Trabajo Infantil. Otra de las tristes realidades que no debería existir.
Tema de la semana: Trabajo Infantil.
Otra de las tristes realidades que no debería existir. Trabajar es cosa de grandes, los niños sólo deberían poder aprender y jugar.
Por Liana Castello

Escritora
Seguramente no es la realidad de nuestros hijos, pero sí la de muchísimos niños que a la edad de jugar, no pueden hacerlo. Deben trabajar, deben llevar plata al hogar, exponerse a peligros y como decía el título de una película “crecer de golpe”.

Trabajar no es cosa de niños, nos toca a los adultos brindarles todo lo que podamos para que ellos se dediquen a aprender, a jugar, a desarrollarse como personas. A disfrutar ni más, ni menos que de su niñez. Sin embargo, por triste que sea no todos los niños pueden hacerlo.
Según la CONAETI (Comisión Nacional para la Erradicación del Trabajo infantil): “Se entiende por trabajo infantil a toda actividad económica y/o estrategia de supervivencia, realizada por niñas y niños, por debajo de la edad mínima de admisión al empleo o trabajo, o que no han finalizado la escolaridad obligatoria o que no han cumplido los 18 años si se trata de trabajo peligroso”.
¿Qué consecuencias trae para un niño, tener que salir a trabajar?
La CONAETI nos lo explica:
“El trabajo infantil arranca de raíz toda posibilidad de futuro para nuestros niños y niñas, los excluye de la educación, los aleja de toda probabilidad de desarrollo intelectual, les quita el derecho al esparcimiento, a la educación, a la inocencia y sobre todo vulnera la integridad de los niños y niñas como sujetos plenos de derechos”. “Otras consecuencias se refieren a las deformaciones que sufren los menores al exponer su cuerpo en desarrollo a esfuerzos físicos prolongados y excesivos” (en el caso del trabajo rural).
El trabajo infantil podría dividirse en dos variantes: el urbano y el rural.
Según La CONAETI Las modalidades que más asume esta problemática en el ámbito urbano son:
Mendicidad; recolección de residuos en la vía pública (cirujeo); venta ambulante; reparto de estampitas en medios de transporte; venta de productos o flores en bares y restaurantes; acompañantes de adultos que venden o mendigan en transportes o en la calle; el realizado en empresas; microempresas o subsidiariamente en grandes empresas; el trabajo doméstico en hogares de terceros o en el propio en ausencia del los padres en forma habitual; la explotación sexual con fines comerciales, la pornografía y el turismo sexual; tráfico de drogas; servicios a automovilistas en la vía pública (limpia vidrios, abre puertas, malabaristas, etc.); lustrabotas; tallerismo.
Por otro lado, esto es lo que nos dice acerca del trabajo infantil rural:

