Día del Bibliotecario – 13 de Septiembre


Día del Bibliotecario

Día del Bibliotecario – 13 de Septiembre El bibliotecario: el farmacéutico de los libros

El Día del Bibliotecario fue establecido en la Argentina por el Congreso de Bibliotecarios reunidos en Santiago del Estero en el año 1942 e instituido a nivel nacional, mediante sanción del Decreto N° 17.650/54, como homenaje a los bibliotecarios.

El bibliotecario es un actor clave en cualquier ámbito donde se desempeñe. Dentro de las instituciones educativas actúa como un asesor tanto de los chicos como de los propios docentes.

A través de su saber especializado sobre textos y autores y de su pasión por la lectura motiva y acerca a niños y adultos a los libros. Hace sugerencias, conversa sobre las lecturas, es un auténtico modelo lector y referente para los niños.

Por otro lado, el bibliotecario se encarga de cuidar y organizar el material bibliográfico de tal manera que resulte accesible para todos los visitantes. A su vez, diseña e implementa distintas actividades y proyectos tanto en las aulas como en el Rincón de Lectura para motivar a los niños a leer como, por ejemplo, rondas de lectura, lectura en voz alta y hasta obras de teatro, colaborando así con la tarea del docente.

Una de las claves para organizar un Rincón de Lectura es crear un espacio colorido y confortable para que resulte atractivo a los niños, para que deseen visitarlo. Almohadones creativos y cómodos, carteles relativos al placer e importancia de la lectura, una cartelera donde exponer las propias opiniones son elementos que conforman un espacio alfabetizador.

Y otro componente fundamental es organizar un espacio funcional, es decir, donde los libros estén organizados mediante criterios claros y se encuentren físicamente al alcance de los chicos de todas las edades. El eje principal es crear un espacio que facilite y promueva el encuentro entre los niños y los libros.

Para despertar el interés de los lectores, para el bibliotecario es esencial desarrollar actividades motivadoras, donde el niño pueda explorar con libertad los libros, donde tenga la posibilidad de comportarse como un lector: alguien que elige qué leer, en qué momento, que puede elegir un espacio que le resulte cómodo, dejar un texto cuando le resulte aburrido, hacer sugerencias a un compañero sobre un texto leído, etc.

Otro de los elementos clave es que los niños participen actividades que sean dinámicas, un desafío y que no signifiquen una obligación para ellos, que se sientan realmente motivados a participar.

Por Rocío Brescia, especialista de Fundación Leer www.leer.org

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