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Bienvenida Conchita Bayonas a EnCuentos.com  - Hoy El niño azul Con inmensa alegría damos hoy la bienvenida a una nueva escritora española. Ella es Conchita Bayonas o La abuela atómica, como ustedes prefieran. Desde hoy se integra a nuestra comunidad y los invitamos a disfrutar de sus hermosos cuentos.   El niño azul. Conchita Bayonas, […]

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Bienvenida Conchita Bayonas a EnCuentos.com  - Hoy El niño azul

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Con inmensa alegría damos hoy la bienvenida a una nueva escritora española. Ella es Conchita Bayonas o La abuela atómica, como ustedes prefieran. Desde hoy se integra a nuestra comunidad y los invitamos a disfrutar de sus hermosos cuentos.

 

El niño azul. Conchita Bayonas, escritora española. Cuento infantil sobre el cuidado ambiental. Cuento ecológico.

Este cuento fue seleccionado por sus valores ecologista por la asociación vasca Infancia sin Fronteras TXIRULA KULTUR TALDEA

Cuando Oscar nació, todo el mundo estuvo de acuerdo, ¡era un niño precioso! Solo le veían una pega: el color de su piel. Esta era de un color azul brillante como el mar, ese mar tranquilo que baña la costa en las mañanas de primavera.

Él fue el primer bebe que apareció con ese problema; pero después, sin que nadie lo pudiese remediar, vinieron a este mundo algunos más con esa misma peculiaridad: ¡eran azules! Antes de que ellos nacieran, sus mamás no dejaban de pensar con tristeza en sus hijitos. Estaban acostumbradas desde niñas a asomarse a las playas y acantilados gallegos y a admirar el azul intenso de sus aguas.

Ahora, todo estaba manchado y negro; nada era como antes. Muchas tardes, después de dar largos y melancólicos paseos por la orilla, las gentes del pueblo las oían lamentarse:

-Nunca imaginé que cuando mi hijo naciese, iba a estar el agua tan sucia.

-¡Qué va a pasar con los peces! -decían mirándose con los ojos llenos de lágrimas.

-¿Y con las gaviotas? también morirán si comen pescado en mal estado -comentaban tan tristes, que a sus vecinos se les partía el alma viéndolas padecer tanto.

-Nuestra costa siempre ha estado limpia como un espejo y, ahora, parece un basurero -se quejaban entre ellas con pena.

Antes de todos los desastres provocados por los hombres, el agua del mar era azul y, el deseo de las madres de recuperar ese color para que sus hijos disfrutaran de él, era tan grande, que sufrían indeciblemente.

Algunos científicos, avisados por los pediatras que atendían a los niños azules, investigaron los casos y coincidieron en que esa singularidad debía de estar relacionada con los desastres que estaban ocurriendo en el mar: vertidos de desechos industriales, productos químicos, petróleo y fertilizantes en la superficie del agua, además de grandes cantidades de plásticos y otras sustancias, que causaban la muerte de tortugas, ballenas y pingüinos.

Tan grande era el deseo de las madres de que el mar recuperase su estado anterior a la contaminación que, de repente, todos los sabios lo comprendieron y estuvieron de acuerdo.

-¡Señoras y señores, esto está claro! Lo que tienen los niños en la piel, es un antojo.

-¡Es verdad! – comentaron entre ellos. ¡Qué tontos hemos estado!

-Yo tuve una paciente con una mancha rosa en la cara, ocasionada por un deseo; su madre quiso comer fresas durante el embarazo, pero no consiguió ninguna porque era invierno -dijo D. Manuel, un médico de los que allí estaban.

Por fin habían encontrado la causa del problema y decidieron comunicarlo al Instituto de Investigaciones Científicas, para que intentasen solucionarlo, si es que tenía arreglo. Mientras, en Brasil por aquella época, empezaron a venir al mundo: niños de color verde. Los médicos brasileños se preocuparon mucho al principio.

Luego, después de algunas indagaciones se enteraron de lo sucedido en Galicia y poniéndose en contacto con los pediatras que habían asistido a los congresos anteriores, coincidieron con ellos en que efectivamente, el cambio de color de la piel de los niños era debido a antojos maternos.

