Calzados para el alma

pies descalzos

La vida nos lleva por diferente tipo de caminos, algunos más bellos y fáciles de transitar y otros no tanto.

Muchas veces –algunos dirían “siempre”- uno puede elegir el camino a tomar, pero muchas otras no.

Sea cual fuere el caso, lo cierto es que mientras vivimos “caminamos”.

Con mayor o menor dificultad transitamos el camino de la vida, vemos distintos paisajes, pisamos diferentes terrenos. Nos mojamos con la lluvia de la tristeza y nos abrigamos con el calor del amor.

Sentimos el frío de la indiferencia, las heladas del dolor y la brisa suave que brinda la paz interior.

Tropezamos más de una vez con distintos tipos de piedras, nos caemos y también nos levantamos.

Algunas veces somos tan felices que pareciera que nuestros pies no tocasen la tierra y otras se nos hace tan difícil todo que parecemos soldados que se arrastran por un terreno peligroso.

Preparar el alma o acomodarla al terreno o a la situación que nos toca transitar nos facilitaría el camino. No siempre se puede andar con el mismo calzado, porque no siempre nos será cómodo o nos ayudará a caminar. Si nos empecinamos en no cambiar nuestro modo de andar, difícilmente avanzaremos.

Si la vida se viste de fiesta ¿no sería hermoso ponernos zapatos de taco alto o incluso una zapatilla de baile para disfrutar de esa felicidad? Si estamos en paz con nosotros mismos, podríamos ponernos unas lindas pantuflas y disfrutar de esa tranquilidad tan difícil de alcanzar.

Si pasamos por épocas tormentosas, sin duda sería bueno calzar unas lindas botas de lluvia que nos ayudasen a transitar la vida en esos días. Y si nuestra realidad se presenta cálida y soleada como un día de playa, unas frescas sandalias ayudarían a disfrutar mejor de esa inmensa alegría.

La vida es un permanente cambio, nos presenta distintos climas y terrenos y es bueno aceptar lo que nos toca transitar. Eso no significa que tengamos que resignarnos a caminar en el lodo, a empantanarnos en los problemas y las tristezas o creer que la vida siempre nos dará el más brillante de los soles.

Acomodarse, saber qué terreno estamos pisando y por sobre todo disponernos a transitarlo de la mejor manera es la clave para caminar mejor en este gran camino de la vida.

Tal vez para algunos lo mejor sea estar descalzos y sentir en carne viva lo que el terreno y el clima ofrezcan.

Cada alma es distinta como lo es cada ser. Lo esencial es escuchar a nuestro corazón, prestarle atención al alma y ver qué calzado nos está pidiendo para transitar el camino, para crecer. Para aprender de las lluvias y los vientos, del sol y de la brisa, de las piedras y las flores con las que nos topemos.

Sin dudas, el corazón nos habla, sólo es cuestión de escucharlo y saber qué necesita para seguir caminando de la mejor manera posible en este hermoso camino que se llama vida.

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Fin

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