Testimonios de vida

Testimonio: El bien que hace al otro el amor cuando es incondicional y fraterno

Escritora de Perú

Soy voluntaria de un hospital psiquiátrico aquí, en Lima, Perú, mi nombre es Luisa Cabero Cabieses y vengo sirviendo con todo cariño y entrega en este nosocomio desde el año 1994 hasta el día de hoy. A lo largo de estos años he podido observar en los pacientes muchas situaciones dolorosas, que han hecho que sus enfermedades psiquiátricas vayan generando cada vez más situaciones inmanejables. Por lo tanto, lo que más cuenta para ellos son sus recuerdos dolientes, cada uno lleva encendida en su alma una triste historia la que no quisieran jamás recordar, pero como no llevan reflexión para poder recapacitar que este recuerdo no conduce a nada bueno, viven rememorando casi todo el tiempo los hechos negativos que los marcaron. La raíz de sus resentimientos crece de manera incontrolable desde sus propios hogares, en los cuales también se ve que los miembros que lo conforman, muchos de ellos tampoco tienen capacidad para poder entender y manejar de la mejor forma, a sus parientes afectados con esta triste enfer¬medad.

Entendemos, entonces, que aquellos pacientes que les falta mayormente lo más importante que es la comprensión, que viene como consecuencia del amor incondicional para que se les pueda valorar y aceptar como todo ser humano se merece, viven con más desventaja que los que no están en esa condición ya que lastimosamente, sus familiares no hallan otra solución mejor que olvidarse de ellos internándolos en algún nosocomio psiquiátrico, lo cual es absurdo ya que si estos mismos no toman parte en la recuperación de sus parientes enfermos, dándoles calidad de vida para que puedan armonizar su mundo emocional y espiritual, muy poco puede hacer la medicina ya que ésta actúa más que nada a nivel científico. Por lo tanto, los pacientes que no viven en esta condición infrahumana, siendo frecuentemente visitados por sus familiares, tienen mayor opción de salir adelante ya que llevan como ventaja el apoyo que se necesita para ir sanando en forma progresiva.

Hay que entender también que la fuente más secreta donde se desarrollan las frustraciones de los pacientes se hallan en ellos mismos, ya que como son altamente sensibles todo lo que sienten o interpretan erróneamente les dan otro giro, quedando en una situación mayormente impenetrable con el mundo que los rodea, por lo que en sus niveles más profundos e inconscientes de su personalidad, están incapacitados de poder dar una buena interpretación de los hechos. Esto les ocasiona mucho sufrimiento ya que viven en forma bastante confusa y sin conciencia, y como viven sin capacidad analítica, encerrados dentro de una vida mayormente instintiva, muchas veces les resulta imposible, por más ayuda que se les brinde, que se logre a que se reconcilien con ellos mismos.

Los conflictos son en primer lugar lo que más daña a los pacientes, y como no llevan calidad de vida, que es lo mejor que les sucedería para que puedan al menos salir de una u otra forma de esta pesadilla que los va consumiendo día a día, muchos de ellos empeoran por más ayuda que se les pueda brindar fuera de sus hogares.

He podido observar también que pacientes, que han tenido un alto nivel intelectual por lo que expresan, algunos de ellos llegan hasta perder en forma irremediable su intelecto, sólo porque no lograron superar los problemas que los oprimían. Entendemos, entonces, que si el hombre no desarrolla la inteligencia emocional que se necesita para entender la vida sabiamente, aunque tenga una excelente preparación intelectual, poco puede progresar en la vida.

En el nosocomio en el cual sirvo he podido conversar con artistas, poetas, maestros de diferentes universidades, y me ha conmovido mucho ver a estos hombres, que pudiendo haber cultivado sus talentos han ido degenerando día a día, sólo porque no tuvieron el apoyo afectivo que necesitaron en su momento para poner fin a sus inquietudes y tormentos.

Por lo tanto, entendemos que sin amor el mundo no puede avanzar mucho, menos entonces los enfermos mentales que necesitan también mucho afecto para que logren recuperarse, y puedan volver a vivir con la lucidez que merecen tan solo porque son seres humanos, creados a imagen y semejanza de Dios, en el cual se encuentra toda cordura.

