Adicción a las drogas: tres décadas de acelerados cambios

Adicción a las drogas: tres décadas de acelerados cambios.

Si analizamos las últimas tres décadas en materia de adicción a las drogas, podríamos afirmar que las sustancias utilizadas han cambiado pero la conducta adictiva es la misma.

Hemos aprendido que la solución está en trabajar sobre la conducta saludable y no sobre la sustancia, ya que es posible erradicarla. El verdadero problema de la adicción es la conducta, aún variando las sustancias o situaciones.
Los tiempos modernos hicieron que las sociedades se vuelvan más tolerantes al consumo de drogas legales o ilegales. Por esto, ha bajado dramáticamente la percepción de riesgo que el abuso de sustancias o factores acarrea tanto en la salud propia como la de otros. También creció la facilidad al acceso de las drogas, ya sea las de venta bajo receta o las clandestinas.

Esto genera que muchas más personas transiten situaciones de sufrimiento social en poblaciones socialmente adaptadas. Ellos no acceden a los centros tradicionales de tratamiento por vergüenza social, por negación o naturalización del problema. Ha cambiado el concepto de salud.

Vivir en una sociedad consumista y de alta competencia por la supervivencia, más la desconfianza en nuestras posibilidades y las propias inseguridades generan un estado de ansiedad permanente, que se exterioriza en conductas compulsivas. Y si algo entendimos en los últimos 30 años es que el foco debe estar puesto en apaliar nuestra ansiedad, quizá el elemento más adictivo de toda la patología. Por eso, es indispensable comprender las causas que la generan. Sin la transformación de las impresiones, sin lograr el estado de atención será imposible revertir el proceso de angustia y dependencia.

Entender esto es alejarnos un paso más de la compulsión como respuesta refleja al vacio y al miedo. Nos da la posibilidad de soltar la estructura que nos enferma que, lamentablemente, al ser conocido también nos ofrece una falsa seguridad e identidad.
La identidad es una máscara que muta, y cambia permanentemente en simultaneidad de tiempos y espacios y es un error creer que es única, rígida y permanente. La aceptación de la flexibilidad y liviandad de la imagen de sí mismo es un conocimiento crucial para el recorrido de la salud.

Mundo interno

Para resurgir el trabajo debe ser interior, solo las defensas internas lograran mantenernos limpios, incluso si estamos en contacto con lo que la sociedad nos acerque. Podremos echar mano a la identidad exterior que corresponda a la situación (hijo, padre, empleado, jefe, transeúnte, conductor, cónyuge, estudiante, paciente) con la agilidad que esto requiera y podremos despojarnos de la misma toda vez que sea necesario.

Nuestra tarea consiste en facilitar los mecanismos, los espacios, los medios, y preparar al cuerpo y al alma para escuchar lo que tenemos para decir sin lastimarnos, sin enojarnos con nuestro ser y perdonando. Permitiendo que las cosas tomen un nuevo rumbo y confiando en que los resultados serán lo que tengan que ser, bajando la ansiedad que genera la búsqueda del resultado perdiendo de vista el proceso.

Por eso, hace 30 años el tratamiento por excelencia de las adicciones eran las Comunidades Terapéuticas (CT), generalmente con fuertes bases religiosas y rurales. En ellas, estaba el germen de la solución: separación física de la sustancia, del entorno, en un marco de normas rígidas, inalterables y repetitivas, lo que daba la posibilidad al paciente de lograr el silencio, la tranquilidad de espíritu, la sensación de compañía, la calma para poder verse y escuchar su propia alma. Con todo eso podía intentar el camino de salida de la pesadilla. Se cortaba todo contacto con amigos y familiares hasta tanto el adicto mostrara condiciones de fortaleza yoica.

Hoy, los conceptos básicos, si leemos con atención, son los mismos pero aggiornados a los cambios que este siglo ha traído. Internet, telefonía celular, conexiones inalámbricas y TV satelital hacen que la separación física sea casi utópica. Por eso, la búsqueda de aislamiento debe realizarse por otros caminos.

Las CT ahora son urbanas y disponen de toda la tecnología existente. Ya no se intenta aislar al paciente; al contrario, lo mantenemos en su situación de cotidianeidad o se busca devolverlo a ella lo antes posible, pero con nuevas herramientas como la meditación. Además de los grupos terapéuticos y la supervisión médica incorporamos este modo de búsqueda de silencio, de buceo interior a fin de que cada individuo pueda escucharse y encontrarse consigo mismo. Logrando el estado de atención permanente que la meditación propone, el desarrollo de la auto observación psicológica de instante en instante.

Se trata de desarrollar un estado contemplativo completo y continuo, de conciencia, viviendo la vida en primera persona, alertas de nuestro cuerpo, emociones, pensamientos y eventos que ocurren.

El otro aspecto que tiende a cambiar es la religiosidad. Hoy las CT son mucho más abiertas. Han reconocido, con sabiduría, que la búsqueda espiritual no está ligada a ningún Dios o religión en particular y que cualquier “idioma” es válido si logra acercarnos a la paz de espíritu y al confort que implica sentirse acompañado o guiado por un Ser Superior, la naturaleza, el universo o lo que la persona considere como fuerza vital.

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Por Lic. Norberto Sztycberg, director general del Programa Andrés (www.programaandres.org.ar).

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