Los robots de escritura ¿el futuro de la literatura?

Los robots de escritura ¿el futuro de la literatura?

Los robots de escritura

Los robots de escritura ¿el futuro de la literatura? Noticias de tecnología.

 

La literatura es un arte, sin lugar a dudas. Si existe un área de la actividad humana en la que la tecnología no puede igualar al hombre, es precisamente en las expresiones artísticas. O quizá sólo hasta ahora. Porque de hecho, ya existen softwares que escriben poesía si tan sólo les sugerimos algunos parámetros o palabras.

El origen de estos avances data de 2011, año en que expertos en inteligencia artificial y lingüistas trabajan desde 2011 en Google Brain, una red neuronal que procura imitar el funcionamiento de la mente humana. Con el afán de darle “calidez humana” cargaron al sistema una gran cantidad de novelas románticas y poemas. A partir de allí, intentaron que el programa escriba poemas: los resultados son gramaticalmente coherentes y con un estilo nada despreciable, por ejemplo: “No hay nadie más en el mundo/ No hay nadie más a la vista/ Sólo hubo algunos que importan/ Sólo quedan algunos/ Él tenía que estar conmigo/ Ella tenía que estar con él/ Tuve que hacerlo/ Quise matarlo/ Comencé a llorar/ Me volví hacia él.”

Así, quizá en algunas décadas las grandes plumas de la literatura no sean otros que hábiles usuarios de este tipo de softwares, que logren piezas de calidad aplicando estas funciones.

Otra iniciativa similar se desarrolla en el Instituto de Tecnología del Conocimiento de la Universidad Complutense de Madrid, donde su director Pablo Gervás trabaja hace más de 15 años en WASP (siglas de “poeta ilusionado automático español”), que escribe por su cuenta según parámetros ingresados en el sistema. En este instituto madrileño se busca hallar qué partes de los procesos de composición poética pueden ser modelados desde una computadora. En cuanto a quienes sientan que se está profanando un arte con este tipo de avances científicos, Gervás responde que “a nadie le preocupa el vacío humano que pueda tener una calculadora que simplemente modela la capacidad humana de realizar operaciones aritméticas”.

FIGURES8 es la iniciativa de la programadora y matemática Sarah Harmon. “Quería saber si un ordenador es capaz de escribir de un modo que sea hermoso, sorprendente y también significativo”, explica. “FIGURE8 busca en su memoria para generar analogías y también puede buscar en la Web para aprender sobre conocimientos culturales pertinentes y cómo otros escriben.”, agrega.

Roberto Cruz, gerente general de Cognitiva para Argentina, Paraguay y Uruguay, quien trabaja en investigación y desarrollo de Watson, el sistema de inteligencia artificial de IBM, opina sobre este controvertido tema. “La creatividad y la emoción no son características que tenga la tecnología, por lo tanto estaríamos confundiendo su lugar si pensamos que nos pueden reemplazar en el tipo de inteligencia y sensibilidad necesarias para la creación artística. No es el sentido de esta tecnología hacerse pasar por una persona”, afirma.

¿Qué dicen los exponentes de la literatura? La poeta Diana Bellesi señaló que tiene imágenes y rupturas preciosas, pero que el conjunto no apunta a nada. “Hace uso de muchas de las operatorias de un poeta, pero el poeta no está y esto ofrece un vacío, no el alma humana que de pronto todo lo llena. Y llamemos alma a lo que hemos nombrado por milenios, o llamemos así a ese misterio que se produce en la interrelación de las partes de la materia orgánica, no importa. Pero sabemos de ese misterio día a día que nos hace decir cosas que no sabemos.”

Ángela Pradelli, otra notable escritora, aportó: “creo que se escribe por una necesidad, ¿la sentirán las máquinas algún día?”.

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La creatividad, por ahora, sólo puede ser humana. Un Neruda, un García Lorca, un Benedetti improbablemente surjan de un software por muy sofisticado que sea. Pero el camino de la teconología en la composición literaria ya se ha comenzado a desandar. “Como ya ha ocurrido en el ajedrez, a lo mejor se acerca el momento en que las máquinas dejen de aprender de las personas y las personas también puedan empezar a aprender de las máquinas”, finaliza Gervás.

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