Evolución de la educación argentina 2da. Parte

Evolución de la educación argentina 2da. Parte

En la entrega anterior comentamos que la PRIMERA ETAPA DE LA EDUCACIÓN EN NUESTRO PAÍS, abarca la época del descubrimiento y Conquista de América bajo el dominio de los reyes de España, período en el que se aplicó la llamada pedagogía de la evangelización o de la conversión; ya que de acuerdo al mandato de la reina Isabel, la principal preocupación fue la conversión de los indios y su incorporación a la sociedad cristiana.

El punto de partida de la política educativa fue el codicilo que la reina Isabel agregó a su testamento en 1504, en el que ordenó a sus sucesores convertir a los indios a la fe católica y enseñarlos y dotarlos de buenas costumbres, sin que recibieran agravio alguno en sus personas ni bienes.

En esta época de la conquista y la colonización, el modelo del hombre argentino se identificó con las características propias del caballero español, que se distinguió por su fidelidad a la profesión de fe cristiana y su lealtad inconmovible a la corona. De ahí que el objetivo fuera formar, ante todo, un buen cristiano, obediente de las leyes de Dios y de la Iglesia, y luego un buen súbdito, respetuoso de la monarquía. Pero, como se trataba de formar principalmente a los indígenas, debió elaborarse a tal efecto un modelo inédito, que contemplara las exigencias del mandato de la Corona y las características de la nueva sociedad que se iba forjando en América.

En esta etapa fundacional arribaron al continente americano las ideas pedagógicas predominantes en España, de origen estrictamente medieval. En ese sentido debe tenerse presente la identificación existente entre la Iglesia y el Estado español, por lo cual la educación estuvo casi exclusivamente en manos del clero regular o secular. La mayor influencia fue ejercida por la Compañía de Jesús, a cargo de los jesuitas; que impuso en sus establecimientos el RATIO STUDIORUM (sistema pedagógico en el que predominaban los estudios humanísticos), contenido en un documento que data del año 1586, titulado Plan y Reglamentación (ratio atque institutio).

El ratio definitivo se publicó en 1599 y estuvo en vigencia hasta la supresión de la Compañía en 1773. Fue un método intelectual que rechazaba la memoria como único fundamento del aprendizaje, adecuaba la enseñanza al ritmo de aprendizaje de cada alumno, a punto tal que no se dudaba en pasar a una clase más adelantada, incluso durante el curso, a los alumnos que manifiestamente aventajaban a sus compañeros. Postulaba una pedagogía activa, y a tal efecto, las clases se dividían en dos grupos que competían entre sí, señalándose sus mutuos errores.

Los alumnos aventajados se hacían acreedores a premios que eran entregados con gran solemnidad. El ratio dividía los estudios en cinco cursos: tres de gramática, uno de humanidades y otro de retórica, para que los estudiantes se perfeccionaran en la correcta expresión de sus ideas.

El sistema del ratio studiorum fue el seguido en todas las escuelas que tuvieron los jesuitas en Buenos Aires, Córdoba, Corrientes, Santiago del Estero, La Rioja, Salta, Santa Fe, Tucumán, Catamarca, Mendoza, San Luis y en las sesenta y una reducciones. En estas escuelas que eran las más prestigiosas y concurridas, el ratio studiorum fue el método sólido y racional que predominó en el Río de la Plata durante los siglos XVII y XVIII. LA EDUCACIÓN DE LOS INDÍGENAS por parte de los religiosos, ya sea franciscanos, mercedarios, dominicos, carmelitas, agustinos o jesuitas, tuvo que afrontar grandes peligros y apelar a todos los recursos a su alcance para realizar su tarea evangelizadora e incorporar a los indios a la civilización cristiana.

El primer problema que debieron resolver fue el del idioma. En un principio trataron que los indios hablaran la lengua española, pero bien pronto advirtieron que más efectivo era que ellos aprendieran las lenguas vernáculas. Por ello fue necesario redactar vocabularios y gramáticas, no obstante, para facilitar la enseñanza y el aprendizaje, los primeros catecismos fueron pictográficos. La acción educativa se llevaba a cabo en las encomiendas y en las reducciones, por medio de curas doctrineros; o bien en las misiones, a cargo de religiosos, generalmente franciscanos o jesuitas, que fueron los más numerosos en llegar a América.

La encomienda era un grupo de familias que se encomendaba a un español o encomendero, quien tenía la obligación de proteger a los indios y asegurarles instrucción religiosa y, a cambio, se beneficiaba con el servicio personal de los encomendados. Los indios que no eran repartidos en encomienda fueron reducidos, es decir, obligados a vivir en poblaciones con autonomía administrativa, que se llamaron reducciones, donde también se desempeñaban curas doctrineros. Un conjunto de reducciones constituía un corregimiento, a cargo de un funcionario llamado corregidor, con obligaciones semejantes a las del encomendero.

Las misiones, eran reducciones que estaban bajo la responsabilidad de las órdenes religiosas, entre las cuales, las más importantes fueron las misiones jesuíticas del Guayrá, amplia región que abarcaba lo que hoy es el Paraguay, parte del Brasil y de nuestro país (actuales provincias de Misiones y Corrientes). La primera misión en establecerse fue la de San Ignacio Guazú en 1610, durante el gobierno de Hernandarias en el Río de la Plata.

