Leyenda.: El Santísimo Cristo de Calatorao

Foto de: Ricardo Sánchez

LEYENDA.: EL SANTÍSIMO CRISTO DE CALATORAO (ZARAGOZA)

POR CARLOS CEBRIÁN GONZÁLEZ

ESCRITOR ESPAÑOL- INVESTIGADOR HISTÓRICO NACIONAL

Cada vez que voy a Calatorao (Zaragoza), suelo visitar la capilla de su Santísimo Cristo. Aún me sigo quedando impresionado por la perfección de sus rasgos y anatomía. La sublime talla exhala un sereno dramatismo, mostrándonos con fidelidad y acierto el cruel instante de la Muerte del Hijo de Dios Padre.

No se puede explicar con palabras. Es preciso ver en directo, el realismo que se percibe al contemplar la escultura. Están perfectamente señalados: los músculos, nervios, huesos del Crucificado. Duele en el alma ver el rictus de tristeza y sufrimiento del Redentor clavado a su Cruz y coronado por esas espinas que le torturan.

Muerto en su santa mansedumbre, aceptó la Voluntad de su Padre, y su difícil misión salvadora. En vano, ilustres personalidades trataron a través de los siglos, de atribuirle la paternidad de esta obra artística, a los más prestigiosos escultores, que en aquella época (siglo XVI),  se encontraban trabajando en Aragón, como: Gabriel Yolí, Damián Forment, Gil Morlanes. Sin embargo, el Cristo de Calatorao, es al parecer, obra divina .…¡Única!… ¿Cuáles son sus orígenes?…¿Desde cuándo muestra Calatorao, con orgullo, a sus visitantes esa preciada joya espiritual?

HAGAMOS HISTORIA.- Dicen las crónicas que fue en el año 1520, durante el reinado del Emperador Carlos I, cuando llegó a Calatorao (Zaragoza) un peregrino enfermo. Señala la tradición que los vecinos le acogieron caritativos en el hospital, logrando que se recuperara de su dolencia.

El peregrino observó que en la iglesia parroquial de Calatorao, no tenían ninguna talla grande del Crucificado y agradecido por los cuidados recibidos por los vecinos del pueblo, se ofreció para tallarlo.

Después de la misa mayor, provisto de un madero de cedro y del instrumental adecuado, se refugió el peregrino en una habitación, buscando el recogimiento más absoluto para realizar su obra.

A través de una pequeña gatera de la puerta, le suministraron al peregrino, durante tres días, los alimentos necesarios para su subsistencia. Transcurrido este plazo, los vecinos al no oír ningún ruido, procedente del interior de la estancia y temiendo que le hubiera sucedido alguna desgracia, tras llamar repetidamente a la puerta, decidieron violentar la cerradura. Entraron en la habitación y se quedaron muy sorprendidos…

…Pronto se dieron cuenta de que el peregrino había desaparecido. Sin embargo, apoyada en la pared estaba la preciada talla de su Santísimo Cristo, de tamaño natural (1,80 metros) y color oscuro, por lo que popularmente se le conoce como “el Tostado de Calatorao”. ¿Quién era ese artista desconocido que había dejado intactos los alimentos, que le proporcionaron durante su aislamiento voluntario? Los vecinos se postraron emocionados ante el Crucificado y con todos los honores lo llevaron a la iglesia parroquial, gratamente admirados de la perfección artística de la obra, y convencidos de que el peregrino era un ángel.

A mi juicio, es muy acertada la descripción que, sobre este Santo Cristo, hizo en los años 1708 y 1709, en unos magníficos y emotivos sermones, que pronunció en Calatorao, el P. Ignacio March S.J. cuando expresaba: “Muchas imágenes he visto de Cristo y las más celebradas en España, como las de: Burgos, Zaragoza, Pamplona, Ribota, Balaguer, Pons, Igualada, Manresa, etc. Pero ninguna como esta de Calatorao, digna de ser vista una y muchas veces. Siempre tendréis algo que admirar en este hermoso semblante, viva imagen de Cristo”.

LA DEVOCIÓN A CRISTO.-

Sería interminable la enumeración de testimonios y documentos, que demuestran a través de los siglos, la gran devoción de los habitantes de Calatorao, por esta venerada imagen. En la Novena en honor del Santísimo Cristo de Calatorao, del Presbítero don Félix Lasheras Bernal, se cita que el 23 de enero de 1579, Juan Domínguez del Val, vecino de Alpartir, falleció repentinamente cayendo de su caballo, cuando se dirigía a ver a este Santo Cristo. En 1611 el visitador don Juan Sentís del Arzobispo Manrique, alaba la frecuencia y devoción de los fieles, que llegan en tropel a la capilla del Santísimo Cristo.

