Tamaño Amor

Historias de amor para reflexionar

Tamaño Amor.

Lunes 10: Me inclino y me escondo entre mis rodillas, cierro los ojos y respiro inmensas bocanadas de verguenza; todas las miradas se clavan en mi otra vez. hoy cuando llegue a casa, volveré a preguntarle a mamá, ¿qué demonios sigo haciendo mal?

Jueves 13: Hoy la vi, llevaba el pelo suelto y dos libros de literatura en la mano. Lo que más me gusta de ella es que es muy chiquita y que siempre que pasa por mi lado, sonríe. ojalá ella también piense que soy el chico más lindo del colegio. Compré dos kilos de naranja volviendo a casa y no me los cobraron, muy extraño.

Viernes 14: Mañana es la fiesta de Mario y mamá no me dejó ir. Ayer a la noche la escuché hablando por teléfono con mi tía sobre techos muy bajos y lámparas que se pueden romper, pensé que quizás el  papá de Mario es enano y eso me dio mucha pena. Tardé dos horas en dormirme pensando en ella.

Lunes 17: Me fue mal en la prueba de Literatura. En el recreo unos chicos me tiraron lápices desde el segundo piso y me gritaron algo que no alcancé a oír. Me encerré en el baño y me quedé ahí el resto de la  tarde. Cuando salí, me acordé que había dejado la mochila en el aula y subí a buscarla. Ella estaba sentada en el segundo banco a la derecha de la puerta. Agarré rápido todo mientras mis cachetes enrojecían,
al pisar el tercer escalón, sentí una mano sobre la parte de atrás de mi rodilla izquierda.

Miércoles 25: Hace más de una semana que no escribo, Rocío me estuvo ayudando con Literatura (¿ya te había dicho que ella se llamaba así?). Todas las tardes en su casa fueron inolvidables: el té con leche, las arrugas de su mamá, el cuaderno a lunares, las faltas de ortografía subrayadas, la ternura de sus palabras. Un día, creo que fue el jueves pasado, mamá nos llevó a los dos juntos al colegio. Apenas cruzamos la puerta, los chicos se voltearon para vernos, yo sonreí orgulloso. Pero no se acercaron a decirme nada, mejor dicho nos empezaron a burlar y yo pensé que la iban a maltratar porque era buena conmigo; pocas personas lo son y siempre los tratan mal. Cuando llegamos al aula, le pregunté qué quisieron decir los chicos de tercero con eso de “la enana y el gigante”. Rocío me miró un rato, de arriba a abajo, no dudó y contestó: “que vos tenés un corazón gigante, y al mío le hace falta crecer bastante”.

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Fin

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