El Valor de la Vida – Semana del Bienestar

EnCuentos.com se hace eco de la Semana del Bienestar.

Colaborando la Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud, hemos decidido publicar información sobre las enfermedades no transmisible, entre otros temas.

En EnCuentos.com también queremos crear entornos saludables para una vida más saludable por eso, cada día de esta semana, publicaremos un artículo diferente y todos tendientes a tomar conciencia que una vida mejor es posible.

Hoy El Valor de la Vida

EL VALOR DE LA VIDA (Cómo pasar de la Sobrevivencia al Crecimiento). Alvaro Peraza. Psicólogo venezolano.

Si existe un valor fundamental para el ser humano ese es el de la Vida.

Cuando hablamos de vida nos referimos en esencia a aquello que la distingue, la diferencia de lo inerte: su dinamismo, su movimiento, su homeostasis, su crecimiento y su trascendencia.

Lo cierto es que para que exista la vida se requiere no solamente un dinamismo transaccional, de interacción simultánea y recíproca entre diversos componentes, lo que nos hace formular una primera premisa: no somos seres aislados. La segunda premisa es que para que exista la vida ha de existir un perenne movimiento, la vida es contraria al no fluir.

Así como en la vida se experiencia un desbalance en ese ir y venir, el objetivo primario es volver a encontrar su equilibrio a pesar de los cambios permanentes que en ella se generan, ésta sería esta la tercera premisa. Si seguimos la pauta de las tres premisas que anteceden, sin duda podemos afirmar que el organismo vivo, el ser persona de este planeta busca en este tránsito energético crecer, evolucionar, adaptarse más y mejor al contexto donde se encuentra.

La cuarta premisa es que somos seres en constante crecimiento, lo plasmo como ser mejor de lo que soy hoy para poder superar de manera creativa los límites mentales y ambientales que aparecen en el camino, de allí la última premisa, dejar la huella, ser memoria de un colectivo.

Dónde Estamos Afirmamos con seguridad que algo ha de estar pasando en nuestro planeta para que aun conociendo qué nos está causando daño como individuos y como colectivo, hasta este momento del siglo XXI no hayamos hecho un esfuerzo sostenido por cambiar aquello que puede acabar con nuestra vida, la de la especie y la del planeta entero.

Pareciera un asunto de actitud pero más allá de ello quizá sea mejor denotarlo como un asunto de Conciencia.

Veamos: sabemos que más del noventa por ciento (90%) de las enfermedades poseen un origen psicosomático, conocemos que gran parte de las enfermedades no transmisibles son debidas al comportamiento y hábitos inadecuados de la persona humana, lo que traduce que probablemente gran parte de la solución a estos males pasa por el tamiz de la Toma de Conciencia (así con mayúscula) psicológica, social, política, cultural y económica.

En palabras precisas, los factores psicológicos que inciden en la enfermedad de la persona humana sean estos emocionales, cognitivos o de cualquier otra índole pueden incidir de modo sistémico tanto en el proceso de enfermedad como en su prevención y sanación. La OMS afirma que en veinte años la Depresión será la enfermedad que más padecerán los seres humanos.

Investigaciones actuales afirman que la incidencia de cáncer creció un veinte por ciento en los últimas dos décadas, recientemente una publicación de la BBC de Londres basada en serios datos revela que en Europa un treinta y ocho por ciento de su población sufre de algún trastorno de salud mental…

Lo cierto es que el número solo es un pequeño retrato de una cotidianidad que nos muestra las señales de alarma y ante ella pareciera que en nuestro interior aun guardamos silencio. ¡Alcemos la Voz! esto que está pasando puede ser evitado. La Conciencia Mayor: La Finitud Al igual que muchos otros fenómenos humanos, la muerte no se nombra, se invisibiliza, se evita, se niega, no se contacta.

La premisa defensiva que subyace a esta realidad es la incapacidad de la persona para darse cuenta en un nivel consciente de su sentido de finitud. El miedo a morir y el dolor que produce la pérdida de un ser querido son procesos sometidos a un profundo condicionamiento cultural de negación.

La actitud hacia la muerte afecta la percepción de vida, el significado y sentido de la experiencia. Formar parte de una sociedad que niega y desafía la muerte genera confusión y parálisis. Las respuestas y prioridades a esta realidad que reprime las emociones definen la cotidianidad de todo ser humano y la esencia misma de la vida.

No obstante, lidiar con los cambios no es una tarea fácil, el costo emocional de las experiencias críticas puede ser una oportunidad para la genuina transformación y trascendencia, o al contrario, ser percibidos como reales amenazas. En este sentido el eje central de la proposición es que la verdadera conciencia de muerte hace la diferencia entre un Sobreviviente y un Ser en Crecimiento

De la Sobrevivencia al Crecimiento El Sobreviviente se caracteriza por la imposibilidad del contacto emocional que genera en él un constante estado de insatisfacción, el organismo insatisfecho se frustra y produce como consecuencia una baja energética o depresión.

En este estado el individuo entra en una profunda parálisis o impasse que se comienza a expresar por lo general en un lenguaje somático, es aquí cuando el peligro se hace presente: el desbalance que se ha extendido en el tiempo profundiza la crisis, haciéndolo incapaz de satisfacer sus propias necesidades radicaliza su enfermedad y, al acentuarse definitivamente, la convierte en terminal y el individuo muere.

En el sobreviviente no existe la conciencia de muerte. Por ser un individuo desvalorizado transita la vida con necesidades emocionales insatisfechas, situaciones o conflictos personales abiertos y problemas interpersonales inconclusos.

En este conflicto de desbalance o “Trastorno del Crecimiento” la persona muere con sufrimiento al reaccionar aferrándose, con expectativas catastróficas sobre lo que le sucederá. Por su parte, la familia reacciona impidiéndole marcharse anclada en los asuntos inacabados del pasado.

En esta circunstancia el individuo es incapaz de preguntarse qué le ata: las experiencias no estructuradas, el ancla en el pasado y el organismo no responsable traducen la incapacidad. La base emocional subyacente además del miedo, es el resentimiento, la culpa, la rabia, el odio y la venganza.

Ahora bien, cuando el individuo se percata de las emociones que lo afligen se da cuenta de la inminencia del peligro y transforma la percepción de la crisis en la posibilidad para actuar consciente y responsablemente en pos de la homeostasia, la salud y el crecimiento. Contrariamente, en el Ser en Crecimiento existe una clara conciencia de finitud, es capaz de movilizar la energía para la satisfacción de sus propias necesidades, en este sentido tiene presente sus objetivos y proyecto de vida, puede interrogarse a sí mismo acerca de lo que quiere o le falta por completar antes de morir.

Su vivencia de la muerte está signada por la dignidad, reacciona soltándose con fe y esperanza en el devenir. La muerte se vive como un ejercicio responsable de acercamiento al futuro, su base emocional ante la despedida viene expresada en el perdón, la compasión y el amor.

En resumen, una Conciencia clara de mi paso temporal como persona humana por este planeta me permitirá movilizar la energía para la satisfacción de las necesidades, me generará una Conciencia de finitud importante para poder proyectar una visión de vida que quiero para mí, mis seres amados y mi planeta todo. Por último creará un percatarse que en el desbalance existe una verdadera oportunidad para la transformación al aprovechar en éste el sentido de oportunidad significante.

Saludos y Cuenten Conmigo.

Álvaro A. Peraza E-mail: alvarope[email protected]

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Twitter: @misionpsique

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