La llorona

Historias de la llorona en Guatemala

La llorona es una de las misteriosas historias de la llorona en Guatemala escrita por Luis Alonso Méndez, un cuento sugerido para niños, jóvenes y adultos.

Esta historia paso hace ya 400 años, en Antigua Guatemala, es cierta porque ha pasado de generación en generación, le paso a Beto Alonso y sus amigos. Todo inicio cuando fueron a la feria y después se quedaron hablando en el parque central, eran casi las doce de la noche.
BETO: Hay compañeros, yo estoy muy enamorado de lupita.
JOAQUIN: hay amigo, pero si su papá es muy enojado, vaya suegro que te consigues.
TONO: Pues yo estoy enamorado de Margarita.
FELIPE: Como esta eso que enamorado de Margarita, yo estoy enamorado de Margarita también.
TONO: No puede ser, ya verás que yo la conquistare.
Los cuatro jóvenes continuaron bromeando, el parque era uno de los lugares más iluminados, algunos faroles en las cuatro esquinas y en el centro, se podían observar nubes que cubrían la luz de la luna, la oscuridad se podía tocar con solo estirar la mano…
BETO: Camaradas, creo que es muy noche, ya el frio esta serio.
JOAQUIN: Vamos pues, veamos quien tiene la suerte de ser el último al irse solo.
Echaron la suerte, Beto coloco en su mano cuatro palillos, de diferente tamaño, quien sacara el palillo más pequeño seria quien caminaría solo hacia su casa.
JOAQUIN: Que buena suerte, tengo el palillo más largo.
TONO: Yo el segundo
FELIPE: Yo el tercero.
BETO: Que mala suerte, yo caminare solo, bueno, no hay de otra.
Los 4 jóvenes tomaron el camino para ir a dejar a Joaquín, él es el primero. Las calles vacías, la ciudad dormida, Joaquín vivía atrás del convento de Santa Clara. Cuando iniciaron la calle donde está el Tanque La Unión… se escuchó…
¡Aaaaaaaaaaa!
JOAQUIN: Escucharon, escucharon eso.
TONO: No escuche nada.
FELIPE: Yo si lo escuche, fue parecido a un lamento.
BETO: Así es, yo también escuche un lamento.
JOAQUIN: No camaradas, no me asusten, tal vez fue solo su imaginación.
FELIPE: No puede ser la imaginación de nosotros tres.
TONO: ¡Miren!, en el tanque, entre las columnas parece que hay una mujer.
FELIPE: Casi no se mira, está muy oscuro.
JOAQUIN: Es cierto, yo también la veo, esta escondida en la esquina, mira, ¡Mira!
BETO: Vamos a ver, de todos modos, tenemos que pasar por ahí.
Se encaminaron poco a poco, había algunos faroles encendidos, la oscuridad era la reina y el frio su cómplice. La curiosidad lleno los corazones de los jóvenes.
TONO: Vieron, se fue caminando, sigámosla, veamos quien es, tal vez necesita ayuda.
FELIPE: Que frio tan extraño hay aquí en el tanque de agua.
JOAQUIN: Vamos pues, de todos modos, al parecer ella está caminando por donde yo vivo.
Los jóvenes observaron que dio la vuelta en la esquina.
FELIPE: ¡Desapareció!
TONO y JOAQUIN: ¡No puede ser!
BETO: Talvez salió huyendo de prisa, corrió.
Los jóvenes continuaron su camino, al poco tiempo nuevamente escucharon el lamento… Aaaaaaaaaaa
BETO: No puede ser, ¡no puede ser!
JOAQUIN: Otra vez ese lamento, ¿Qué será?
TONO: No tengo idea, lo único que veo bueno es que soy el segundo al que hay que acompañar a casa.
FELIPE: Bueno Joaquín, te dejamos en casa. Sano y salvo.
BETO: Dicho Joaquín, yo tendré que caminar solo.
JOAQUIN: Saben, mi tío me ha contado que a estas horas se puede escuchar a la Llorona, esos lamentos que escuchamos son de ella. Solo tengan cuidado amigos, cuídense. Pero antes de irse, tomen esto.
