Día Mundial de la Tierra – 22 de Abril

Día Mundial de la Tierra – 22 de Abril
Planeta Tierra

El 22 de Abril de 1970, miles de ciudadanos estadounidenses se manifestaron intensamente saliendo a las calles en reclamo a la falta de interés por parte de entidades gubernamentales sobre la implementación de políticas que fomenten ambientes saludables y sustentables. A partir de semejante demostración, gran número de leyes de protección ambiental comenzaron a ser tratadas y discutidas, para finalmente ser aprobadas, dando lugar a la formación de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos como órgano gestor y garante ante cualquier tipo de implicancias de seguridad ambiental.
De ésta manera, cada 22 de Abril, conocido como el Día Mundial de la Tierra, se conmemora y revalida las manifestaciones populares en reclamo de todo derecho que garantice el progreso de la Humanidad junto al cuidado del Medio Ambiente; se fomenta la conciencia global y se desarrollan actividades de difusión y concientización sobre el estado en que se encuentra el planeta.
Como es de público conocimiento, la actualidad que vive el planeta es crítica: Presenta un intenso debilitamiento de la capa de Ozono debido a los altos niveles atmosféricos de gases nocivos; poco a poco comienza a aumentar la escasez de agua dulce y potable, tanto por variaciones en la temperatura típica regional como por interferencia directa del ser humano; bosques y selvas enteras son taladas indiscriminadamente, destruyendo miles de años de desarrollo natural y un incalculable potencial de progreso científico y social; sin profundizar en las entramadas relaciones que cada entidad en el planeta presenta con el ambiente que compone. Estamos viviendo una época clave para la toma de decisiones revolucionarias que mejoren de manera significativa el modo en que nos relacionamos con nuestro entorno. Es nuestra responsabilidad tomar cartas en el asunto, antes de que sea demasiado tarde.
Fundación Agreste propone desarrollar brevemente qué innovaciones se están estudiando actualmente para enfrentar las diversas problemáticas que aquejan a nuestro planeta.
La energía eólica es una de las herramientas que muchos países desarrollados, entre los cuales se destacan Dinamarca, Reino Unido y España, están implementando como un mecanismo de disminución a la dependencia de combustibles fósiles. El viento, que nace del calentamiento solar del aire y la diferencia de presiones a las que se encuentran sometidas, puede llegar a aportar hasta cinco veces la demanda mundial de energía si se realizan las mejoras necesarias para perfeccionar su aprovechamiento. Hoy, sólo se emplean los vientos horizontales, producidos a bajas altitudes, que presenten una velocidad media, ni muy baja ni demasiado alta y necesitan extensiones de terreno regulares que presenten la menor cantidad de obstáculos que puedan producir turbulencias que resten potencia al viento, es por esto que hay una tendencia a realizar instalaciones de hélices eólicas sobre la plataforma marítima. El mayor problema que presentan éstas instalaciones son los costos, mayores que los terrestres, para su construcción. De cualquier manera, hay que considerar al esfuerzo económico inicial como una inversión recuperable al corto plazo, teniendo en cuenta la fuerza y constancia que presenta los vientos marinos.
Encaminados bajo la misma línea de investigación, los biocombustibles de segunda generación  (2G) presentan nuevas esperanzas de implementación. Su principal mejora consiste en la implementación de materias primas que no conforman ninguna red alimenticia y presentarían una gama de tierras en las que se pueden producir mucho más amplia por lo que la utilización de fertilizantes y plaguicidas sería menor. Sin embargo, la pretensión de los Objetivos del Milenio de alcanzar por lo menos una décima parte de combustible renovables en el mercado mundial está muy lejos de concretarse, particularmente por la falta de grandes inversores que fomenten y fortalezcan los desarrollos alcanzados. Muchos investigadores sostienen que a pesar de los adelantos alcanzados, la mejor opción que conserva altos niveles de eficiencia y disminución de polución aérea es la renovación de lo actuales motores a combustión por motores eléctricos. Por lo pronto, el futuro de la aplicación de los combustibles en medios de transporte sigue siendo un enigma, principalmente por las cuestiones que se presentan al momento de la generación de residuos.
Para solicitar mayor información:
Fundación Agreste – [email protected] Tel./Fax: +54-11-4952-8843
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