Las actividades laborales es el trabajo junto a los padres, sobre todo en aquellas familias en que los adultos perciben un salario por un trabajo a destajo. Esta modalidad de trabajo con incorporación de niños es muy frecuente en ciertas actividades de la cosecha y en los primeros procesamientos de ciertos productos agrarios, en floricultores y horticultores. Los niños se incorporan a realizar actividades a una temprana edad, primero para cuestiones relacionadas con el mantenimiento del hogar, como el cuidado de los más pequeños del núcleo familiar. A los seis o siete años, los niños comienzan a colaborar en la cosecha del tomate y de la frutilla. A los once o doce años comienzan sus tareas aplicando agroquímicos con mochila.
Peores formas de trabajo infantil, según la CONAETI (Según ley 25.255, Decreto 609/00)
a) Todas las formas de esclavitud o las prácticas análogas a la esclavitud, como la venta y el tráfico de niños, la servidumbre por deudas y la condición de siervo, y el trabajo forzoso u obligatorio de niños para utilizarlos en conflictos armados.
b) La utilización, el reclutamiento o la oferta de niños para la prostitución, la producción de pornografía o actuaciones pornográficas.
c) La utilización, el reclutamiento o la oferta de niños para la realización de actividades ilícitas, en particular la producción y el tráfico de estupefacientes.
d) El trabajo que, por su naturaleza o por las condiciones en que se lleva a cabo, dañe la salud, la seguridad o la moralidad de los niños.
Las formas de trabajo mencionadas en los primeros tres incisos se encuentran en nuestro país encuadradas como figuras delictivas, con lo cual ya se encuentran prohibidas. Sin embargo, el inciso d) considera como peores formas de trabajo infantil, al que por su naturaleza o por las condiciones en que se lleva a cabo daña la salud, la seguridad o la moralidad de los niños y niñas. Resulta difícil detectar un trabajo realizado por un niño o niña que no implique algunos de los estados mencionados, por lo que debemos entender que todas las formas de trabajo infantil constituyen una “peor forma”.
¿Por qué un niño se ve obligado a salir a trabajar?
Podría llegar a haber otras causas, pero sin duda, la de mayor peso es la pobreza. El fenómeno es mundial y Argentina lejos está de estar al margen de este flagelo. Las familias en condiciones de pobreza son cada vez más, por ende la gente que vive en forma marginal también. No hay políticas sociales y económicas suficientes que brinden a los adultos una seguridad económica, la falta de trabajo para los mayores, hace que, muchas veces los menores se vean arrastrados a trabajar ellos también. En una familia excluida social y laboralmente, es muy probable que trabajen también los chicos.
Recordemos dos de los derechos de los niños, que tienen que ver con este tema en particular.
Derecho nro. 7:
“El niño tiene derecho a recibir educación, que sea gratuita y obligatoria, por lo menos en las etapas elementales. Se dará una educación que favorezca su cultura general y le permita, en condiciones de igualdad de oportunidades, desarrollar sus aptitudes y su juicio individual, su sentido de responsabilidad moral y social, y llegar a ser un miembro útil de la sociedad. El interés superior del niño debe ser el principio rector de quienes tienen la responsabilidad de su educación y orientación; dicha responsabilidad incumbe, en primer término a sus padres. El niño debe disfrutar plenamente de juegos y recreaciones, los cuales deberán estar orientados hacia los fines perseguidos por la educación; la sociedad y las autoridades públicas se esforzarán por promover el goce de este derecho”.
Derecho Nro.9:
“El niño debe ser protegido contra toda forma de abandono, crueldad y explotación. No será objeto de ningún tipo de trata. No deberá permitirse al niño trabajar antes de una edad mínima adecuada; en ningún caso se le dedicará ni se le permitirá que se dedique a ocupación o empleo que pueda perjudicar su salud o su educación, o impedir su desarrollo físico, mental o moral”.
Lamentablemente muchísimos padres no pueden atender estas necesidades de los niños, sus realidades no les permiten hacen valer estos derechos para sus hijos. Si no hay para comer, el juego se dejará para más adelante (o para nunca), hay que salir a buscar con qué llenar la pancita.
Pero aún así, cuando hasta de sobrevivir se trate, el hecho de que un niño trabaje mina su condición de niño. Al salir a trabajar no sólo se pierde el espacio del juego, del aprendizaje, sino que tampoco puede ser cuidado como lo que es un chiquito. Todos los chicos deberían estar en sus hogares y no “peleando el mango en la calle” como se dice vulgarmente. Esta realidad cambia sus cabecitas para siempre y lo que es más triste, también cambiará su corazón. Un niño que se ha criado trabajando, no ha sido un niño, algo siempre le faltará y esa ausencia, tarde o temprano se notará. Tampoco habrá podido ir a la escuela, con lo cual su futuro difícilmente sea diferente a su presente.
Son niños expuestos a peligros de todo tipo, en la calle, en el campo, manipulando substancias que dañarán su salud, gastando sus cuerpos es esfuerzos que no corresponden a su edad, son explotados, usados. Con un presente doloroso y un futuro que pide a gritos hacer algo al respecto.
Todos, como ciudadanos de bien, como papás, como seres humanos, debemos hacer lo que esté a nuestro alcance. Pienso en un ejemplo que veo todos los días. Para los que viajamos en subte o en colectivo, se ha convertido en un triste paisaje el ver a niños ofreciendo estampitas, haciendo malabares, cantando canciones por citar algunos de los ejemplos. Allí, a mi entender, tenemos una oportunidad concreta de hacer algo nosotros, los ciudadanos comunes. Uno cree que si no le compra la estampita o colabora con unas monedas, está siendo “malo”, impiadoso y yo creo que lo que deberíamos hacer, no es darles un dinero que no es para ellos. Es preferible comprarles algo de comer, tal vez no es lo que los papás esperan, pero su pancita vacía sí.
Por otro lado, hay un montón de cosas que no dependen de nosotros. Pero siempre es bueno pensar que algo se puede hacer, porque desde ese pensamiento es donde empieza el obrar. El gobierno debe hacer más desde ya. Principalmente, creando una sociedad más justa para lo cual es imprescindible crear fuentes de trabajo. Si los papás y mamás tienen trabajo, no deberán trabajar los niños. También hay que educar a esos papás y mamás para que ellos también entiendan que la calle no es para los niños, que vale la pena educarlos, que sus hijos pueden tener una realidad diferente, pero para eso hay que mostrarles una realidad distinta.
Sepamos que no todo es malo, que sí hay que gente que lucha por cambiar esta realidad.
En junio del 2007, se conformó la Red de Empresas contra el Trabajo Infantil que se formalizó a partir de la firma de un convenio entre el Ministerio de Trabajo Empleo y Seguridad Social, CONAETI y presidentes y directores de más de 50 empresas de primera línea. La red genera y apoya programas para la prevención y erradicación del trabajo infantil funciona en el ámbito del Ministerio de Trabajo Empleo y Seguridad Social y está presidida por la CONAETI.
Ya dijimos que todos podemos hacer, cada uno desde su lugar. Denunciar también es hacer algo por el otro, si Ud. desea denunciar cualquier tipo de situación vinculada con esta triste realidad, puede enviar su mail a la siguiente dirección tinfanti@trabajo.gov.
Quiero agradecer y valorar la colaboración del Sr. Juan Luis Bruno de LA CONAETI, quien me permitió extraer los datos de la página Web, se puso a mi disposición y trabaja, como tantas otras personas en la comisión y otros lugares para que los chicos no trabajen más.
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