Joaquín entrego un rosario a Beto. De ahí partieron los tres, ahora hay que dejar en casa a Tono.
TONO: Amigos, yo he escuchado historias también de la llorona, incluso hace dos años escuche unos extraños sonidos que me despertaron en la madrugada. Era un llanto muy lejano.
FELIPE: No te creo, tal vez el viento nos está engañando.
BETO: Y como explicas aquella mujer que vimos en el tanque de agua.
TONO: Tenes razón, fue muy extraño. Yo he escuchado que la Llorona aparece en los estanques de agua, se escucha como tiran el agua.
FELIPE: Yo vi mucha agua tirada, ¡La vieron!
TONO: Hace unos años cuentan que la esposa de un general español fue a dar un paseo con sus hijos, fueron al rio, ella vivía muy triste, quería vengarse de su esposo y pensó quitarle lo que más amaba, así que ahogo a sus hijos en el rio.
BETO: Mi abuelo también me conto eso, todo el pueblo se enojó con esa mujer, ella en su desesperación intento ahogarse en el mismo rio, pero Dios no la dejo, ella fue castigada y ahora anda en las calles buscando a sus hijos.
FELIPE: Entonces ustedes dicen que es la Llorona, el lamento que escuchamos es de la Llorona.
A los pocos minutos, casi llegando a la casa de Tono, se escucha un nuevo lamento, pero esta vez cerca de ellos.
FELIPE: ¡Escucharon! otra vez los lamentos.
TONO: Si escuche, lo único bueno es que el sonido es muy cerca, eso significa que la Llorona está lejos.
BETO: Y si la escuchas muy lejos, es que esta cerca, muy cerca.
TONO: Amigo Beto, toma también mi rosario, te protegerá.
Ya solo había que ir a dejar a Felipe, en ese instante se escucharon las campanas de la catedral, eran las doce de la noche, las doce en punto. Ambos sentían mucho frio. Las nubes cubrieron la luna, oscuridad por todos lados.
FELIPE: Tengo miedo, estas calles tan grandes y en cualquier esquina podemos encontrar a la Llorona. No me gusta para nada.
BETO: Tenes razón, pero tenemos que continuar caminando ya faltan solo tres calles para tu casa.
Llegaron a la casa de Felipe, observaron para la izquierda y derecha, no había nada. Ya quedaría solo Beto para ir a casa.
FELIPE: Amigo Beto, no tenes miedo.
BETO: Un poco, pero me voy a ir rápido, no tengas pena.
FELIPE: Toma mi rosario, sé que estarás bien.
BETO: hace tiempo que me hablaron de la Llorona, yo pensaba que era mentira, pensaba que eran cuentos de los viejos, me equivoque, esos lamentos que escuchamos son de ella.
Inicio su camino, mi tatarabuelo Beto se puso a caminar a la mitad de la calle, quería observar para todos lados, camino tres calles, ya estaba cerca de su casa, de repente escucho un lamento muy lejano, un lamento muy suave y lejano. Sintió mucho frio, no tuvo valor para voltear atrás, empezó a correr, en su mano derecha tenia los tres rosarios de sus amigos, corrió y corrió hasta que llego a su casa, abrió y se puso a orar, los rosarios de sus amigos y el suyo le ayudaron.
¡Si no me creen! en casa de mi abuelo están guardados los cuatro rosarios como recuerdo del tatarabuelo que escapo de la llorona, Guatemala es muy misteriosa con leyendas extraordinarias.

Autor: Luis Alonso Méndez

La llorona es una de las misteriosas historias de la llorona en Guatemala escrita por Luis Alonso Méndez, un cuento sugerido para niños, jóvenes y adultos.

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