La Lactancia Materna forma parte de un evolucionado sistema de alimentación


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Diferentes especies, culturas de todo el mundo, muchas mujeres en diversos lugares y épocas han adoptado este proceso que es natural y a la vez cultural.

Ambas cosas casi en el mismo orden de importancia, han llevado por generaciones este legado que marca la necesidad primordial de alimentación en la primera infancia y las creencias y valores de cada sociedad.

La Lactancia Materna forma parte de un evolucionado sistema de alimentación, que en el ser humano ha sido esencial para su supervivencia como especie y su alto desarrollo.

La formación del ser humano, iniciada en una formación intrauterina, se prolonga y se completa mucho tiempo después, en la lactancia y la crianza social. Pilares, estos, esenciales para el desarrollo de la vida y la salud física, social y emocional de cada individuo.

Sin embargo, a través de las diferentes creencias que hemos ido adoptando a través del tiempo, no terminamos de desarrollar este proceso esencial para la vida de cada infante que, luego, deviene en adulto. De todas las especies que existen somos la más débil, ya que nuestra formación termina de desarrollarse fuera del útero materno y, aun así, somos la especie que más rápido se aleja de su cría.

De este fenómeno que ocurrió, no hace mucho tiempo a atrás, aparecieron mitos como: “Los brazos malcrían”, “a los bebés hay que dejarlos llorar”, y otros.

Estas formas de ver la crianza, esta nueva mirada sobre apego, sobre cuidados, tienen origen en la comercialización de la leche de fórmula y la inserción de la mujer en el ámbito laboral con leyes laborales insuficientes para proteger la lactancia. La crianza de los niños se fue amoldando a esta nueva realidad y transformando hasta el punto que es “indiscutible” e insoldable, en algunas culturas, formas más adaptadas al niño y no al ritmo del adulto.

La Lactancia Materna parece no amoldarse a este nuevo ritmo de vida que la sociedad occidental lleva desde hace un tiempo. Estamos inmersos en realidades que escapan a los ritmos del proceso natural. Y cada vez, se nos hace más difícil defender una necesidad tan básica y esencial como la alimentación de un niño.

Con los resultados arrojados en los últimos 50 años, los sistemas de salud han puesto en alerta a la sociedad sobre este tema, promoviendo la Lactancia Materna y con ello la importancia de cada uno de sus beneficios, que son esenciales para el niño, para la madre y familia.

Hoy se sabe que la lactancia materna es el alimento más adecuado para el lactante, por su equilibrado contenido de nutrientes específico para la especie humana, diseñada para su óptimo crecimiento y desarrollo.

Conocemos su contenido en inmunoglobulinas, que dan protección específica al lactante y su inmaduro sistema inmunológico, además de contener una diversidad de factores bioactivos, que proporcionan protección contra infecciones respiratorias, menor riesgo de enfermar de diarrea, meningitis, septicemia, infección urinaria, entre otras. Además de tener la concentración adecuada en grasas, proteínas y lactosa, la leche materna es de muy fácil absorción, aprovechándose al máximo todos sus nutrientes, sin producir estreñimientos ni sobrecarga renal. Es el alimento que contribuye con mayor efectividad al desarrollo físico, intelectual y social del niño/a.

Los beneficios que presenta para la madre son esenciales para su equilibrio emocional, físico, a la vez que social. Entre ellos la recuperación del peso, la retracción del útero (contrayéndolo para evitar el sangramiento y reducirlo a su tamaño previo), prevención del cáncer de mama y ovarios, reduciendo el riesgo de estas enfermedades, así como también desarrolla sentimientos de valoración de sí mismas que promueve su desarrollo integral como mujer.

La lactancia materna ahorra enormes cantidades de dinero a la familia, a las instituciones, al país y al mundo entero, del mismo modo que beneficia la unión y el respeto por lo natural y la conservación de la especie de una forma más saludable y beneficiosa para todos.

Si bien estamos atravesados por la cultura, y esta es necesaria para mantenernos en armonía y trasmitir valores y creencias a las futuras generaciones, se abre el planteamiento de cuán beneficioso y efectivo ha sido relegar tantos aspectos de nuestra propia naturaleza, qué es lo que esperamos para las generaciones futuras, y si es posible que cultura y especie se unan para proteger ambos aspectos de la vida que promueven la conservación de la especie humana.

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