¿Qué siente y piensa la gente que vive en la calle?




¿Qué expectativas se pueden tener viviendo en la calle? ¿Es posible mantener sueños? ¿Cómo se sobrevive? Quienes viven en la calle tienen recurrentemente fantasías sobre posibles proyectos que podrían desarrollar de manera conjunta, pero al trabajar con ellos uno descubre que son solo un elemento para tener un mañana, una manera de encontrar una salida. Sin embargo, el que está solo en una situación crónica en la calle viene con un deterioro psicofísico muy grande, pues la calle destruye.

Es muy difícil estar en la calle y no incurrir en el alcohol, porque cómo se hace para pasar el invierno tirados en una estación de tren con 2° bajo cero si no es tomando algo que nos caliente, cómo se inventa una esperanza que haga que no nos suicidemos. A veces uno se deprime teniendo resuelto un montón de cosas importantes en la vida, imagínense lo que es no tener nada, solo un futuro no totalmente incierto sino oscuro. Quien está en la calle no tiene elementos que le hagan especular que mañana va a ser distinto.

Para convivir con eso y no matarse es necesario construir patologías, fantasías, sueños. Si no, no existe la vida. A diario se acercan personas a traer “proyectos” sin sustento real, porque plantean, por ejemplo, poner un local cuando no tienen donde dormir esa noche, ni que almorzar en unas horas, ni siquiera una muda de ropa. Poder desarrollar un emprendimiento, aunque sea en pequeña escala, requiere un mínimo de estabilidad.

Lo que se deduce es que esas inquietudes estarían bárbaras si las cosas estuvieran estabilizadas, y para eso hay que trabajar arduamente. En casi todos los casos no están dadas las condiciones para encontrar esa estabilidad previa, porque esa persona sigue sin tener una casa, vínculos que lo contengan, que le den ánimo. Hay que tener en cuenta que desarrollar algo implica tener un resto de energía para cuando las cosas no te salen, y eso no está dado.

Por lo antes dicho, para empezar lo mejor es moderar esas expectativas para que no se transformen en una nueva frustración y poner una escala de prioridades. Esto no es ser negativo, es tener visión de realidad. Y no caer en la fantasía de que 5, 6 o 7 personas porque quieran armar un emprendimiento laboral o una cooperativa lo lograrán por el simple deseo.

Para poder darle cauce a algo, un objetivo cualquiera hay 2 tipos de estabilidades que son necesarias: una es externa y otra es interna. Quienes viven en la calle tienen que lidiar con las dos, porque una de las cosas más difíciles que le sucede a la gente que tiene este tipo de dificultades es justamente sostener algo. No solamente hacerlo, sino sostenerlo.

Un ejemplo de cómo hay que avanzar es lo que transitan quienes viven en los hogares de la Fundación. Ellos pueden estar en estas casas entre 2 y 3 años, si bien es una resolución algo ficticia porque cuentan con sostén detrás, en ese tiempo es posible empezar a contenerlos porque ya no están en la calle. Hay superado un escalón. En una primera etapa se resuelven los temas de salud propios de quien vivió mucho tiempo a la intemperie. Luego, hay que mirar a la persona de una manera holística, ver que su salud mental y emocional acompañe a la física. Hay que trabajar mucho sobre la angustia que pasan, bajarles los niveles de ansiedad y una vez que esto deja de ocupar espacio es posible proyectar hacia adelante. El día a día está resuelto, ahora hay que generar el sueño del mañana. Ahora sí, es el momento de acompañarlos en la reconstrucción de su proyecto de vida.

A pesar de tener ciertas condiciones dadas, para quien vivió en la calle es muy difícil comenzar de nuevo. Primero, reencontrar el proyecto de vida significa reencontrar un proyecto de vida real, acorde al hoy, no al que se proyectaba 20 años atrás, debe ser algo potable. Luego, hay que lograr que encuentre, dentro de ese mismo sueño, la energía suficiente que lo invite a sostenerlo. Y eso es realmente muy difícil incluso para quienes están viviendo en hogares. Esto se vuelve mucho más dificultoso con quienes todavía están en la calle, pues deben también procurarse la comida diaria, la ropa, qué hacer durante el día, dónde dormir y más. Todo esto vuelve a la persona a un foco de problemáticas de permanente urgencia, le quitan la mirada del mediano plazo. En esos casos seguir vivo pasa a ser un proyecto.

A lo largo de la recuperación también aparecen obstáculos para sostener el proyecto. Los más insistentes son los mecanismos psicológicos, que oscilan entre ser un problema y una solución. Esos son terrenos particulares, pues algunos sujetos pueden tener miedo a salir adelante, pero siempre es el miedo. En cada uno el miedo tiene diferentes formatos, pero generalmente es la variable a trabajar, porque también ser exitoso da miedo, entendiendo por éxito lograr lo que uno se propone.

Para cada una de las personas que están en los hogares el éxito es lograr mañana vivir sin nosotros, que es lo que nos proponemos. Pero también eso asusta, tener que enfrentar solo la vida genera adrenalina.

Por Víctor Russo, fundador de El Pobre de Asís (www.elpobredeasis.org).

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