El futuro de los jóvenes

El futuro de los jóvenes. Liana Castello, escritora argentina. Reflexión sobre los jóvenes y su futuro.

Se habla mucho sobre el futuro de los niños y jóvenes, se especula, se supone y se teme más aún diría. El futuro no es más que la consecuencia de un presente. Si hoy nos ocupamos de algo, o de alguien y procuramos encaminarlo y darle lo mejor, el día de mañana no habrá de qué preocuparse.

No hay nada mágico en el futuro. Más allá de las sorpresas que la vida tenga para nosotros y que no están a nuestro alcance siquiera imaginar, hay una gran parte de ese futuro que se construye en el presente. Este es el caso de los jóvenes, de nuestros hijos. Muchas veces nos preguntamos qué será de su futuro, cual si olvidáramos que hoy está en nuestras manos hacer algo para que sus vidas luego sean buenas, dignas.

¿Por qué habríamos que temer si hacemos las cosas bien? Se supone que si hemos educado a nuestros hijos con respeto y cariño, dentro de valores éticos y molares (más allá de la religión que cada uno profese o sin ella), no habría mucho de qué preocuparse. Sin embargo, a la luz de la realidad, hay algo que está fallando hoy y por ende es probable que mañana también.

Estamos ya diría “desgraciadamente acostumbrados” a leer en los diarios noticias sobre jóvenes que pierden la vida conduciendo un auto, no sólo en condiciones en que no deberían hacerlo, sino además sin la edad adecuada para hacerlo. Este verano, las playas de nuestra costa han estado plagadas de chicos borrachos y también ha habido muertes que lamentar.

Hemos visto en los noticieros cómo alumnos de secundario humillan a sus profesores y luego hacer alarde de su falta de respeto hacia el adulto y la autoridad. Por supuesto que lo antes mencionado no atañe a todos los jóvenes, ni a todos los padres, pero lamentablemente a más de los que uno quisiera. Nos enfrentamos a un gran problema de límites.

Parecería que hay una dificultad importante a la hora de decir que no al auto, a una salida, a faltar al colegio, a aceptar la responsabilidad de no haber estudiado, etc. Como a los padres nos cuesta poner límites y todo lo tratamos de consensuar, cuando, por ejemplo, la escuela impone un límite o sanciona, la mayoría ve esta actitud como poco democrática o autoritaria.

Y no es así. Alguien –tanto en la casa, como en la escuela- tiene que tener la autoridad suficiente como para decir como deben ser las cosas. A la escuela le cuesta hacer su tarea en este sentido porque más de una vez, luego de una sanción son ellos los “castigados”. No se da en todos los casos pero sí en muchos, cuando un maestro aplica una medida, más de un padre lo cuestiona.

Debemos ser los padres primero, quienes enseñemos a los chicos a respetar la autoridad, la nuestra y la que ejerce el colegio o el maestro. Si nosotros cuestionamos eso, ellos no van a respetarlos nunca. Tomo el ejemplo de la escolaridad, como podría ser otra cosa, pero ya que hemos venido tratando el tema de la educación, creo pertinente que nos detengamos en este aspecto de la vida de nuestro hijo.

Si pensamos en la escuela como institución, imagino cuánto le debe costar, sobre todo a nivel secundario “bajar línea”, poner límites. En la familia de hoy, hay una dificultad para decir NO. Todo se cuestiona y se conversa. Si bien no está mal, muy por el contrario, los hijos deben entender que hay cuestiones o cosas que no tienen posibilidad de dirimirse, que son de una determinada manera.

Somos los papás quienes debemos velar por su bienestar y a veces esto implica un no, un permiso no concedido. Como a los padres nos cuesta poner limites, todo lo tratamos de consensuar, lo que atañe a la escuela también. Daría la impresión que hay miedo a disentir. No es una buena enseñanza.

Los chicos deben aprender que no todo se puede, no todo se debe, que hay límites para las cosas y con la gente, que la autoridad debe ser respetada, la nuestra y la de los otros también. La idea del límite o sanción, tiene como función, además de aleccionar, proteger. No se puede vivir, aprender, funcionar, sin límites, sin saber hasta donde si o hasta donde no. Los chicos piden límites de una u otra manera, y hay que, no solo poder ponerlos nosotros sino permitir que otros (por ejemplo el colegio), los pongan.

A la crisis económica que tanto preocupa a todo el mundo, yo agregaría la crisis axiológica (crisis de valores). Creo que los valores están “más en baja que las acciones”. Los padres debemos mostrar los valores que son dignos de seguir. Volviendo al tema de la educacion, si hemos sido coherentes con el colegio que elegimos, se supone que éste nos acompañará en esa tarea. Si cuestionamos por demás a la escuela, quizá nuestra decisión no fue la correcta.

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La educacion de un niño y de un joven es global, nosotros somos los quienes tenemos la mayor responsabilidad, pero no estamos solos en esta tarea. El colegio acompaña, pero para poder hacer, debe contar con nuestro apoyo y respeto también. Insisto, más allá de lo que la vida les depare a nuestros hijos, más allá de aquello que nadie puede prever, si hoy nos ocupamos con amor y autoridad, mañana seguramente no habrá de qué preocuparse.

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