La magia de escuchar un cuento. Los Cuentacuentos

La magia de escuchar un cuento. Los Cuentacuentos

 

Tema de la semana: Los Cuentacuentos.

La magia de escuchar un cuento.


Para el niño, los cuentos son algo muy importante. Desarrollan su imaginación, potencian su capacidad de soñar, los ayudan a conciliar el sueño, los introducen en el rico e infinito mundo de la literatura y también crea vínculos. Por un lado, si el niño lee el cuento comienza a vincularse con la palabra escrita, con el libro, la lectura, pilar fundamental de educación y pensamiento para el futuro. Por otro lado, si escucha el cuento contado por su papá o su mamá, se afianza ese vínculo. Para un hijo es muy importante que nosotros estemos allí, sentaditos a su lado leyéndoles un cuento. Es como el broche de oro de un día en familia.

Como el hecho de contar un cuento es mágico, puede exceder perfectamente las paredes del hogar y por suerte lo hace. Hay muchas personas que, sin varitas mágicas de por medio, nos llevan con su voz por mundos desconocidos y sin tomarnos de la mano, nos hacen viajar hasta donde nuestra imaginación nos lleve. Ellos son los cuenta cuentos.

En pleno siglo XXI, donde la tecnología, los mouses, pantallas y botones nos invaden y se apropian hasta de la infancia, me parece –me animo a decir- un milagro que alguien cuente cuentos, que se dedique a tan hermosa actividad. Que crea en la magia de estar frente a frente y en el medio un mundo nuevo y maravilloso, una historia para descubrir juntos, quien la lee y quien la escucha.

Este es el caso de tres mujeres, entre otras personas, que dedican su vida a contar cuentos. Estas tres “HADAS DEL SIGLO XXI” podríamos decir son: Ana María Cherñak, Alejandra Del Bueno y Alicia Serra.

Ellas muy gentilmente me dieron esta información para que sepamos de qué se trata este maravilloso trabajo:

Contar cuentos es un acto de amor y de generosidad, de intercambio, se expone el “cuentacuentos y el oyente, provocando emociones, recuerdos, inquietudes.
El oficio de Cuentacuentos es muy antiguo, contando saberes del pueblo una y otra vez para recordar quienes somos y de dónde venimos, un arrorró para dormir,  rondas, cuentos tradicionales, himnos de la escuela, dichos, piropos y refranes.
Sin darnos cuenta entramos en el mundo de la oralidad, alguien habla, alguien escucha.
También la literatura de autor forma parte de nuestro mundo cuentero, tomamos una historia, la hacemos propia, la adaptamos a nuestra forma de decir, de pensar, de sentir, de ser y la contamos poniendo en juego toda nuestra voz, sin careta feroz, zapatitos de princesa, bastón o sombrero, solo el cuerpo y la expresividad
En esa comunicación el que escucha nos devuelve su emoción, parecida o no a la nuestra y ¡algo siempre queda!

Para aprender a contar hay diferentes técnicas, a nosotras nos gusta:

– Leer el cuento varias veces.
– Solo contarlo a otro si nos gusta.
– Respetar la esencia que el escritor puso en el texto, la poesía.
– Adaptarlo a la oralidad, al habla cotidiana, hacer creíble la historia por Fantástica que esta sea.
– Emocionarse con las palabras escritas para que al pasar por nuestros sentidos puedan llegar al que las escucha.
– Romper el relato en tantas imágenes como sean necesarias para verla y reproducirla del principio al fin.
– Decir siempre la fuente, el autor, el título del cuento.

La Literatura nos brinda muchos hermosos cuentos que pueden ser escuchados con placer por chicos y grandes.

El tiempo que los papás dediquemos a contar lo que nos pasa, dentro y fuera de casa, las cosas que leímos y nos contaron cuando éramos chicos, también formará parte del tiempo compartido, creativo, útil, ¡un regalo amoroso de palabras! Lo que contamos provoca reacciones diversas en el que escucha, el papá dice ¡hoy me ladró el jefe ni bien llegué! La esposa conoce al jefe y se lo imagina con su traje azul,  la corbata desatada y gritando, el chico podría pensar que el jefe es el Doberman del 5º H, negro y con la boca llena de baba, forma parte de la subjetividad del que escucha.

