Un sospechoso en la escuela – Capítulo III. Cuentos de suspenso

Un sospechoso en la escuela – Capítulo III. Cuentos de suspenso

Un sospechoso en la escuela – Capítulo III. Cuentos de suspenso

Cuentos de suspenso. Cuentos con misterio.

Cuento con valores en idioma español, sugerido para niños a partir de nueve años.

III – Un sueño muy extraño

Ese día Olivero regresó a su casa, pensando en las palabras de su amigo.

-Tal vez Watson tenga razón, un borrador en nada se parece a un misterio universal. Además, pensándolo bien ¿quién puede querer un borrador con florcitas pintadas? ¿Por qué pensar que el niño nuevo tenía algo que ver en esto? ¿Sólo porque en mi opinión tiene cara de muy sospecho? ¿Solo porque justo el día que llegó faltó el borrador? En fin, mejor dejar este asunto de lado.

Sin embargo, ni Oliverio mismo creía sus palabras. El no dejaba nada de lado, cuando se instalaba una idea en su cabeza de detective, no se detenía hasta agotar todas sus teorías.

Se fue a dormir sabiendo que no estaba bien desconfiar de los demás, que el hecho de no conocer bien a alguien no convertía a esa persona en sospechosa, ni siquiera si ese alguien no decía palabra y tenía una mirada extraña. También pensó en la pobre señorita Matilde y en cómo estaría extrañando su amado borrador.

Esa noche tuvo un sueño muy extraño: el borrador de la señorita Matilda había cobrado vida, tenía piernas y brazos y luchaba a capa y espada con el niño nuevo para retornar a los brazos de su amada Matilda.

-¡Nada ni nadie nos separará, nada se interpondrá entre nosotros!- le gritaba el borrador a

Tobías empuñando una espada de plástico igual a la que Olivero había usado en un acto escolar.

Por otro lado, el niño nuevo vestía una máscara de villano muy, pero muy malvado y como no tenía espada, empuñaba un palo de amasar, al tiempo que gritaba:

-¡No serás libre, jamás serás libre!

De pronto, entraba la señorita Matilda con un vestido de princesa que por supuesto estaba lleno de flores y una coronita hecha con tizas. Lloraba a mares por su amado borrador y decía:

-¡Eres cruel y malvado Tobías! Devuélveme mi borrador, es inútil que intentes separarnos, los cuentos de princesas siempre tienen un final feliz, mi borrador y yo terminaremos comiendo perdices y no te convidaremos ni una.

-Jamás te devolveré el borrador, deberás olvidarte de él-gritaba Tobías mientras seguía empuñando el palo de amasar.

Comenzó entonces una lucha entre el borrador y el niño nuevo. De pronto, como salido de la nada, entraba Oliverio y quitándole al borrador la espada de plástico, logró vencer a Tobías. El niño nuevo cayó al piso soltando en la caída el palo de amasar. Matilda y el borrador se unieron en un largo abrazo y Olivero resultó ser el héroe de la historia o mejor dicho, de su sueño.

-¡Oliverio me has devuelvo la felicidad!-Gritaba la señorita Matilda, entre llantos y risas de emoción-¿Cómo podré agradecerte?

-Bueno podría ponerme todos diez si quiere, ésa sería una buena manera-contestó el pequeño.

-¡Qué valor el tuyo niño hay que enfrentarse a semejante villano!-gritó el borrador.

Mientras Oliverio tomaba aire e intentaba recomponerse, el niño nuevo recogió el palo de amasar pues se lo tenía que devolver a su abuelita y vencido se retiró.

Cuando Oliverio ya empezaba a gozar de su éxito, escuchó la voz de su mamá que lo llamaba. En un principio, no entendía qué tenía que ver su madre en medio de ese final feliz, pero al terminar de despertar, se dio cuenta que todo había sido un sueño.

En un punto, respiró aliviado, eso de que el borrador cobrase vida y comiese perdices con su maestra le daba un poquito de impresión.

Se puso su equipo deportivo porque ese día tenía gimnasia, tomó el desayuno y pasó a buscar a Simón por su casa, de camino a la escuela.

Mientras caminaban Oliverio le contó a Simón el sueño que había tenido. Watson no podía contener la risa.

-No te burles, tal vez sea premonitorio y quiera decir que el niño nuevo no es de fiar.

-¡Por favor Oli!-gritaba Simón tomándose la panza-me imagino a la señorita Matilda casándose con el borrador de florcitas y tú llevando la cola de su vestido, ja ja. ¡Ay amigo qué imaginación tienes! Cómo me hubiese gustado ver a Tobías empuñando el palo de amasar de su abuela y al borrador con tu espada de plástico. Dile que para la próxima batalla yo le presto los cucharones de mi mamá ja ja- Watson no dejaba de reír.

-Ríete amigo, el que ríe último ríe mejor-Yo siento que ese sueño algo significa-dijo molesto Oliverio.

-No lo dudo, querrá decir que debes dejar de leer tantas novelas de detectives. De todos modos, esto era más un cuento de príncipes y princesas que una novela detectivesca ¿no te parece?-

-Lo que me parece es que no me tomas en serio-protestó Oli.

-Te tomo en serio, claro que te tomo en serio. Te prometo que cuando vuelva a casa le pido a mamá los cucharones y te los llevo para el sueño de esta noche ¿quieres?

Oliverio no respondió. Entró al colegio y se detuvo a acariciar a Pancho. Notó que el perrito tenía el hocico sucio y le pareció que era polvo de tiza. Le resultó extraño porque Pancho no entraba a las aulas, pero no tan extraña como para empezar a investigar al perrito que tanto quería.

Continuará…

Todos los derechos reservados por Liana Castello

Ilustración de María Bullón
[email protected]
Face: DejArte Huella F B

Puedes seguir leyendo: Cuentos infantiles

Capítulo anterior – II

Imprimir Imprimir

Comentarios