Conversando con mamá

Reflexiones sobre el día de la madre

Reflexiones sobre el día de la madre. Conversando con mamá.

¿Sabes algo? Hoy tengo ganas de hablar contigo, y no es porque otros días no las tenga, es que no se, de pronto sentí esa necesidad de dejar de lado la tristeza y sentarme en este banco imaginario en forma de papel. Es que bien sabes que no dispongo de otra manera de comunicarme contigo, aunque muchas veces puedo verte paseando por el cielo cuando algunas nubes me visitan.

Te apresuraste a marcharte hace ya un tiempo, y como solías hacer, no lo consultaste con nadie, y menos conmigo, según tus palabras, el rebelde de la familia.

Pero nada he de reprocharte, al contrario, el camino de mi vida que tú me marcaste, fue suficiente enseñanza, la cual siempre agradezco…tenía ganas que recordemos juntos algunas cosas ¿Te… parece bien? ¿No estás ocupada como siempre lo estabas?

Porque si mal no recuerdo, no había instantes en que tu cuerpo no estuviera en movimiento. No había minutos vacíos en tu día. Por eso, ahora que seguramente tienes ese tiempo, ahora que tal vez te sobren esos instantes, ahora que puedes contemplar tu obra, ahora…quiero contigo recordar momentos. Aquellos que asomen en mi mente, o a través de los sueños, le diré a mi mano que los escriba con letra grande, así puedes leerlos. Imagino que tus ojos seguirán siendo hermosos, pero estarán más cansados y gastados, el tiempo nos pasa y nos pesa. Al tiempo no le importa dónde estés, siempre te encuentra,…y recuerdo esos ojos porque no solo eran bellos si no que transmitían ciertas cosas.

Si mamá, cuando me detenía en ellos, inmediatamente sabía lo que querías. Se convertían en voceros de tu corazón, otro de tus atributos, como va a existir una madre sin él, y el tuyo era particularmente grande.

En él cabían miles de travesuras y de errores ajenos, pero no sé de qué manera el los convertía en hermosas palabras.

Pero…espera un poco, mi mente me entrega otra imagen, ¡Sí claro!

¿Cómo olvidar ese regalo que te hice en la escuela, acaso no te acuerdas?,

Fue una hermosa botella de vidrio forrada con vela derretida y que según decía Gladys, la maestra, era un velador, aunque nunca logré que funcione, tú lo recibiste igual, hasta me besaste por eso. Lo pusiste sobre una mesita y allí quedó por años, tal vez para recordarte cómo había arruinado el único guardapolvo haciéndolo, y aquí debo confesarte que también en tres de mis dedos quedaron las huellas.

¡Huy! ahora recuerdo, perdón mama por esos vueltos nunca entregados, es que el vicio por el alfajor siempre me pudo hasta hoy día.

¿Te estoy aburriendo? ¿Puedo continuar?…bueno está bien, solo preguntaba. Sigo entonces compartiendo estos recuerdos como si de pronto hubiera encontrado la llave de aquel baúl marrón desgastado de viajes y de tiempo…

Aquel día que enfermaste pude ver de cerca a la terrible realidad, aquella palabra a la que todos temen, ese día crecí, ese día pude darme cuenta de lo grande que eras, y de lo pequeño y tonto que fui, de lo mucho que me diste y de lo poco que devolví…

Ese día quise extender mis brazos para poder rodearte con ellos, pero no pude. La realidad había llegado a mi alma.

Por eso, el día que partiste fue un día feliz, si feliz, sabía que por fin tendrías tiempo para tú, ahora podrías hacer lo que quisieras, sin apuro alguno. Ahora podrías conocer el mar y las montañas, podrías tener cientos de jardines repletos de jazmines, tú flor preferida y de la cual me transmitiste por siempre su aroma, podrías cantar lo que quisieras aun desafinando, pues nadie te haría callar…Si, estaba feliz a mi manera porque ese día, cuando te miré a esos ojos, ellos me susurraron tus últimas palabras, las que aún recuerdo, pero en mi corazón las guardo y las reservo, eso quedara por siempre entre tú y yo.

Bueno mamá, hay más recuerdos y muchos más sueños, pero los dejaremos para otro día, no muy lejano, porque los tuyos son infinitos y los míos, los míos están aquí, muy, muy cerquita, por eso te dejo con tus ríos, con tus montañas y tus flores, de estas últimas te pido que me guardes algunas por favor, quiero tenerlas y que juntos compartamos su perfume en nuestro próximo encuentro.

Fin

® 2016-Julio Casati

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