Ciudad perdida

Dulce susurrar de campanas

que a mi oído llenaba de contento.

Camiones, choches, motos y pregoneros,
que ofenden el oído provinciano.

Ciudad que fue parida,
donde la etnia halló la planta deificada.

Ofendido pueblo Matlazinca,
donde el hispano violador construyó una villa.

Villa que tarde llegó a la ciudad,
al soberano Márquez del Valle ofendía.

Tolotzin ciudad criolla,
católica, apostólica y romana.

Pueblo mío de calles dos,
que me llevan al sol que muere.

Ciudad perdida y pródiga,
que muere con el tiempo del quinto sol.

Último sol del tiempo azteca,
agonía de la bella contaminada.

Frío, aire, lluvia de la estación,
que vivirá. La otra morirá.

Siete décadas que los del supremo
poder terrenal están. Morirán igual.

Viento de la ciudad invernal que se llevó
Toluca la bella. Sólo su fantasma quedó.

Colón, Alameda, Reforma verde relajante,
que el hombre blanco robó.

Ciudad sin parques, de paseo desierta,
fue la nueva bella que encontré.

Perdidos, muertos o destruidos
los paseos portaleros y las dominicales tardes.

Intenté encontrar y rehacer el tiempo perdido,
pero sólo vi la ciudad. La hija pródiga.

Se fue con mi tiempo,
imposible recobrar el recuerdo.

Sólo quedan las campanas de los templos,
Me traen el recuerdo perdido.

Ciudad que murió por su propio cáncer,
cuatro décadas tu destrucción duró.

Ellos, los malos y los nuevos, se pusieron
destruirte y lo lograron.

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Fin

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