El 70% de los lectores de “Harry Potter” se queda ahí, no lee otra cosa.

Si se obliga a un niño a leer la “Ilíada”, puede acabar odiando los libros

ALFREDO GÓMEZ CERDÁ ESCRITOR DE LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL

Más de 80 publicaciones jalonan la trayectoria literaria de Alfredo Gómez Cerdá (Madrid, 1951). Los libros de este autor -especializado en el público infantil y juvenil- se han vendido en 18 países de Europa, América y Asia. Sus obras son, además, el material utilizado por el IES La Quintana de Ciaño en un novedoso programa de animación a la lectura en horario extraescolar que permite a los alumnos subir su nota media. Gómez Cerdá estuvo recientemente en Langreo para analizar con los estudiantes del centro los entresijos del quehacer literario.
-Usted empezó a escribir en el colegio, cuando sólo tenía 11 años. ¿De dónde le vino la vocación literaria?

-No sabría decirlo con exactitud. No crecí en un ambiente escolar y familiar en el que se cultivara el gusto por la lectura. Después fui consolidando esa vocación, sobre todo a través de los textos de teatro.
-¿Y la literatura infantil?

-Se cruzó en mi vida por casualidad, por culpa de mi hijo. Yo estaba a leerle cuentos, así que también empecé a escribírselos. Envié uno de los relatos, «Las palabras mágicas», a un concurso y gané el segundo premio, lo que me permitió publicarlo.
-¿Tiene el género el suficiente reconocimiento?

-La cosa ha cambiado mucho en los últimos años, pero la lucha por dignificar este tipo de literatura y lograr la valoración que merece es constante. Es cierto que hay libros malos, pero dentro de la literatura de adultos también existen obras pésimas. El principal reto en la actualidad es tener más presencia en las páginas de crítica literaria para consolidar el género.
-Videojuegos, televisión, internet… ¿No existen demasiados estímulos externos frente a la literatura?
-El mundo electrónico está ahí, forma parte de nuestras vidas y los jóvenes no puede ser ajenos a él. Lo que ocurre con la lectura también pasa con las matemáticas o las ciencias naturales. La clave es presentarles los libros de una manera atractiva, porque está comprobado que, cuando una actividad educativa no les decepciona, se implican en ella. Debe ser un acercamiento progresivo; no se puede obligar a un niño a leer la «Ilíada», porque puede acabar odiando los libros. Es algo que también ha cambiado mucho, porque antes los profesores eran reacios a la literatura juvenil y preferían centrarse en los clásicos.
-¿Es la literatura juvenil sinónimo de fantasía?

-No necesariamente. La fantasía supone un filón enorme, pero el abanico es mucho más amplio. Hay una literatura juvenil basada en el realismo que puede hablar de las preocupaciones de un chaval de instituto y que le acerca al mundo que le rodea.
-Sin embargo, los libros más exitosos entre el público joven suelen estar relacionados con elfos, brujos o magos…

-Se trata de un sarampión en el que tiene mucho que ver el marketing, pero que no cumple la función de despertar el interés por la lectura. El otro día escuché que el 70 por ciento de los lectores de «Harry Potter» se queda ahí, no lee otra cosa.

Fuente: lne.es

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