Amasadora

Amasadora. María Alicia Esain, escritora argentina. Ilustración de Fernanda Forgia.  Reflexión acerca del género femenino. Día Internacional de la Mujer.

El rol de la mujer a lo largo de la vida de la humanidad ha presentado ciertos matices según las diferentes culturas , aunque siempre desde el punto de vista de un varón que a veces nos ve más como un juguete que como a un ser pensante (algo pensante, por lo menos).

De todos modos, lejos está de mi intención discutir el tema, aunque creo que a veces es la propia lengua femenina la que nos condena a las bromas de nuestros compañeros de especie.

Para nuestras hijas, es normal ser astronauta, empresaria o taxista. Por su parte, nuestra generación fue la que se animó a trabajar fuera de la casa y a criar una familia a la vez, por lo que ahora estamos estresadas y con la columna pidiendo suplente. No nos habrá salido del todo bien querer ser supermujeres, pero creo que les abrimos bastante la brecha a nuestras descendientes.

Como el cuero no da para liftings y no nos interesa parecer más jóvenes que nuestras alumnas, despuntamos vicios ocultos de escribir para olvidarnos que nuestro tiempo de pañales y chupetes quedó atrás. Es una forma de mantener en actividad la única neurona que nos resta… (y de no pasarnos la tarde comiendo).

Cuando nació Mirtha Legrand, que parece nuestra hermana menor, la mujer se quedaba en su casa. Pululaban las modistas y bordadoras…Unas pocas afortunadas estudiaban para maestras y algunas otras eran «sólo amas de casa».(Como si esto último no fuera algo más parecido a lo que despertó la rebeldía de Espartaco que a los avatares ingenuos de Blanquita Santos en el programa radial «¡Qué pareja!»). Ser actriz era sinónimo de vida airada , ni qué decir el compartir el espacio laboral con los caballeros.

Llegaba hasta tal punto la marginación femenina que ni siquiera podían ir a los entierros de sus seres queridos porque «no se usaba». Quedaban entonces para las mujeres pocas opciones: leer, tocar el piano si se tenía la suerte de tenerlo y por qué no, dedicarse un poco a los chismes.

Costumbres las primeras casi en vías de extinción, no así la última, que sigue gozando de envidiable vigor. Dicho chismorreo se puso muy activo cuando la familia A… decidió dejar la quinta y comprar la panadería donde P… hizo las más exquisitas y hermosas tortas de quince y de casamiento para varias generaciones de damiselas locales. Allá fue entonces toda la familia.

El patriarca y sus numerosos hijos varones a la cuadra, la mamá y la dulce hermana a ayudarlos ocupándose de la casa. Todo el barrio comentó el acontecimiento de la compra de esa panadería que emblemáticamente sigue llamándose «La Unión».Tuvo para todos la fuerza de ese nombre y además, fue la primera en el ramo en traer una máquina de amasar, un adelanto increíble para esa época.

Fue así que más rápido que el arroyo Las Garzas corrió la noticia: «Viene una amasadora», «Viene una amasadora»… Y para demostrar que a veces somos las mujeres las más impiadosas con nuestras congéneres, comentó una matrona: _ « ¡Cómo será de atorranta esa mujer para trabajar entre tantos hombres!»

Por suerte, parece que algunas cosas han cambiado…Aunque también hayan quedado atrás las tortas negras y la galleta que con mi familia exportábamos a Suipacha y Chivilcoy… Claro que nos queda el consuelo de haber recibido esta pequeña historia de labios de P*** y de verlo pasar tantas tardecitas de mi pueblo regando con buen humor el verdor de noviembre…

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Fin

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