El ascensor

Aquella mañana me levanté especialmente contenta, media hora antes de que sonara el despertador, la luz del sol que entraba por todas las ventanas del piso me animaron a hacerlo, no hay cosa que me dé más energía que la luz del sol.

Me duché dejando las prisas a un lado, me ricé el pelo, cosa poco común en mí, siempre terminaba antes haciéndome una coleta y me maquillé un poco, mientras me reía imaginando qué pensarían en el despacho cuando llegara, siempre iba con la cara lavada, a mis veintiocho años todavía me lo podía permitir. Me puse los vaqueros que mejor me quedaban, una camisa blanca, unos botines color bisonte y una chaqueta de vestir del mismo color. Nunca desayuno, cuando llego al trabajo me tomo un café, uno de mis vicios. Cogí mi portátil y mi portafolios y antes de salir me miré en el espejo de la entrada, me prometí a mi misma adelantar media hora el despertador.

Cerré la puerta y llamé al ascensor, al mismo tiempo oí como algún vecino hacia lo mismo, pero yo fui más rápida. Apreté al cero, pero se paró en el piso de abajo, mire hacia la puerta y mi cuerpo se puso rígido completamente al ver entrar a Ricardo, mi amor de años, él me sonrió y de sus labios salió un, “hola Alba”.

No pude contestarle, estaba en estado de shock, me sentía mareada, sólo quería salir de allí lo antes posible. El ascensor era bastante grande, éramos muchos vecinos, y aquel día, qué pequeño me parecía y ¿cuánto tardaba en llegar abajo?, nunca lo había pensado, a mi me parecieron horas. El siguió hablando o intentando hacerlo, también se le notaba nervioso, “¡qué curioso, nos encontramos en el mismo sitio donde nos vimos por última vez!”, mi mente empezó a reaccionar pero no para bien, ahora me sentía enfadada.

¿Dónde nos vimos por última vez?, empecé a recordar de nuevo aquella tarde, cuando vinimos del cine, de pasar una de las mejores tardes de mi vida y él antes de bajarse en su rellano me besó por primera y última vez, no dijo nada mas, solo me besó, yo me fui a mi casa en una nube, no pude dormir en toda la noche y a la mañana siguiente, me arreglé y bajé a su casa, pregunte por él y su madre me dijo pero Alba ¿no te ha dicho nada?, negué con la cabeza y me dio una nota para mí de su parte, mientras me decía que se había ido esa misma mañana a estudiar al extranjero.

En ese momento, me sentí morir, subí a mi casa, me encerré en mi habitación, me senté en la cama, abrí el sobre y leí la nota que decía ” lo siento, no podía despedirme de ti, te quiero”.

El ascensor se paró, él estaba mirándome, esperando que dijera algo, levanté la cabeza y salí sin decir una palabra, sin mirar atrás, decidida hacia la calle, aunque temía que mis piernas me fallaran. Cogí un taxi para ir al trabajo y perderme en mis recuerdos.

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Fin

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