Siempre que contamos algo tenemos como objetivo principal llegar al otro, no educarlo, lo animamos a leer contándole de otros mundos para que él elija el suyo. La fantasía, la risa, realidades diferentes o el absurdo abren un puente que lo moviliza a escuchar y a leer más, pero por sobre todas las cosas divierte tanto al que cuenta como al que escucha.

Ya saben lo que hacemos y ahora algo sobre nosotras:

Contamos cuentos desde hace muchos años, es nuestro trabajo y lo hacemos con placer, nada mejor que trabajar en lo que a una le gusta ¿no?, vamos a donde nos convoquen, contamos a chicos y grandes, somos provocadoras desde la palabra porque nos gusta romper modelos y prejuicios, animamos a la lectura y el impacto está a la vista, los adultos nos dicen: “me hiciste acordar a mi historia de amor”, “me llevaste a mi infancia”.

Los chicos recuerdan los cuentos que les contamos cuando los volvemos a ver, después de meses y hasta años, un nene de 4 años nos dijo “yo estoy viendo todo lo que me decís” , lo mejor de los chicos son los besos y abrazos cuando nos vuelven a encontrar porque ya dijimos que al contar cuentos damos amor y también lo recibimos.

Pueden saber más de nosotras visitando nuestro blog Cuenta-cuentos.com.ar o escribiéndonos.

Ana María Cherñak [email protected]

Alejandra Del Bueno [email protected]

Alicia Serra [email protected]

Intervenimos en “Primeros años” y otros proyectos educativos contando a chicos, mamás adolescentes y facilitadores de barrios carenciados. Alicia cuenta en inglés en colegios bilingues y en algunas salas médicas de Castelar. Además de nosotras, abuelos cuentacuentos y otros narradores cuentan en hospitales, cárceles de mujeres y hombres; entidades con personas de diferentes discapacidades”.

En la era de las comunicaciones, donde paradójicamente todos nos comunicamos cada día menos, saber que existen personas que cuentas cuentos, sea como un trabajo, como una obra de bien, pero por sobre todas las cosas como una vocación, me sabe a una bocanada de aire fresco.
Nos hemos olvidado que las personas se comunican hablando y en ese hablar también interviene la gestualidad, en el contar un cuento está todo junto y si a esto le añadimos amor y entusiasmo, el resultado no puede ser más que un niño fascinado con una historia.
Nuestros chicos tienen demasiados botones a su alcance, mucho más de los necesarios. Lo que realmente les hace falta es la palabra, el gesto, el dedicarles tiempo. Necesitan saber que para desarrollar su imaginación no tiene porque tener un Mouse cerca, que no hace falta apretar “enter” para entrar en el mundo de la fantasía. Que leer un cuento es hermoso, pero escucharlo de la voz de alguien que lo cuenta con amor es tal vez aún más hermoso.

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Si no les enseñamos a nuestros hijos que no todo se consigue apretando un botón, el resultado será nefasto. Está en nosotros enseñarles que el mundo está conformado de muchas cosas, y que por más adelantos tecnológicos que haya, hay cosas que se mantienen intactas. La magia del cuento y el vínculo que crea entre quien lo cuenta y quien lo escucha es una de ellas.
Es como dicen Ana, Alejandra y Alicia, contar un cuento es un acto de amor. Empecemos por casa y sepamos que podemos llevar esta magia a la escuela de nuestros hijos y a otros ámbitos también.
Es hermoso saber que hay gente que se dedica a transmitir fantasías, a ponerle voces a personajes inventados por alguien quien seguramente ha escrito con mucho amor esa historia, que ayuda a los niños a soñar más allá de lo imaginado. Les repito, hoy siglo XXI, me parece un milagro.
Una vez escuché que si un cuento se cuenta bien, quien lo relata debe “desaparecer” para quien lo escucha, que sólo debe quedar la historia flotando en el aire. Puede ser que así sea. A mi me gusta más pensar que hay alguien allí, contando una bella historia con mucho  entusiasmo para que alguien pase un hermoso momento y entre ellos la magia de la comunicación y del amor.

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