¿Recuerdan al famoso Miliki? El payaso que debuta en la novela

Emilio Aragón, MilikiHabía una vez un cómico de los de la legua, un tipo que se tomaba la risa muy en serio, un «clown», un payaso de aventura, cencerro y tentetieso -en Puerto Rico jugó de defensa central, y ayudó a crear campos de fútbol-, que soñaba con escribir en la lengua de Cervantes. Ayer, Emilio Aragón, Miliki, vio cumplido su anhelo: presentaba su «primera obra para adultos» -con y sin reparos-: «La providencia» (Espasa), un relato ambientado en la Revolución cubana que, como a muchos que luego abominaron de ella, «embaucó» al barbilampiño artista circense que dormitaba en el Malecón tras partirse el espinazo haciendo tres funciones diarias en La Habana, con sus hermanos. Dos en el teatro América, y una en el Tropicana. Días de trabajo y rosas, calor y trópico, y serenidad en el Malecón: «Cuando nos recostábamos escuchábamos una voz: ¡Tengan cuidado con el sereno! Y con ese aire de la noche nos dormíamos».
Emilio Aragón despertó a la escritura -cuentos infantiles, comedias musicales…-, pero no se considera novelista, ni quiere presumir de ello «por el profundo respeto y consideración que tengo a los escritores -subraya-. Yo he sido toda mi vida «clown», payaso. La risa es una cosa muy seria. Me sentiré feliz si alguien se me acerca tras leer «La providencia» y me confía que le ha gustado». «La providencia» está firmada por Emilio A. Foureaux, como homenaje «a mi queridísima abuela», se enorgullece.
Emilio Aragón conoció en Cuba a muchos exiliados que tuvieron que enfrentarse a una nueva vida, y a lo largo de su vida ha ido acumulando experiencias -trágicas, cómicas…- de aquella revolución que ha volcado en «La providencia». «Podía haber escrito sobre la Guerra Civil, pero tenía 7 años; sin embargo la revolución cubana la viví completa».
Cuando Castro ha sucedido a Castro en los tiempos del cólera, Emilio Aragón no cree que «Fidel haya enfermado por «La providencia». La novela la imaginé a mis 17, 18 años, y tras conocer casos de personas que han sufrido el exilio, fui retocándola. Hace dos años mi hija María del Pilar me dijo que ya era hora de que la escribiera». ¿Le cautivó la revolución cubana? «Sí, como a todo el mundo -confiesa-, pero con una particularidad. Yo no soy un hombre político convencido de ideas fanáticas, sino un ser humano centrado en la vida, que como muchas personas he padecido golpes de Estado, he visto revoluciones, ejércitos en la calle, hambrunas, gente sufriendo y corriendo despavorida». Luego llegó el cólera, el castrismo, la dictadura, la muerte, la libertad asfixiada… Todo está explícito en los personajes que viven en la novela.
Hay dos líneas argumentales en «La providencia»: el triunfo del amor, y la desorientación del protagonista, Martín, por no haber tenido unas «bases» en su preparación: «Él no piensa que hay otras personas que sufren. Piensa que todo se centra en él». Martín vivirá bajo el influjo de la brujería, de la santería cubana, y tendrá implícita la religión. ¿Al final hay esperanza? «De alguna manera, claro. Pero el libro no tiene ninguna intencionalidad política. No quiero que afecte a nadie que tenga un ideal», explica Emilio, cuya mujer nació en La Habana, y allí en tierra no tan extraña tienen familiares y amigos a los que nunca olvidan y les ayudan enviándoles medicinas, sustento…: «Daría lo que fuera porque no hubiera muerto nadie, ni en Cuba ni en ningún lugar del mundo, por ideas políticas». Y con sabia ironía le pide a «los genios de la política que haya una transición tranquila, porque el pueblo cubano es genial, y lo quiero mucho. España, con su «niña bonita» que es Cuba, puede hacer mucho en ese sentido. No me he sentido exiliado por razones políticas, pero sí he tenido que salir al mundo a ganarme la vida». Todo lo que ha vivido ha ayudado a este cómico -el titán Fernán- Gómez estaba orgulloso de ser cómico- a creer en «La providencia».
Emilio Aragón Foureaux sostiene su primera novela en su mano: «La providencia»

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