¡La maestra grita, no habla!

“¡La maestra grita, no me habla!”. Lic. Susana Passano. Psicopedagoga-Psicoanalista (especialista en atención niños y adolescentes. Orientación a padres e instituciones educativas).

Esta es la frase que usa Joaquín para hablar de su maestra en una sesión de tratamiento psicopedagógico. Refiere además que cuando la maestra le grita le dice que es vago, que no trabaja, que va a repetir.

Esta expresión de Joaquín ligada en mi pensamiento a infinidad de situaciones escolares vividas por mí como profesional trabajando en escuelas, ya sean de nivel primario o secundario, me llevó a pensar que es frecuente observar que algunos maestros o profesores griten. Es más frecuente que empleen el grito cuando se dirigen a sus alumnos, los maestros que los profesores, a veces, esto ocurre a determinados alumnos, en algunas situaciones, muy de vez en cuando o nunca, ya que algunos maestros hablan en tono, digamos “normal”. Y avanzando en esta reflexión pienso en el sentido del grito. ¿Qué es el grito? Para ello el diccionario nos puede ayudar.

En principio podemos decir que es un modo de elevar el tono de la voz, o bien un tono intenso en la voz. Levantar mucho la voz dando sonidos penetrantes para regañar a alguien con enojo, por un mal comportamiento o vociferar en público en forma de protesta y disgusto.

Podemos agregar que el grito surge en la relación con los alumnos cuando la palabra dicha en tono habitual sin esfuerzo, no llega al otro. Ahora bien, si no llega es porque el otro la detiene antes de su ingreso o bien porque la emisión de esa palabra no fue lo suficientemente efectiva como para ser recibida por el otro? Es decir, el alumno no quiere recibirla o bien el maestro no la emitió adecuadamente.

Ya sea por una cuestión o por otra, lo que podemos pensar es que algo en la relación humana, afectiva, emocional, algo en esa relación maestro alumno, por lo menos en el momento en que el maestro se ve obligado a gritar, algo está andando mal. Algo pasa entre ellos en ese momento, o desde tiempo atrás, algo pasó en ese vínculo que obliga al maestro a gritar para hacerse oír o para lograr que sus alumnos realicen alguna tarea o rectifiquen un comportamiento.

Las palabras llevan cargas emocionales, sentimientos, amores, odios, indiferencia, paciencia, reconocimiento, en fin, las palabras portan el contenido del vínculo. En un vínculo amoroso entre maestros y alumnos fluyen palabras que portan cordialidad, respeto, espera, contención y cuando el vínculo no es amoroso entonces aparecen las palabras o los gritos que dicen sobre la indiferencia, sobre los prejuicios del docente “¡ustedes así van a ser unos pobres sirvientes, tienen que estudiar!”, sobre juicios injustos “Sos un vago, no trabajas nunca en clase”.

Por lo tanto, más allá del grito, lo que nos interesa es el contenido emocional de las palabras, dichas en tono de grito o dichas en tono normal, y el contenido emocional del vínculo creado entre maestros- alumnos y alumnos-alumnos. En ocasiones puede emitirse un grito a un alumno para alertarlo sobre un peligro, por ejemplo, en el patio durante un recreo un maestro grita “¡cuidado, se van a golpear corriendo así!” .

En ocasiones, se puede gritar para alentar en una competencia deportiva entre escuelas. Ya vemos que no siempre gritar está mal, ni es malo en sí mismo el grito, ni produce siempre efectos dañinos en los otros. Por último, lo que tenemos que pensar es qué efectos pueden llegar a producir en los otros las palabras que emitimos, y con qué intenciones son dichas. Y retomando lo expresado en el comienzo de este texto, podemos pensar que lo que Joaquín plantea es que algo de la relación con su maestra está mostrando algunas fisuras quizá por la imposibilidad de ésta para llegar al niño y lograr convencerlo que trabaje o quizá porque Joaquín aún no logró advertir que ese trabajo propuesto por la maestra es bueno para él.

 

Susana Passano

Psicopedagoga-Psicoanalista Especialista en atención niños y adolescentes.

Orientación a padres e instituciones educativas.

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