Tomasa y Cubanito



Tomasa y Cubanito. Educación ambiental para niños. Página de cuentos. Cuentos infantiles para escuchar. Lecturas infantiles. Escritores de literatura infantil.

Tema del cuento: Cuidado Ambiental

Tomasa y Cubanito

 Tomasa era una hormiguita muy trabajadora, alegre y sobre todo muy responsable y cuidadosa.
 Tenía su hogar, al que ella llamaba “su mundo chiquito”. El mundo de Tomasa estaba formado por una hermosa casita, plantas y flores, el aire que respiraba, los pajaritos que la alegraban con su canto y el sol que la iluminaba.
 La hormiguita cuidaba mucho su mundito, lo limpiaba, lo protegía, regaba sus plantas y flores, arrojaba la basura sólo en su pequeño cestito y vivía en armonía con todos sus vecinos. También cuidaba especialmente el techo de su casita, ella decía que el techo de dónde uno vive es muy importante.
 En el vecindario, no todos eran como Tomasa. Su vecino de enfrente, llamado Cubanito era una hormiga macho que no cuidaba sus cosas y nada le importaba demasiado, ni su casita, tampoco el techo, ni nada de lo que lo rodeaba. Se la pasaba tirado en el pasto tomando sol, según decía él porque traía esa costumbre del país donde había nacido. Según diría yo, porque era medio vagoneta.
 Cubanito observaba siempre todo lo que hacía Tomasa, como regaba sus plantitas y juntaba sólo las ramitas que estaban caídas por ejemplo. El, sin embargo, las arrancaba de los árboles sin importarle cómo los dañaba. No terminaba de entender por qué la hormiguita se tomaba tanto trabajo para mantener su mundo sano, para él todo daba lo mismo.
 Cierto día, mientras Tomasa sacaba del techo de su casa la basura acumulada, Cubanito se le acercó y le pregunto:
- ¿Oye chica se puede saber por qué trabajas tanto? Digo, tu podrías estar asoleándote y tomando un refresco.
- Si yo no cuido el techito de mi casa, se terminará arruinando y  no quiero. El techo es una parte muy importante de la casa de uno.
- Creo que tu te haces demasiado problema ¿sabes? Mejor haz como yo y ¡disfruta chica, disfruta!
- Ud. es el que debería hacer como yo ¿acaso no vio lo sucia que está su casa? el techo está empezando a dañarse, todo lo que lo rodea es un basural ¿de verdad no se da cuenta?
- Pues tu sabes chica, ya te lo he dicho, te haces mucho problema, así no llegarás a vieja, mejor me voy a tomar otro poquito de sol ¿vienes?
- No gracias, yo me quedo trabajando – dijo Tomasa.

 Como había dicho, Cubanito se fue a tomar sol y siguió haciéndolo casi todo el día. El sol nos da energía necesaria y un calorcito muy lindo, pero también hay que tener cuidado, hay que usar protección y no estar demasiado tiempo.
  Cubanito lo sabía, pero, como con la mayoría de las cosas, no le daba importancia. Ese día empezó a aprender la lección.
 Tanto estuvo al sol que se quedó dormido, de repente el olor a quemado lo despertó:
 - ¡Pues chico algo se está quemando aquí, qué vaina chico qué vaina! Empezó a decir Cubanito y  cuando se dio cuenta que lo que se quemaban eran sus pequeñas patitas, se puso aún más nervioso.
 - ¡Pues que vengan los bomberos chico! ¡Llamen a las autoridades soy un mulato joven para morir!�
  Tomasa, quien estaba regando sus flores, escuchó los gritos de su vecino y salió a socorrerlo. Con el agua de su regadera apagó el fuego de las patas y Cubanito respiró aliviado.
- Le dije que no tomara tanto sol, el exceso de sol es malo tanto para sus patitas, como para todos. Rezongó Tomasa.
- ¡Pues tu sabes que tienes razón chica! Gracias por salvarme, lo tendré en cuenta por si te asoleas demasiado tu alguna vez.
- No hará falta gracias, mejor limpie un poco el techo de su casa que buena falta le hace. Dijo la hormiguita y se fue.

Sin embargo, Cubanito no le hizo caso, pasaron los días y el techo de su casita cada día estaba peor, la suciedad acumulada y el poco cuidado había empezado a debilitarlo, tanto es así que un pequeño agujero se había formado y cada día que pasaba ese agujero se hacía más grande.
Una noche se desató una lluvia muy fuerte. Por el agujero -ya de tamaño mediano- empezó a entrar agua, mucha agua.
- ¡Que me ahogo chico que me ahogo! Gritaba muy asustado ¡Que alguien detenga esto, es que no se nadar que vaina!
 Tomasa se despertó sobresaltada y viendo que otra vez su vecino estaba en problemas fue a ayudarlo. Se puso su pequeño piloto, subió al techo de la casita, retiró la suciedad y reparó los daños.  Cuando bajó muy enojada le dijo al mulato.
- ¿Qué no le dije que cuidara de su techo? El techo de nuestro mundo también nos protege y Ud. no cuidó el suyo ¿vio las consecuencias de no cuidarlo?
- ¡Claro que las veo chica, mirá estoy empapado, si parezco un alga marina de las que hay en las playas de mi país!
- ¡Qué alga ni alga! Contestó muy enojada Tomasa.  Si yo no llego a tiempo Ud. no cuenta el cuento ¿se entiende?
- Se entiende, chica, se entiende. Respondió Cubanito con la cabeza baja y un poco de culpa. No la suficiente para terminar de aprender la lección.