Durante estos siglos visitaron al Santo Cristo, importantes personalidades de: la nobleza, política, clero, milicia, ciencias, artes y miembros del pueblo llano. Esta capilla construida con piedra negra de Calatorao, se encuentra en la iglesia de San Bartolomé  y tiene un baldaquino en el que se encuentran unas artísticas y majestuosas columnas salomónicas, de piedra negra.

Los visitantes, los peregrinos ofrecieron al Cristo, numerosos donativos e importantes donaciones en cera, celebrándose a sus expensas muchas misas, hasta el extremo de que los cronistas indican que en 1613, se hicieron en la capilla un total de 7.227.

MILAGROS DEL SANTO CRISTO.-

Al parecer son numerosos los milagros que se le atribuyen a este Santo Cristo de Calatorao. Las crónicas señalan que en 1609 llegó a esta población el doctor Jerónimo Sanz, por encargo del Arzobispo Borja, para anotar en un libro los hechos milagrosos que hiciera la imagen.

En 1611 el venerable, fray Jerónimo Baptista de Lanuza, Obispo de Barbastro, fue el encargado de investigar también y por indicación del Arzobispo de Zaragoza, si eran ciertos, o no, los prodigios del Santo Cristo. Tras una exhaustiva labor, dictaminó que esa obra debía ser atribuida al Cielo. Al parecer en el ecuador del siglo XVII, llegaron a Villarroya de la Sierra, las noticias de la serie de milagros que corría de boca en boca. Enterada de este asunto, la venerable dama, Isabel Pobar y Maestro, deseó ir a postrarse a los pies de la imagen. Ante la negativa de su esposo, que no le autorizó el desplazamiento a Calatorao, ella le pidió consejo a San Ignacio de Loyola y de repente, de forma prodigiosa, se encontró en la capilla del Cristo, pudiendo besar durante media hora la llaga del costado de Jesús, de la que manaba mucha sangre. Poco después volvió a encontrarse milagrosamente en Villarroya, diciendo: “Más presto le hacen sudar sangre los pecados al mundo”.

Innumerables exvotos de cera cubrieron las paredes de la capilla de Cristo, evidenciando las curaciones milagrosas que tuvieron lugar por su intercesión, mientras se multiplicaba el número de peregrinos que la visitaban.

Más de cuarenta milagros citan los historiadores, que pueden ser atribuidos al Santísimo Cristo de Calatorao. Entre los mismos destaca el que contó en 1699, un religioso agustino, cuyo abuelo le narró, que estando delante del Cristo de Calatorao, vio como el capellán por tres veces descorría la cortina, que la ocultaba, para mostrar la imagen y que inexplicablemente, otras tantas se cerraba sola. Entonces el sacerdote le dijo al pueblo: “El Santo Cristo no se deja ver y sin duda aquí hay algún misterio”. Del fondo del templo se oyó una voz que pedía penitencia, declarándose culpable de la ira del Señor. Fue confesado el hombre y tras la absolución, que le dio el capellán, pudo descubrir al fin la imagen, ante la emoción de los fieles.

El P. March citó que un pecador visitó por curiosidad la capilla del Santo Cristo y al pretender salir de allí sin arrepentirse de sus culpas, una fuerza superior le hizo retroceder, hasta postrarse a los pies del confesor y lograr la absolución y el perdón de sus pecados.

En 1690 don Juan Gil, que era Justicia de Calatorao, al amanecer fue una mañana a la iglesia, al mismo tiempo que el sacristán del templo. Cuando estaban rezando ante el Santísimo, oyeron un ruido procedente de uno de los bancos. Entonces vieron a un hombre que saliendo de su escondite, les explicó que la noche anterior se había ocultado para robar las lámparas de plata de la capilla, secundado por otros cuatro individuos. A media noche quiso realizar su plan delictivo, pero comprobó sorprendido que no podía moverse, ni tampoco dormir, ni gritar. Salió de ese estado cuando llegó el Justicia, acompañado por el sacristán. Se entregó a la autoridad consciente del prodigio del Señor.

A finales de 1695 unos nubarrones amenazaban a la población de Calatorao, iniciándose a continuación una gran tormenta de granizo. Entonces, el Vicario corrió a la capilla del Santo Cristo y, cuando descubrió la imagen del Señor, al mismo tiempo que los fieles pedían la ayuda divina. Se escuchó un gran estruendo mientras se disipaban las nubes, que se desvanecieron en el aire.

En Frías de Albarracín vivía un sacerdote que estaba ciego, desde hacía unos diez años. Al llevarlo a Calatorao y entrar en la Capilla del Santo Cristo, fue recuperando la vista a medida que se acercaba al altar. Se revistió el religioso con los sagrados ornamentos para oficiar la misa y al iniciar las primeras oraciones, recuperó totalmente la visión.

