Tiempo de balance

Tiempo de balance. Reflexión sobre los balances personales.

Para esta época, son muchos quienes hacen un balance de lo ocurrido en el año pasado. Y generalmente la evaluación está relacionada con aspectos profesionales o económicos. ¿Y si intentáramos hacer un balance referido al bienestar íntimo, al estar en paz con uno mismo y con el otro?

Comienza un año y es inevitable intentar “reprogramarse” para lo que se viene. Un montón de proyectos y promesas surgen engendrados por aquello que no hemos podido lograr durante el año que  está por  terminar.

Y como en una especie de “balance contable”, se amontonan en nuestros recuerdos y pensamientos lo bueno y lo malo, los logros y los fracasos, los sueños que cumplimos y aquellos que aún están en lista de espera. Es como si nuestro corazón y nuestro pensamiento se dividiera en dos y colocara a cada lado una lista con lo que corresponde al debe y lo que pertenece al haber.

Sin duda, tendremos cosas en ambas columnas, no hay un año de absoluta luz ni de la más profunda sombra, siempre habrá salpicaduras de ambas en nuestros libros contables del alma.

Es bueno repasar unas y otras, alegrarnos una vez más por los logros obtenidos, por aquellos días que recordamos como especiales, por lo que nos ha hecho feliz. También es bueno, sin por eso torturarnos, repasar aquello que no nos ha salido del todo bien, pensar los porqué y qué deberíamos cambiar. Muchas veces, el repensar las cosas, puede ser la llave del cambio.

De todas maneras, mucho más importante que hacer un balance de nuestras actividades y sus logros o fracasos, es hacer un balance íntimo, un balance del alma, de nuestros sentimientos. Preguntarnos por ejemplo, ¿cuánto hemos amado el año qué está terminando?, ¿cuántas veces le hemos dicho a nuestros hijos lo importante que son para nosotros?, ¿cuántos cuentitos hemos contado?, ¿cuántos abrazos, besos y caricias hemos prodigado?. Podemos imaginarnos que para este tipo de preguntas, la respuesta no es una calculadora ¿verdad?. Es ver dentro de nosotros mismos qué nos ha pasado y también intentar dar un poquito más, expresar más, ir pasando de una columna a la otra. En estos términos, que no son contables precisamente, también sería bueno descubrir que nuestro haber es mucho más que nuestro debe. ¡Qué maravilloso sería tener dentro nuestro, una lista llena de mimos, de palabras de cariño, de tiempo compartido con el otro, de entrega hacia el prójimo!.

Más allá de lo que hayamos podido lograr o no, y esto lo digo en todos los sentidos, lo que realmente nos enriquecerá más es analizar cuánto nos hemos brindado a los demás y cuánto hemos dejado que nos den, porque saber recibir del otro también es importante, su presencia, y su palabra, nos nutren como personas, alimentan una relación, no sólo se trata de dar, sino también de recibir.

Parece irónico que puedan usarse términos parecidos para cosas tan distintas como balances contables y transacciones y por otro lado, amistad y amor, pero han de ser sólo artilugios del idioma, que se puedan unificar palabras refiriéndonos a cosas tan distintas.

En este año que comienza, en vez de proponernos hacer esa gimnasia por años postergada, trabajar menos, retomar la dieta olvidada por las fiestas  u otras excusas o terminar la facultad, etc., trabajemos para darnos por entero, para decidirnos a gozar la vida y no a padecerla, para ser mejores, para escuchar y dialogar. Pensemos que en este año que está por nacer daremos muchos besos, retomaremos los abrazos, nos enojaremos menos y terminaremos de contar aquel cuentito que quedó inconcluso o de escribir aquella carta de amor que por temor nunca enviamos, o lo que haya quedado pendiente en nuestro corazón.

Si cada uno de nosotros entendiésemos que el verdadero bienestar nace en el alma, seguramente lo demás saldrá mejor. Las intenciones que uno tenga, los deseos, los proyectos, deberían gestarse en el corazón y luego trasladarse al pensamiento, al movimiento y a la concreción.

Olvidándonos de fríos números, cálculos y cifras, inclinemos nuestra balanza hacia el lado del haber. Atrevámonos a vivir un desequilibrio en nuestro balance íntimo, el que, lejos de llevarnos a una bancarrota, nos colmará de la mayor de las riquezas: el amar y ser amado.

Fin

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