  Al día siguiente y para secar todo lo que había quedado húmedo de la tormenta del día anterior, la hormiga mulata decidió hacer una fogata. Una vez más no hacía lo correcto, no sólo porque estaba encendiendo fuego donde no debía, sino porque en vez de recolectar las ramitas ya caídas de los árboles empezó a arrancarlas.
 Los árboles, muy dolidos y enojados le contaron a Tomasa acerca de su vecino. La hormiguita quien no sólo protegía su mundito, sino el de todos, una vez más fue a hablar con él.
- Pues relájate chica ¿qué hacen unas ramitas de menos?, ya les crecerán, pues tu sabes.
  Dicho esto, se fue con sus ramas a hacer fuego donde no debía. Demás está decir que otra vez hizo lío, y prendió fuego a todo su alrededor, poniendo en peligro a los árboles, las plantas, las flores y a todos los bichitos del lugar.
 Una vez más, y ya algo cansada, Tomasa fue en ayuda de su vecino. Ya no sabía cómo hacer para que Cubanito entendiese que había que cuidar el mundo de todos.
- No ha pasado nada chica! Nos hemos salvado, Aleluya, aleluya! Daré una fiesta en tu honor por haberme salvado una vez más ¡Ven a gozar chica!
- No gracias, no quiero una fiesta, sólo le pido que entienda y haga las cosas bien. Nos pone en peligro a todos.

Estaba visto que no era el momento de entender para Cubanito. Invitó a todos sus amigotes, tan sucios y descuidados como él. Luego de la fiesta, el vecindario quedó hecho un basural: latas, comida, envases, cartones, todo tirado. Por supuesto, ninguno de ellos lo limpió.
Era tal la basura tirada, que se taparon cañerías, desagües y algún que otro pozo que había en el pasto.
Como no es de extrañar, una vez más Cubanito se metió en problemas. Cayó dentro de uno de los pozos que estaba tapado por la gran cantidad de basura que él y sus amigos habían dejado tirada. Empezó a gritar:
- ¡Qué vaina chico que ha pasado! ¡qué me he caído, que alguien venga a socorrerme! ¡Qué esto huele horrible!
Todos en el vecindario escucharon los gritos. Arboles, flores, plantas, pajaritos, vecinos y por supuesto Tomasa.
Como lección y para que de una vez por todas Cubanito aprendiera, decidieron entre todos no sacarlo enseguida del pozo.
- Pues qué pasa chico que no viene nadie? Qué se han ido todos? ¿Qué nadie  me ayudará a salir de esta inmundicia?
Tomasa, asomada desde arriba le dijo:
- Como diría Ud., “pues ahí se quedará chico”, a pensar cómo se ha comportado hasta ahora, justo ahí en medio de la suciedad, de la cual parece disfrutar mucho.
  Allí lo dejaron el tiempo suficiente como para que esta hormiga descuidada pudiese empezar a pensar en cómo se había comportado hasta ahora.�
En medio de ese oscuro pozo lleno de basura y mal oliente todo era muy triste. Cubanito no podía hacer nada más que pensar y taparse la nariz de a ratos. Cuando miraba hacia arriba y veía el cielo, la luz, el sol, escuchaba el canto de los pajaritos y las voces de sus vecinos, empezó a darse cuenta que afuera existía un mundo. Un mundo lleno de cosas bellas que él había arruinado, un mundo que merecía protección, cariño y cuidado.
Pasó el tiempo, Cubanito salió muy distinto del pozo en el cual había caído, ya no era la misma hormiga. Ahora era el primero en cuidar el vecindario. Es más se ofreció recolectar la basura de todos los vecinos. Hacía su trabajo con un gorrito puesto, protección solar y mucha alegría, mientras se lo escucha decir:
- ¡Qué vaina chico, qué vaina! ¡Cuánta basura tira la gente pues tu sabes!

Fin

Para pensar y conversar con papá y mamá:

- ¿Cuál es tu actitud frente al medio ambiente?

- ¿Te das cuenta que está en nuestras manos cuidar más este mundo y no dañarlo como lo estamos haciendo?

- ¿A qué te parece que se refiere Tomasa cuando habla del “techito de casa y agrega que éste es muy importante”?

- Si algo no estás haciendo bien ¿Te comprometes a cambiarlo para que todos vivamos mejor y nuestro mundo no sufra?

Tomasa y Cubanito
Autora: Liana Castello
Escritora de cuentos infantiles

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