar al centenar. Pensó que todos sus amigos estarían encantados con sus deliciosas magdalenas y cuando el pastelero llegó encontró todo, todo el escaparate lleno de… ¡magdalenas de limón

¡El aprendiz quedó extrañado que su maestro pusiera cara asustada y le preguntó:

_ ¿No le gustan las magdalenas, Maestro? ¡Son de limón, están riquísimas, pruebe una!-le dijo el aprendiz aún sin comprender que en una pastelería no puede haber sólo…magdalenas.

_ ¿Y las tartaletas de mermelada de fresa, las bolitas de coco y las galletas con deliciosos trocitos de chocolate? –preguntó el pastelero mientras buscaba en todos los rincones de la pastelería.

_ No están, no los busque, Maestro –dijo apenado el pequeño aprendiz- Con la ilusión de mi primera receta, se me olvidó preparar todas las otras cosas que también se necesitan.

_ ¿Cómo se te pudo olvidar?-preguntó el pastelero enfadado.

_ Bueno, en realidad…es que… sólo….sólo sé una receta…-confesó el aprendiz.

_ ¿Y el libro de recetas que te regalé?-preguntó el maestro pastelero.

_ Lo perdí, Maestro, el libro de recetas lo perdí- respondió el niño avergonzado.

El Maestro se dio cuenta, entonces, de donde provenía el error y le pidió que no sintiera vergüenza. Él tenía la buena solución. Miró en su mesa, pero sus libros de repostería eran demasiado difíciles para un niño, así que pusieron una nota en la puerta de la pastelería que decía:

“Necesito libro de recetas. Invito a una rica magdalena de limón a quien me regale una receta de otro rico postre.

firmado: el aprendiz de pastelero”

Poco a poco, gracias a la generosidad de familiares, amigos e incluso desconocidos, el aprendiz fue recopilando recetas y junto a su Maestro, fueron probándolas unas tras otras hasta que encontró entre ellas las que él podía hacer mejor.

Y así fue como, paso a paso, el aprendiz se convirtió en pastelero y al cabo de unos años, cuando fue más mayor, abrió su propia pastelería.

La pastelería con los pastelitos más ricos del mundo porque estaban hechos de puro AMOR.

Fin

Dedicatoria: A todos los pequeños aprendices de pasteleros, que aguardan ricas recetas. A la generosidad de familiares, amigos e incluso desconocidos, que regalan recetas de ricos pasteles. Porque el pastel más delicioso es el que se hace con AMOR.

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