Alicia, en el país del horror

boca cerrada

Alicia, en el país del horror es una de las historias cortar de la colección cuentos cortos de la escritora de cuentos infantiles María Luisa De Francesco.

Alicia era prima de una amiga. Es una historia que no tiene lazos familiares y sin embargo, la siento más prima que las verdaderas. Por eso, quiero contarles la historia.

Nunca supieron porque Alicia no habló hasta casi los cuatro o cinco años. Tenía una hermana mayor como por tres años, Julia, que fue la que descubrió un día que su hermana no era muda, mucho menos sorda. Desde los dos años hasta los cinco la vida de Alicia transcurría en los consultorios médicos. Especialistas y hasta curanderos pagaron sus padres, gente que no era rica pero sí tenían una buena posición. Viajaron con ella a la capital varias veces al año.

Un día cualquiera Julia le dijo:

– Explicale a mamá por qué no hablás y dejá de joder…

– No hablo porque no quiero, cuando quiera voy a hablar- dijo con voz nítida la pequeña Alicia.

Y a partir de ahí dejaron de llevarla al médico y comenzó la escuela. Era una buena alumna pero no hablaba nunca. Y ya sabemos que a los maestros no les gusta que no se les respondan las preguntas. Sus escritos eran los mejores de la clase, sus orales nunca llegaban a ser aprobados.

Anduvo en varias escuelas, al final terminó su primaria y su bachillerato en un privado donde la cuota, pagada regularmente, importaba más que su silencio. No fue nada extraño que luego les avisara a sus padres que quería enseñar a los niños y niñas hipo acústicos.

Los padres pensaron que era una buena idea, más por Julia que por ella. Julia había iniciado una vida dedicada a la actividad política, una vida muy mala para esas épocas, en una señorita de clase media, andar pensando en razones sociales y económicas, vestirse de humanista, estaba más que prohibido.

Para cuando Alicia logró ingresar a ser traductora de lenguaje de señas, Julia debió pasar a la clandestinidad. Estaba requerida y su vida corría serios peligros. Los padres consiguieron sacarla del país, compraron visas, papeles, documentos, pagaron un pasaje, la enviaron con una familia mexicana que había refugiado también a un compañero de Julia.

Mientras la vida de la familia se agitaba en los vértices de un país que se volvía loco de rencores, Alicia en silencio andaba con los niños sordos, enseñándolos, queriéndolos.

Y el día que llegó el allanamiento a su casa, tampoco quiso hablar y la confundieron con Julia y se la llevaron.

Un año entero estuvo presa, sólo un año porque parece que al final algún comandante pudo entender que Alicia no era Julia, que se parecían mucho pero no eran la misma persona.

Después de doce años volvieron a ver a Julia, regresó de México casada y con un niño hermoso, el encuentro en el aeropuerto fue lleno de lágrimas, abrazos, silencios, miradas.

Y luego en la casa tuvieron que contarle a Julia la verdad: los militares jamás entendieron eso de hacerse la sorda de Alicia, creían que se burlaba, que aguantaba los golpes y por eso, le reventaron los oídos, literalmente, se los arruinaron: ahora vas a ser sorda de verdad le dijeron.

Y la dejaron ir un año después con los oídos destrozados.

Alicia no volvió a hablar: pero abrazada con su hermana en el aeropuerto logró llorar, cosa que tampoco había hecho. Su silencio sigue siendo respetado pero me contó mi amiga que ahora, una mujer que peina canas Alicia, tiene muchísimo trabajo como traductora de lengua de señas.

Ha superado los silencios, se comunica más con sus chicos mudos, pero ha logrado hablar en reuniones o cuando ve a su hermana. Julia en cambio, sigue hablando por las dos aunque cuando está con su hermana, cuando se quedan solas, permanecen ambas en hondos silencios.

Fin

Estas mujeres que habitan mis historias estuvieron en algún momento vivas, rezando, llorando, gozando o lo que fuera que hicieran. Les he dado el título de primas pensando en la gran familia que tuvimos y que ya no es la misma. También las he considerado parientas por la sangre loca que les habitó las venas, por sus dolores y por las pasiones que se gozaron.

Cuento perteneciente a TODAS MIS PRIMAS

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Alicia, en el país del horror es una de las historias cortar de la colección cuentos cortos de la escritora de cuentos infantiles María Luisa De Francesco.

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