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Consejos para escribir un cuento infantil y publicar

Consejos para escribir un cuento infantil y publicar.

Muchas personas sueñan con convertirse en escritores, y los cuentos infantiles son un buen rubro para comenzar. Además, el género infantil es realmente apasionante y resulta que muchos encuentran una verdadera pasión al escribir para los lectores más pequeños. Pero comenzar no siempre es fácil, por eso es buena idea tener presentes algunos consejos para escribir un cuento infantil.

Un buen escritor es – ante todo – un buen lector. Leer mucho ayuda a despertar la inspiración, a entender cómo otros autores desarrollan sus personajes e historias, y a pensar qué temas pueden resultar interesantes para abordar.

Además, los cuentos han sido desde siempre una forma de ayudar a que los niños se relacionen con diferentes cosas de la vida, son una manera de educarlos, así que es bueno tener en cuenta este detalle para plantear la historia: valores a transmitir, situaciones que a los niños les cuesta comprender, o cosas que les ocurren habitualmente a todos los niños, son un buen material para comenzar a desarrollar historias infantiles. De todas formas, no conviene caer en un excesivo adoctrinamiento a la hora de pensar en el cuento, sino que más bien tiene que ser como una segunda lectura o una conclusión que surja luego de leer la historia.

No hay que olvidar que el cuento debe tener una clara estructura narrativa: principio, nudo y desenlace. En el comienzo, se introduce la historias y los personajes al lector. En la parte central se desarrolla el conflicto o la situación clave de la historia. El desenlace, da respuesta a lo sucedido, y cierra la historia.

Es importante centrarse en esa estructura sin irse demasiado por las ramas con detalles que no hacen a la historia y se presten a confusión. Los niños no deben ser subestimados. Una cosa es hacer literatura infantil y otra muy diferente es caer en el infantilismo. No se los debe tratar como personas limitadas que no comprenden nada. Es sorprendente lo que pueden comprender los niños. Una cosa es adaptar el relato a la manera simple que ellos tienen de entender el mundo, y otra es escribir sin profundidad, haciendo poco interesante la lectura del cuento.

Si el tema no surge, una buena manera de comenzar es pensar en los descubrimientos.

Para los niños, todo es nuevo, y hay una primera vez para todo. Como todo lo desconocido, suelen surgir muchos temores y fantasías al respecto. Por eso, los cuentos tienen la maravillosa capacidad de ayudarlos a comprender estas cuestiones.

Otra forma de que surja un nuevo tema, es dejar que aparezca espontáneamente. Por ello, es buena idea dejar registro de sueños, ideas que surjan mientras se va por la calle, o en cualquier momento. En la actualidad, la mayoría de las personas tiene un teléfono que puede grabar notas de voz o que tenga block de notas para escribir alguna idea.

Las historias deben descansar. Esto quiere decir que a medida que se escribe, conviene dejar pasar cierto tiempo – uno o dos días – para releer lo realizado. Eso hace que se tenga perspectiva de la historia, ayuda a corregir y a reencauzar el cuento todo lo que haga falta.

No hay que temer borrar. Si algo no gusta, no está mal borrar y comenzar de nuevo todo lo que haga falta. Después de todo, la escritura de cuentos debe ser abordada con pasión y gusto, y es así como se desarrolla mejor.

No está mal permitir que otros opinen, pero esos otros deben tener cierta capacidad de realizar críticas constructivas. Si se pregunta la opinión a muchas personas, pueden resultar muy confusas las respuestas.

Un buen comienzo es tener una historia esquematizada, luego pensar los personajes, que deben ser ricos. No se debe escatimar en detallarlos, aunque luego no aparezcan en el cuento todos esos matices, pero ayuda mucho a desarrollar la historia. Las acciones y los diálogos pueden ser la manera de ver todos esos detalles sin caer en largas descripciones. Es bueno recordar que los niños pierden el interés más rápido aún que los adultos, y por ello no conviene irse por las ramas.

Por último, al cuento no debe faltarle fantasía, magia, ilusión. Los niños son verdaderos especialistas en esto, y es lo que le dará color y vida a la historia.

 

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