Dicen que fue en 1700 cuando al limpiar la imagen, Antonio Pascual, capellán que era del Santo cristo, observó que se desprendía una espina de la corona de Jesús, la cual recogió al médico don José Falcón, que estaba allí presente. Poco tiempo después el doctor fue requerido para atender a una mujer enferma y al llegar ante ella, se encontró con que la señora parecía que había muerto. Pero de repente la enferma se levantó de un salto. Entonces el médico se acordó de la espina de Cristo. Y el sacerdote al ver que estaba poseída por Satanás, conjuró al demonio. Le aplicaron la espina en la cabeza y la endemoniada, se liberó del espíritu maligno y tras blasfemar e insultar al Cristo, volvió a la vida, totalmente liberada.

También se dice en 1708, que durante una riña de segadores, que tuvo lugar dos años antes en el camino de Épila, uno de los contendientes le dio a su rival, un golpe de hoz en su cuello. Entonces la víctima puso sobre su herida una estampa del Santo Cristo. Se curó repentinamente, sorprendiendo a los litigantes.

Además se recoge el hecho de que Juan de la Huerta, vecino de Calatorao, llevaba junto con otros soldados un cañón hacia Cataluña. A causa de lo accidentado del recorrido, volcó la carreta y él intentó evitarlo agarrándose a la cureña. Dada la violencia del golpe fue derribado sobre la punta del puñal, que pendía de su cinto. Entonces Juan invocó a gritos al Cristo y sus compañeros vieron que el cuchillo se había doblado por la punta, sin producirle daños.

Un niño natural de Cascante del Reino (Navarra) padecía una fractura de pierna. Los médicos diagnosticaron que debían de amputársela si quería salvar su vida. El padre con fervor, rogó que no le operasen los médicos, hasta que él regresara de su peregrinaje a Calatorao y así acudió a postrarse a los pies del Cristo. Al regresar el progenitor vio que su hijo había sido curado milagrosamente y conservaba su pierna sana. Por el informe de los doctores comprobó que el prodigio, se realizó en el día y a la hora en que él estaba rogando por su curación, ante la imagen de Jesús. Agradecido escribió a los vecinos de esa población, pidiéndoles que le ayudasen a darle las gracias a Dios públicamente por el gran prodigio.

Se dice también que un carro de Alcorisa, fue a recoger trigo en simiente al granero del castillo. Al concluir su tarea esperó a otros carruajes, colocándose bajo el arco, que comunicaba la fortaleza con la iglesia, De repente las mulas arrancaron y se precipitaron rodando el carro y el conductor por el precipicio, estrellándose al pie de la torre, en la pared de enfrente. Con sorpresa los asistentes vieron que no les había sucedido nada, ni al mozo, ni tampoco a los animales; ya que él invocó durante su caída al Santísimo Cristo, a quien había estado rezando unos minutos antes. Este milagro se comentó por toda la comarca.

También se decía que cada 14 de septiembre la imagen, que era conocida también como: “El Cristo de los endemoniados” sacaba los diablos de los cuerpos de las personas endemoniadas que a su capilla acudían para liberarse de los espíritus diabólicos. Al parecer a finales del siglo XIX e inicios del XX, se recoge en la historia de esta población, que salía un tren procedente de Zaragoza con destino a Calatorao, en el que iban los endemoniados y enfermos, para sanarse ante el Cristo milagroso. Y este convoy ferroviario se mantuvo hasta el año cincuenta del pasado siglo.

VOTO AL SANTÍSIMO CRISTO

A través de los siglos, Calatorao, ha sido un lugar al que con gran devoción acudían y lo siguen haciendo, personas de todas las edades y condición social, para visitar la capilla de su Santísimo Cristo. El vecindario agradecido a su divina protección, instituyó a consecuencia de un voto perpetuo, que hizo ante notario en 1613 como fiesta de precepto el 10 de mayo de cada año, día de la Corona del Señor.

Mención merece la Semana Santa y concretamente el día de Viernes Santo en Calatorao, cuando a la finalización de los Oficios el Preste muestra a los fieles la Santa Imagen, iluminada por la luz del hacha. Es un acto religioso singular y emotivo…¡Indescriptible!

No puedo poner punto final a este artículo, sin citar el Himno al Santísimo de Calatorao, del que son autores: P. Lasheras (letra) y A. Mingote (música) y que dice:

“Santo Cristo milagroso

En toda España famoso

Que angélico peregrino

En este pueblo dejó.

Calatorao de rodillas

Contempla las maravillas

De la Cruz donde sufriste

La muerte por nuestro amor.

Sudor de sangre,

Azotes crueles,

Espinas, hieles,

Clavos y Cruz.

¡Cuánto pasaste

Para salvarnos

Y ejemplo darnos

De la virtud!

Líbranos de mal.

Perdona el pecado.

¡Viva el Santo Cristo

De Calatorao!”

Carlos Cebrián González

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