¿Cómo armar un espacio ideal para el juego?

padres y niños jugando

Tener un buen espacio para jugar puede ser fantástico, pero para que sea ideal debe haber un adulto con la mirada atenta y la predisposición necesaria para estimular el momento lúdico.

El juego nunca va a depender de los objetos o el lugar, sí de los mayores que habiliten las acciones. Los niños necesitan sentir esa presencia protectora, y eso no lo dan los ambientes o las cosas.

Es importante esta aclaración, porque si no se podría caer en la creencia de que aquellos que viven en un departamento de uno o dos ambientes tienen una mala calidad de juego, y eso no es así para nada. Se puede tener toda la tecnología disponible y estar solo. En el juego el placer es primordial y éste se da cuando el pequeño se siente sostenido.

Yendo a lo concreto, claro está que el espacio destinado al juego dependerá de si es un departamento o una casa con un espacio exclusivo para el entretenimiento. También irá mutando a medida que los niños crezcan. Hasta los 5 años el piso es el elemento por excelencia, por eso se pueden armar planchas blandas (acolchonadas, con colchoneta o goma eva), vigilar que no haya enchufes a la altura que los pequeños llegan o que estén seguros, también evitar muebles con bordes filosos y que los objetos que estén a la mano no sean peligrosos. Un espacio amigable es aquel que, por sobre todas las cosas, es seguro para los chicos.

Otro aspecto indispensable es la higiene del lugar. También hay que tener en cuenta que ciertos objetos cotidianos pueden ser útiles para el juego, como una mesa que se puede transformar en cueva, casa y más. Estas cosas se modifican de acuerdo a las necesidades de lo que se esté generando en el jugar. Esto es importante pues no siempre hay que tener determinado juguete para disfrutar, sino todo lo contrario, hay creatividad y placer en darle nueva vida a las cosas de todos los días. Incluso, los elementos de cocina también pueden ser baterías, micrófonos y más.

Obviamente que contar con un playroom exclusivo para jugar puede ser fantástico, pero hay que tener en cuenta todo lo antes expuesto.

Luego, a medida que los chicos crecen van modificando sus necesidades y por ende esto influye sobre el espacio. Es deber de los adultos estar atentos a esas demandas, pues son experiencias significativas que los chicos van exigiendo y proponiendo.

Cuando el espacio es pequeño, hay que adecuarse y es posible. Por ejemplo, un adolescente puede tener un tiro al blanco con bolsitas de arena con velcro para así no romper una ventana. Del mismo modo, hay pelotas blandas para jugar al fútbol en el living y para los bebés se pueden armar gimnasios simplemente poniendo un palo apoyado en dos sillas y de él colgar distintos objetos (es vital que éstos no se desprendan).

Un espacio amigable para jugar es el que cuenta con la mirada adulta y en el que la creatividad está permitida.

Damián Calvo, presidente de Lekotek (www.lekotek.org.ar)

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