La leyenda del café

La leyenda del café. Leyendas de Etiopía. Leyendas de África.

La leyenda del café

Por el año seiscientos vivió en Etiopía un pastor llamado Kaldi. Cierto
día que cuidaba su rebaño de cabras notó que los animales desarrollaban una
conducta extraña. Nerviosamente iban y venían, subían y bajaban, en un
estado de agitación que se prolongó todo el camino de regreso y persistió
durante una noche, que se volvió interminable. Sólo a la mañana siguiente el
rebaño pareció calmarse y fue así como siguió con mansedumbre al amodorrado
pastor hasta las zonas de pastura.
Hasta que unas cerezas tentadoras detuvieron su paso, y luego de mordisquearlas,
las cabras retomaron su conducta nerviosa del día anterior.
Kaldi observó las plantas que aparentemente habían causado el cambio
en su rebaño y probó con cautela una hojita y un fruto.
Lo primero que percibió fue que no se trataba de un arbusto de cerezas,
y que el sabor no era tan agradable como el que esperaba. Pero también
sintió que el cansancio producido por la larga noche de insomnio se había
desvanecido y era remplazado por una energía que lo impulsaba a la acción.

Kaldi tomó consigo unas ramas florecidas y encabezó la marcha hacia
un monasterio que se encontraba a pocos kilómetros. A paso vivo lo seguía
su rebaño. Al llegar a la casa religiosa, el pastor fue introducido a presencia
del Abad, mientras sus animales quedaban al cuidado de unos desorientados
monjes.
Informado del descubrimiento, el Abad llevó a Kaldi a la cocina, y
prudentemente hirvió una rama con algunos frutos rojos. Pero cuando probó
el gusto de ambos, le pareció tan desagradable que en un impulso arrojó el
atado entero sobre el fuego. La cocina se vio invadida de un aroma delicioso
que indujo al Abad a hacer una nueva prueba. Tomó el fruto tostado y preparó
una infusión que, con su perfume cálido atrajo a un grupo de monjes
a la cocina. Así nació el café, de Etiopía al mundo; probado por unas cabras,
descubierto por un pastor, tostado por un Abad, celebrado por unos monjes,
que nunca pudieron imaginar que ese enérgico sabor se seguiría prolongando
durante siglos.

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