Derrame Exxon Valdez

Derrame Exxon Valdez (24 de marzo de 1989) Referencia internacional de las consecuencias ambientales a partir de la irresponsabilidad humana.

El buque Exxon Valdez forma parte de la historia mundial como ejemplo tangible del poco alcance de nuestra conciencia global como seres humanos. Los sucesos que culminaron con el derrame de cuarenta mil toneladas de petróleo crudo a las vírgenes aguas del Océano Pacífico, están empapados de imprudencia y desprecio hacia el equilibrio del que formamos parte.

La empresa, dueña del buque, no contaba con la cantidad mínima de tripulantes necesaria para embarcar un navío de semejante envergadura, teniendo en cuenta que la cantidad total de petróleo que el buque transportaba era alrededor de 200 mil toneladas de crudo; como consecuencia los turnos y sus rotaciones eran de mayor continuidad y los tiempos de descanso de menor proporción. En el informe oficial se hace referencia sobre el estado de ebriedad del capitán de mayor cargo, pero no lograron vincularlo directamente con el accidente, debido a que en el momento que se produce la rasgadura de uno de los contenedores del buque con un inmenso iceberg, el capitán se encontraba en su tiempo de descanso y la responsabilidad estaba a cargo de un oficial novato. Todos los intentos de desviar la nave de la trayectoria de impacto fueron nulos, ya que una nueva negligencia habría de transformar todos los esfuerzos en una mera pérdida de tiempo. La falta de comunicación entre la tripulación y el capitán de menor experiencia a cargo, fue la gota que terminó por rebasar el vaso. Durante el cambió de puesto y ante la tranquilidad que presentaba el itinerario a realizar, el joven capitán activó el modo de navegación automática del buque dejando sin respuesta cualquier modificación manual que se pudiera accionar. De ésta manera, una vez detectada la amenaza de impacto, todas las modificaciones que se intentaron realizar para evitar el accidente fueron anuladas por el sistema de navegación.

Sin embargo, las deficiencias no empiezan ni terminan dentro del buque. Una vez sucedido el derrame, nuevas inoperantes decisiones fueron dadas a luz. Las valiosas primeras horas, en las que se deben hacer los trabajos más exhaustivos para evitar la difusión del líquido contaminante, fue empleado entre la empresa Exxon Mobil y la Guardia Costera de los Estados Unidos para determinar el responsable legal y económico del desastre ambiental que acababa de ocurrir. Las acciones de saneamiento y eliminación del petróleo se vieron demoradas aún más debido a que la compañía había eliminado su departamento de Seguridad Naval, tras considerarla irrelevante y un gasto innecesario de dinero ante su  impecable trayectoria: ningún accidente durante todo el tiempo de trabajo, quedando desprovista de las herramientas y embarcaciones indispensables para enfrentar una situación de inmensa magnitud. Además, la falta de información y de antecedentes comparables, llevó a los encargados del saneamiento a realizar métodos de prueba y error hasta encontrar el método más eficiente para la correcta extracción de todo el petróleo y crear menores impactos ambientales extras.

De éste modo, cientos de miles de especies animales y vegetales desaparecieron en muy poco tiempo simplemente por imprudencia humana. Todo un ecosistema que hasta ese momento no había sentido la presencia de la mano del hombre, se vio completamente desestabilizado y corrió el riesgo de desaparecer por completo. Tan fuerte ha sido el impacto que ni siquiera hoy en día se pueden realizar estimaciones certeras de los valores exactos de las pérdidas ocasionadas debido al accidente. Y tan lenta fue la respuesta de restitución ambiental que no ha quedado ni un centímetro de las costas de Alaska que no presenten alguno, sino todos, de los hidrocarburos estructurales del petróleo. Sin olvidar el grave daño que produjo en la cultura y la economía de las poblaciones costeras, que durante cientos de años habían vivido de la pesca marítima. Si bien la empresa Exxon Mobil ha cumplido con las indemnizaciones mas grandes registradas en el historial jurídico norteamericano, el impacto social que acarrea la imposibilidad de realizar el trabajo con el que prácticamente nacieron, deja insuficiente cualquier recompensa monetaria con la que se lo quiera reemplazar.

De éste modo, el derrame del buque Exxon Valdez debe llevarnos a la reflexión, debe presentarnos el complejo sistema de interrelaciones del que formamos parte, donde cada eslabón es tan importante como su predecesor, debe exaltar la facilidad con la que podemos romper ésta red de eslabones y finalmente hacernos recapacitar sobre las responsabilidades que implican las decisiones que tomamos.

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