La selva Amazónica estaba desapareciendo poco a poco, a causa de la tala indiscriminada de grandes árboles y de los incendios provocados por los hombres. Había muchas personas que estaban desoladas, eran gentes que sentían que el mundo se estaba deteriorando por culpa del progreso. Entre ellas, algunas mamás embarazadas sufrían pensando en las máquinas que seguían talando árboles:

-¡Nuestros hijos no van a poder disfrutar del verde maravilloso de su selva! ¡Ni tampoco de los animales que viven en ella! Se decían unas a otras intentando buscar alguna solución.

Tan fuerte era su deseo, que ocurrió lo mismo que en Galicia, solo que los niños brasileños nacieron verdes. Por otro lado, en el continente africano, muchos bebés de raza negra vinieron al mundo con la piel amarilla. Sus madres estaban desesperadas; no podían alimentar a sus hijos y solo deseaban ver los campos llenos de cereales con los que poder remediar su hambruna.

¡Esto sí que era gravísimo y no se podía consentir! Enterados de estos nuevos casos, los científicos decidieron hacer una cumbre mundial, para buscar soluciones a este gran problema. Invitaron a los jefes de gobierno de todos los países y a las mamás de los niños afectados.

Entonces, una representante habló en nombre de todas:

-Señoras y señores, venimos aquí a pedir que salven nuestro planeta. Queremos dejar a nuestros hijos este maravilloso mundo, en las mismas condiciones que estaba cuando nosotras lo heredamos de nuestros antepasados. Este sueño no lo podremos realizar si no nos ayudan. Ustedes tienen la capacidad, el poder y la fuerza suficiente para conseguir que nuestra tierra siga siendo el prodigioso planeta azul que era hasta hace poco. Nuestro sufrimiento ha sido tan grande que, sin querer, ha afectado al color de la piel de nuestros hijos. ¡Por favor! pónganle remedio para que las generaciones futuras no sufran este problema.

Entonces, empezaron a salir al escenario todas las mamás con sus hijos en brazos, niños azules, verdes, y amarillos, para sorpresa y asombro de todos los que estaban reunidos.

-¡OH! ¡Qué desastre! decían abatidos, viendo las consecuencias de la contaminación.

Cuando se recuperaron de su estupor, los sabios y sabias, decidieron no moverse de allí, hasta encontrar medidas para remediar el problema. Unos buscaron soluciones para evitar que se transportara petróleo por el mar, otros insistieron en que se debía pagar una cuota a los países Amazónicos y así no sería necesario talar los árboles; todo el planeta se beneficiaría de su oxígeno, y ellos podrían comer sin tener que vender la madera de la selva; por último, otros idearon sistemas para embalsar grandes cantidades de agua del rio Nilo y regar los campos y plantaciones de trigo en el continente africano.

Estuvieron trabajando durante muchos meses, codo con codo, para conseguir que la tierra volviese a ser como antes. ¡Por fin lo consiguieron! Las madres volvieron contentas a sus países, sintiendo que habían hecho algo realmente bueno para ayudar a los niños que ya habían nacido y a los que quedaban por nacer.

Para que no hubiese niños ni azules, ni verdes, ni amarillos, sino con el color característico de cada una de las razas que ya habitaban en la tierra. Después de algún tiempo, el azul empezó a brillar en el mar, los árboles crecieron otra vez en la selva y los niños de África pudieron alimentarse correctamente.

¿Pero sabéis lo que pasó unos años después? Según el agua se iba poniendo más azul, la piel de los chicos, se iba aclarando hasta que se les volvió blanca. Los niños verdes, consiguieron recuperar el precioso bronceado de la piel brasileña, según la selva adquiría su color esmeralda y, los muchachos de África, lograron de nuevo, en sus cuerpos, un brillante color chocolate, pues estaban bien alimentados. Así debía de ser.

Porque como todas las madres dijeron, solo querían, que la tierra volviera a ser el maravilloso planeta azul que era antes.

Fin

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