Ella…

Recuerdo con agrado su dulce sonrisa
y sus palabras tiernas reprendiendo
mis acciones equivocadas

yo era el consentido de su clase
y ella mi maestra preferida.

Yo la recordaba
y la ponía siempre como buen ejemplo
yo la imitaba
en cada uno de mis actos
y hasta puedo decir con seguridad
que le aprendí más que a mi madre.

Recuerdo en especial un día…
Ese día que aún llevo grabado en mi mente
el día de la graduación, de la primaria
el día en que dolorosamente dejamos la escuela
y emprendemos el difícil y complejo del colegio.

Ese día, mientras nuestros padres
alegres festejaban nuestros logros
mi corazón caía por pedacitos…
Mi maestra adorada

aquella que yo sentía tan familiar
que de cuando en cuando confundido
por tanta cercanía le decía mamá,
tía, abuela, y en ratos hasta papá…

A ella igual le sonaba porque me atendía
con el mismo cariño, que cuando le llamaba profe…
Aunque confieso me gustaba hacerme el equivocado
solo para decirle ” mamá”

por que eso era lo que era para mí
y para todo esa puñado de alumnos
que Dios le dio por cinco cortos años
y que ella guió con paciencia, día tras día.

Ella… Mi maestra, mi madrecita
ahora teníamos que separarnos
y eso me dolía…tanto era el dolor de la partida
de rompí en sentidas y conmovedoras lágrimas
y eso que era un hombrecito… De esos bien machitos
que aprendieron de su taita “que los hombres no lloran”

Otros tantos lloraban también
pero ninguna lágrima era tan amarga como la mía
ahora quien me cantaría en cada cumpleaños
quien con su cariño me hacía sentir grande.

Me pregunté si no podía devolver el tiempo
y tener tan solo seis años
para cursar el primerito que con seguridad tendría…
Levanté la cara buscándole…

Allí estaba ella…sonriente como siempre
entre la multitud, pero al igual que yo, estaba triste
entonces como si mi mirada tuviera un imán, me miró
y con una señal de manos me invitó a acercarme,
solo recuerdo sus brazos, rodeándome…

Y la calidez de sus palabras, buscando consolarme
y diciéndome, no es el fin del mundo…Juanito…
Yo voy a estar siempre aquí para ti
cuando requieras de una amiga que te escuche
allí estaré, si es una madre la que requieras
estaré también, para aconsejarte.

Y estaré pendiente de tus logros para exaltarte
y de tus tropiezos para animarte…
Seca ya esas lágrimas… Porque me entristeces
no es un adiós, es solo un escalón más de tu vida
estas creciendo, eso es evidente, y yo tu maestra
estoy orgullosa de quien eres y de quien serás.

Todo acabó, vino la marcha final
y aunque muchas veces compartí con ella
mis éxitos, dificultades, progresos
sé que su cariño que aún es mío
ahora lo comparte con otros chicos
que como yo un día…
Le amarán tanto como a una madre.

Fin

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