Como verán, yo sólo soy una persona que ha podido observar con mucha tristeza, que en el fondo de todas estas situaciones lamentables, lo que más falta es el amor que es el principio de la madurez, porque si las personas no pueden desarrollarse como es debido en un ambiente cálido y tierno, muy poco se puede hacer. Pero como para Dios nada es imposible, un buen día me movió el deseo de darles a estos pacientes al menos algo de mí, de lo que recibí en la vida y de lo que me instruyo en el conocimiento espiritual. Por lo tanto, quisiera compartir algunas de las tantas experiencias que de una u otra forma también han enriquecido mi vida. Y antes de comenzar a relatarles algunas de mis experiencias, quiero manifes¬tarles algo más; que sin Dios yo nada hubiese podido hacer, ya que estoy muy consciente que soy sencillamente un instrumento de Él. Por lo tanto, agradezco a Dios infinitamente, que sea yo sólo una de las muchas personas que Él escoge en sus inconmensurables misiones, para ayudar a otros seres a que puedan aligerar sus caminos, quitándoles las cargas inútiles que llevan como tormentos por medio del amor incondicional y fraterno.

Un buen día, encontrándome en el hospital con mis compañeras voluntarias, las cuales hacen la misma labor que yo, me alisté para comenzar mi tarea asignada, dirigiéndome a uno de los pabellones en el cuál se encuentran los enfermos crónicos. Cuando llegué, las enfermeras me dijeron:
Señora Luisa, ni se imagina lo que ha hecho la paciente Hilda, pues ha estrellado la mesa contra el televisor de tal manera que lo ha destruido, en este momento ella se encuentra en el patio de adentro amarrada con una correa y tenemos la orden de llevarla al consultorio médico dentro de unos momentos. No sé cómo vamos a hacer pues se encuentra muy furiosa, a ver si usted la calma porque hemos visto que a usted la obedece. ¿Cree que se la podemos traer? Por supuesto, les dije, tráiganmela nomás.

Entonces, se dispusieron a desatarla; al traerla, cuando Hilda me vio, lo primero que hizo fue correr hacia mis brazos y, buscando cariño, metió su cabeza entre mi pecho, y gritando con mucha alegría, me dijo:
¡Luisa, estás aquí!, repitiéndome una y otra vez la misma frase. Yo, al verla tan emocionada y tan falta de cariño, la estreché fuertemente entre mis brazos y le dije:
Dime, ¿qué es lo que ha sucedido, Hilda, para que te castiguen así?, si sé que tú eres una persona tranquila y que sabes escuchar y obedecer.

Hilda, al escucharme, me quedó mirando con tristeza, seguramente porque empezaba a tomar conciencia de su mal comportamiento, esto hizo que terminara en un llanto inconsolable, pero con el cariño y la comprensión que le di hizo que se calmara. Después le dije:
Hilda, lo importante es que ahora estamos las dos juntas, tú sabes que yo te quiero mucho y creo en ti, sé que puedes obedecer, anda y ve con las enfermeras que te esperan para llevarte al doctor, yo me voy a quedar aquí esperándote para seguir conversando.
Hilda, mirándome ya en una forma más sosegada, sonriéndome me dijo: no te vayas, Luisa, ya vengo.

Las enfermeras, al ver el cambio tan sorprendente de Hilda, antes de partir me dijeron: usted ha conseguido en unos minutos que Hilda la obedezca, será porque ella le debe tener mucho cariño. Y yo les dije: Dios es el que hace todo, y gracias también a Él que tengo paciencia para lograr lo que deseo si es que con esto voy a ayudar a mis semejantes.

Esta es una de las experiencias que quería compartir para que se comprenda que cuando un ser humano se siente valorado y amado, se puede esperar que suceda lo inesperado, por eso siempre hacía lo que las pudiera alentar y consolar.

En otra oportunidad me dispuse a festejarles sus cumpleaños y pensé que fuera el último día de cada mes, ese día me presentaba con una torta y pequeños pero significativos regalitos, poniendo mucho entusiasmo para que las pudiera motivar, había hecho una lista con sus respectivos nombres para no olvidarme de ninguna de ellas, en eso tomaba yo mucha importancia ya que sabía que mi olvido las podía lastimar pues son altamente sensibles, y como lamentablemente llevan mucho resentimiento encerrado en su corazón, sus apreciaciones son muy duras y casi siempre erróneas, aparte son muy incrédulas, así nomás no creen en nadie y por lo mismo que son así las voluntarias nos tenemos que cuidar de todo, ya que podrían descalificarnos si es que sienten que les fallamos, en esto nosotras tomamos mucha importancia. Y compren¬diendo con gran afecto la triste situación de los pacientes esto hacía que también ellos se abran conmigo, contándome con sus propios labios todo lo que les había sucedido desde su infancia.

