Días de verano

Días de verano. Escritora Argentina de cuentos infantiles. Historias de la playa.

   Queridos amiguitos, se termina el verano.  Lo más importante es que la hayan pasado lindo  y que hayan descubierto lo lindo que es conocer amigos nuevos. Cuando uno recuerda el verano y los amiguitos, la gente nueva, distintas clase sociales, se da cuenta que somos todos iguales.  Estamos todos de malla, algunos hacen castillos de arena, otros saltan las olas que son tan lindas, barrenan, toman sol o juegan a la pelota.
Son recuerdos que ni los chicos ni los grandes olvidamos. Siempre quedan las anécdotas para contar y cuando vamos creciendo nos acordamos de todo aquello que pasamos en verano.

Por eso les voy a contar la historia de Tomás, que fue con sus papis a Mar del Plata.
Tomás tiene dos hermanos Julián y Iván. Apenas llegaron a la playa, sentían una gran timidez  (pero es normal ¿no es cierto amiguitos?).
El primer día les pedían todo el tiempo a los papás que los llevaran al mar, a los juegos, pero con el correr del tiempo ya estaban haciendo pocitos con un montón de amigos.
Tomás, era el más cancherito de los tres hermanos. Era el más grande, bah… tampoco tanto pues tenía 8 anitos, pero él sentía que era mucho más grande que sus hermanitos.
Se hizo compinche de un montón de chicos. Todas las mañanas estaba apurado para llegar a la playa. Cuando llegaban se iba enseguida con sus amigos, sea a la cancha, o al agua. Era hermoso ver su carita de felicidad, sus ojos celestes iluminados de la alegría. No hay nada más lindo que ver a un niño feliz,  da mucho placer no sólo a sus papás, sino a todas las personas.
Tomy, como le decían sus amigos, organizaba siempre los juegos. Los chicos y chicas lo seguían pues el niño tenía alma de líder.
Un día, antes de dormirse, se puso a pensar todo lo que hacia durante el día. Su madre lo encontró pensativo, entonces se acostó con el y le preguntó qué le pasaba, si estaba cansado. Tomy contestó:
– Estoy pensando en lo bien que la estoy pasando ¡Son mis mejores vacaciones!
La mamá se puso muy contenta al escuchar las palabras de su hijo y también por haber podido llevar a su familia a la playa y que la estuviesen disfrutando tanto.
–  ¡Que bueno es eso! ¿No Tomy?

La expresión en el rostro de Tomy cambió. De repente se puso un poco triste. Cuando su mamá le preguntó qué le pasaba, el contestó:

– Estoy pensando mucho en mis compañeros de escuela mami. Falta tan poco para verlos…. No se si ellos habrán podido salir de vacaciones. Yo estoy tan contento y tal vez, otro compañerito esté triste por no haberse ido.
– Te voy a contar algo – dijo su mamá- cuando  yo era chica nunca me fui de vacaciones. Tus abuelos trabajaban mucho y no se podía.  Cuando terminábamos las clases, nos entreteníamos jugando con nuestros amigos en donde fuera hasta la noche.  Yo era muy feliz,  tuve una infancia linda y tengo muchos recuerdos de todo aquello, me quedaron amigos de esa época que vos conoces y nos seguimos viendo y recordando.
Tomy abrazó a su mami y le dijo que se sentía un poco culpable por disfrutar algo que tal vez otros niños no tenían.

Entonces su mamá le contestó:
– No, hijo, no está mal sentirse feliz. Uno siempre debe respetar a los demás. Cuando vuelvas al colegio, escuchá a tus compañeros, todo lo que hayan hecho. Luego les contás vos, pero sin hacer alarde de tus vacaciones y de todo lo que pudiste hacer. Hijito, estamos en una sociedad que no le da valor a la felicidad. Teniendo plata o no siempre se es feliz cuando uno es una buena persona y tiene los valores bien marcados. Los padres nos equivocamos mucho y hay veces que les hacemos creer a nuestros hijos que,  teniendo todo, van a ser mejores personas, y no es así.
Tomy escuchaba atentamente a su mami. Ella siguió hablando
– Por lo único que se tienen que preocupar ustedes, los hijos, es por estudiar y tener un buen futuro. Ser buenas personas y respetar a todo el mundo. Eso es lo más importante.

Tomy se durmió en los brazos de su madre. Ella se sintió muy  bien con la charla que habían tenido.
La mamá se levantó y fue a abrazar a su esposo, quien no entendía nada. Ella le explicó lo que habían conversado con Tomy y los dos se pusieron a llorar y pensaron en que estaban haciendo un buen trabajo como padres.

Nadie nos enseña hacer padres. Tenemos que tener los pies sobre la tierra. No sabemos como va hacer la vida de nuestros hijos cuando crezcan, pero lo que tenemos que tener claro es que siempre hay que hablar con la verdad y darle el valor a la palabra,  que en el fondo,  es la única que no tendría que cambiar nunca…… LA PALABRA

Queridos amiguitos, espero que les quede algo de la charla de Tomy con su madre. Es muy importante ser feliz, pero siempre mirando al otro y si podemos lo ayudamos en lo que podamos, por poco que sea, entre todos construiremos una sociedad mejor.

Los quiero y recuerden siempre respetar a los niños, ellos son nuestro futuro.

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