Juegos de ayer y de hoy, el juego como eje integrador

niños jugando

Los juegos no nacieron hoy. Ya en la década del 40, el autor Johan Huizinga investigó el origen de los juegos y cómo se relacionan con la cultura. Estos desarrollan un rol fundamental en el nacimiento de una sociedad, están presentes en su construcción y en la cultura.

Todo lo que hacemos de manera cotidiana (oficios, arte, profesiones, labores hogareñas) está impregnado de cómo jugamos en la infancia, los actos de la organización social se aprenden jugando. En muchas civilizaciones los niños aprenden los oficios de un modo lúdico. No es extraño ver a un pequeño lavando los platos o escribiendo en la computadora imitando a uno de sus padres. Así ellos van acercándose al mundo adulto.

En este sentido, los juegos de ayer le transmiten algo al chico. Estos pasan de generación en generación y siempre encierran una tradición que no debe perderse. Es así que los juegos más populares los enseñan los abuelos, tíos y padres sin límites de frontera. Los adultos los han jugado y vivido. Tiene que ver con la perdurabilidad de la cultura de cada región, comunidad y familia.

En la Argentina, donde tenemos una estrecha relación con los adultos mayores y tendemos a integrarlos mucho en las rutinas familiares, se ve, por ejemplo, como se propagaron juegos que se hacen simplemente usando una soga finita y las manos. Este tipo de juegos son clásicos de la Europa Oriental, y lo trajeron a estas tierras los inmigrantes que fueron enseñándoselos a sus hijos y nietos.

Los juegos de ayer se pierden cuando no hay relación entre adultos y niños. En nuestro país hay una tendencia a mantener la estructura familiar, pero otras sociedades no son así y se han olvidado algunas costumbres lúdicas. Esto responde también a una ideología económica y cultural; se palpa que el mercado le resta valor a lo ancestral. Sin embargo, hay algo de la esencia que se va a mantener, que tiene que ver con lo lúdico como posibilitador de la integración en la cultura, es la puerta de entrada.

El juego es el único modo de integración. A lo largo de todas las épocas se dieron patrones lúdicos que se repiten siempre. Así lo describe Daniel Calmels que habla que los juegos en la infancia tienen tres variantes: sostén, ocultamiento y persecución. Estos elementos se repiten pues son acciones que los niños necesitan y deben ir desarrollando para crecer y formar su identidad. Lógicamente, el juego se transforma y conforme pasa el tiempo va respondiendo a las necesidades actuales, a lo que la época requiere de él. Del mismo modo, cambian según el escenario donde se den, no es lo mismo quien juega en el campo a quien lo hace en un departamento en la ciudad.

Es interesante porque, en excavaciones arqueológicas en Arabia, se encontraron dados, y es un elemento que tiene que ver con la lógica del azar, y esa palabra deriva de “az-zahr” que era el nombre que le daban al dado para jugar en esa región. Y, aún hoy, si uno se acerca a comprar a una juguetería el dado sigue siendo el mismo, con las seis caras y los puntos marcando la puntuación.

Claro que es importante traer los juegos de ayer a la actualidad. Hay que ahondar en cómo se generan las conductas para que las generaciones traigan de su memoria las experiencias lúdicas. Los adultos y los niños se pueden unir a través de sus historias y formas de juego. Hay ejemplos como la batalla naval que sigue siendo igual, solo cambia cuán sofisticada pueda ser su forma comercial de hoy, pero todavía se la puede jugar tan solo con un lápiz y un papel.

Si uno investiga en las distintas regiones del país, se puede apreciar el gran bagaje que tienen sus habitantes, y también se puede descubrir que aparece el mismo juego en distintos lugares, pero quizá lo que cambia es solamente el nombre o el material para jugar.

Por último, es importante poder diferenciar el juego en sí de la experiencia lúdica. Una experiencia de juego puede ser escuchar la bocina del tren y salir corriendo a ver si le gana a llegar a determinado punto, y para eso no se necesita un material extra. El juego nace con la infancia y se prologa toda la vida.

Fuente:

Damián Calvo, presidente de Lekotek y Sergio Fajn.

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Coordinador General de Programas de Lekotek.

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