Rutinas extravagantes de famosos escritores

Rutinas extravagantes de famosos escritores

Rutinas extravagantes de famosos escritores

Rutinas extravagantes de famosos escritores. Curiosidades de la literatura.

Los artistas en general suelen ser reconocidos por tener hábitos extravagantes. La genialidad y una imaginación prolífica parecen venir de la mano con cierta tendencia a romper con las convenciones y a despreciar la “normalidad” cotidiana que suele regir la vida de la mayoría de las personas. Los escritores no son la excepción, y es así como algunas de las plumas más célebres han llamado la atención también por sus peculiares hábitos. Conozcamos algunas rutinas extravagantes de famosos escritores.

Dan Brown, quien ha alcanzado la fama con “El Código Da Vinci” y una saga subsecuente siguiendo la misma temática, se caracteriza por ser metódico en extremo. Comienza su jornada todos los días a las cuatro de la mañana y escribe con precisión militar. Un reloj de arena antiguo cronometra sus períodos de 60 minutos y el ejercicio los interrumpe. A cada hora, se pone de pie y hace una serie de flexiones de brazos.

Vladimir Nabokov, escritor ruso quien creó la polémica novela Lolita, tenía múltiples recursos para escribir, como fichas, notas con pensamientos escritos a las apuradas, incluso en pedacitos de papel, aunque luego archivaba prolijamente todo este material que finalmente plasmaba en sus obras.

Truman Capote una vez se describió a sí mismo como un “autor totalmente horizontal”. En efecto, los primeros esbozos de grandes obras que lo hicieron célebre como “A Sangre Fría” y “Desayuno en Tiffany’s” se escribieron a mano mientras con Capote recostado en un sofá y disfrutando de un jerez o Martini. A medida que avanzaba la jornada, incrementaba su consumo.

Hemingway era obsesivamente exigente consigo mismo: “escribo una página de obra maestra cada noventa y una de basura. Trato de poner la basura en el cesto de papeles”, afirmaba. Su rutina incluía levantarse temprano, desarrollar 500 palabras y después pasarse el resto del día bebiendo. En sus últimos años, escribía de pie frente a su maquina.

C.S. Lewis, un irlandés famoso por “Las Crónicas de Narnia”, era de los metódicos, al punto de planificar meticulosamente cada encuentro social, comida o incluso cerveza con anticipación.

Victor Hugo, a pesar de sus brillantes obras como “Les Miserables” o “Nuestra Señora de París”, sufrió del famoso “síndrome de la hoja en blanco” o bloqueo del escritor. El problema era su impulso fuerte a procastinar, es decir, a eludir su tarea. Por eso, le pedía a su asistente que le llevara la ropa lejos. En consecuencia, se encontraba desnudo, atascado en la casa, sin otra cosa que hacer que escribir

El autor de “Los Tres Mosqueteros” Alejandro Dumas no sólo se imponía un sistema de códigos de color de escritura (rosado para no ficción, azul para ficción y amarillo para poesía), sino que cada mañana se sentaba todas las mañanas bajo el Arco del Triunfo, en París, y comía una manzana para inspirarse.

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