Los pueblos de las misiones llegaron a ser 61 en la época de mayor esplendor, y reunieron alrededor de 100.000 indios, atendidos por más de un centenar de sacerdotes. Tanto en las encomiendas, como en las reducciones y misiones, se enseñaba la doctrina cristiana y nociones elementales de lectura, escritura y cálculo. Aunque en las misiones, la educación no se agotaba con ello, sino que además los indios eran instruidos, en diversas artes y oficios.

De esta manera aprendieron a tallar imágenes, fabricar retablos (etimología latina: retro tabula altaris: tabla detrás de un altar; es una estructura arquitectónica que decora el altar de una iglesia), púlpitos, confesonarios; construir órganos, interpretar música con varios instrumentos y hasta editar libros en una imprenta construida por ellos mismos con la dirección de los jesuitas Juan Bautista Neumann (alemán) y José Serrano (español).

En cada doctrina hubo bibliotecas, algunas de ellas muy importantes, como la de Candelaria, que contaba con unas 4.000 obras. En las 30 bibliotecas de las doctrinas de guaraníes se han podido contabilizar cerca de 13.000 obras, entre las que se destacaban 49 escritas en lengua guaraní y 17 manuscritos. La enseñanza, aunque selectiva, abarcaba a ambos sexos -por separado-, lo cual marcaba una notable diferencia con lo que ocurría por la misma época en otros lugares del mundo, incluso en Europa. La edad de los educandos iba desde los 7 hasta los 17 años en los varones y los 15 en las mujeres, que era, generalmente la edad en que se casaban.

Por otra parte, los indios aprendieron también a labrar la tierra y a cuidar el ganado, en un sistema de economía mixta, en el que coexistieron la propiedad privada y la propiedad colectiva, aunque el objetivo final era educarlos para valorar la función social de la propiedad privada.

Según el testimonio del padre José Cardiel –incorporado a las misiones en 1730–: “Hay escuelas de leer en su lengua, en español y en latín, y de escribir de letras de mano y de molde; escuela de música, de danzar, de cuenta […]. Estos [indios] de las escuelas son los que, cuando adultos, gobiernan el pueblo”. Aunque no fue en nuestras adyacencias, existieron escuelas para caciques y sus hijos, donde no estaba vedado el ingreso para los indios comunes.

El primero de los establecimientos de esta naturaleza fue el Colegio de Santiago de Tlatelolco o Colegio Imperial de la Santa Cruz, en México, fundado en 1536. En cuanto a la región adyacente al Río de la Plata alcanzó a tener gran prestigio el Colegio de San Francisco de Borja, en el Cuzco, donde en el siglo XVIII se educó el famoso caudillo indígena Túpac Amaru. Un aspecto notable es que en estos colegios se enseñaba latín, que era el instrumento básico para acceder a los estudios superiores e inclusive al sacerdocio.

En el caso del Colegio de Tlatelolco, los indígenas estudiaban gramática latina, retórica, teología, filosofía, música y medicina natural. Las misiones perduraron hasta que los jesuitas fueron expulsados de España y América por: Real Pragmática de 1767, del rey Carlos III. (Época del Papa Clemente XIII)… (der) Por ella se dictaba la expulsión de los jesuitas de todos los dominios de la corona de España, incluyendo los de Ultramar, lo que suponía un número cercano a los 6.000. Al mismo tiempo, se decretaba la incautación del valioso patrimonio que la Compañía de Jesús tenía en estos reinos.

La razón de ser de esta Pragmática hay que buscarla en el poder que estaba acumulando la Compañía de Jesús y el apoyo que prestaba al Papa en sus enfrentamientos con los gobiernos de las naciones europeas. En el ámbito interno, es decir de política interior; se acusaba a los jesuitas y personas cercanas a ellos, de pro-mover insurrecciones a los gobiernos locales.

En septiembre de 1759, aun con la oposición del Papa, el rey José I había decretado su expulsión de Portugal; y en 1764 ya habían sido expulsados de Francia. El Papa Clemente XIV en 1773 con la bula Dominus ac Redemptor determinó la supresión de la Compañía de Jesús, aunque sobrevivió en Rusia y volvió a ser autorizada por el Papa Pío VII en 1813.

En el Río de la Plata el encargado de ejecutar la orden fue el gobernador Francisco de Paula Bucareli, político y militar español designado en 1766 (que además recuperó las islas Malvinas, hasta ese momento en poder de los ingleses). En las misiones la orden de expulsión, se llevó a cabo a partir de mayo de 1768. Consecuencias: se privó de profesores a más de un centenar de colegios; se suprimieron los estudios de teología suarista de las universidades y se produjo la pérdida de importantes científicos y humanistas.

Las reducciones indígenas y las haciendas (o estancias) no lograron mantener el buen desempeño que habían tenido bajo la administración de la Compañía. Queridos seguidores de esta sección, espero les haya interesado esta entrega, en la cual a través de la educación jesuítica podemos advertir las bases de nuestra educación, sus inicios, los dogmas implementados y ya comenzamos a ver a la educación como factor de poder.

En la próxima haremos un repaso de los principales colegios; algunos de ellos, base de las universidades actuales.

Alicia Casati Prof. Ciencias Jurídicas, Políticas y Sociales/1976

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