Otro día, encontrándome en el patio principal conjuntamente con todas mis compañeras voluntarias, las cuales también hacen con mucho amor sus tareas asignadas, nos dispusimos a festejar con todos los pacientes, tanto hombres como mujeres, las Fiestas Patrias, y antes que empezara el festejo le dije a uno de los pacientes si me podía conseguir una silla, ya que me encontraba muy cansada para seguir de pie por lo que yo padezco hace algún tiempo de una enfermedad muscular. Él, sin pensarlo dos veces, fue a conseguírmela, pero como agarró la silla de donde no debió hacerlo, uno de los enfermeros lo gritó pensando que estaría haciendo una travesura, pero cuando se dio cuenta que me la traía a mí no dijo nada, y sólo me quedó mirando de una forma asombrada, ya que los pacientes así nomás no se brindan a ayudar a nadie, pero como yo los valoraba eso hacía que Dios ingresara a ellos y me trataran también con cariño.

Y con el afecto incondicional que les brindaba, fui comprendiendo muchas cosas que me fueron capacitando para que pueda comprender en forma más profunda, que no existe mejor remedio que el amor si se desea salir adelante en todo aspecto de la vida, ya que con éste también maduramos emocionalmente para que podamos después salir a navegar por el mar de la vida, sin estrellarnos con las olas de nuestras propias debilidades.

En otra oportunidad, me enfermé justamente por el problema muscular que adolezco, esto hizo que me retirara con mucha pena del voluntariado cerca de un mes. Entonces, les enviaba notas a los pacientes a través de otra voluntaria amiga explicándoles el por qué de mi ausencia. No se imaginan lo que sucedió, algunos de ellos, los que podían escribir con sus manitos temblorosas, también me remitían sus mensajes como podían, expresándome con mucho cariño lo que sentían por mí. Esto hacía que me siga dando cuenta, que el amor es lo más importante en la vida si queremos subsanar toda clase de inconvenientes.

Otra de las cosas que también hacía y hago actualmente, es que los invito a participar contándoles la vida de algunos Santos o leyéndoles algún libro espiritual, para que de alguna forma puedan reflexionar diferente. A veces lo lograba, pero no siempre, ya que como adolecen de falta de concentración asimilan muy poco pero algo les quedaba, porque cuando regresaba a la semana siguiente, algunos de ellos me pedían que les vuelva a contar o leer lo que había hecho la semana anterior.

Les voy a contar otra penosa historia de una paciente llamada Margarita, a la cual yo le daba también mucho cariño. Después que se fue recuperando con el afecto que le iba demos¬trando, no sólo interesándome por ella sino también por su familia, en el sentido que les hacía llegar los mensajes de Margarita de diferentes maneras para que no se preocuparan en demasía, esta acción ella la fue tomando muy en cuenta, y como cada vez se sentía más apoyada por lo que me preocupaba por su estado, ella también llegó a quererme mucho, el final fue que logró recuperarse en gran parte. Me contó que antes de enfermar estudiaba en la universidad la carrera de pedagogía llegando hasta el tercer ciclo, pero como hubo muchos conflictos que la agobiaron también en su hogar, los cuales fueron más que nada económicos, no pudo concluir sus estudios, aparte fue víctima de una violación que sufrió cuando estuvo ya enferma, y esto fue lo que la marcó más en la vida, como es el penoso caso de muchos pacientes que siendo igualmente víctimas de estos ultrajes, marcan también de una forma muy grave su existencia. Actualmente, ella me visita y conversa de una forma bastante cuerda conmigo, se ha convertido en una persona muy espiritual y servicial; es más, a veces me ayuda acompañándome en mi labor como voluntaria.

Como comprenderán, el hecho de haber sido voluntaria por tantos años en un hospital psiquiátrico, también me ha capacitado para entender que no existe nada que humanice más, que compenetrarse con el dolor de los que padecen por diversas razones.

Entendemos, entonces, que estas situaciones dolorosas son una de las tantas causas que más nos acercan a Dios y es lo que da también un verdadero sentido a nuestra existencia.

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