Salgar, la estrella de luz

niñas y estrellas

Salgar, la estrella de luz es uno de los cuentos infantiles de la colección cuentos de estrellas de la escritora Elena Ramírez Martínez.

Como cada noche, el firmamento lucia engalanado por sus miles de estrellas plateadas. Cada una de ellas en su lugar específico, marcando su figura estelar, y sirviendo de guía de muchos de los hombres que en tierra seguían cada uno de sus pasos.

De entre ellas destacaba la pequeña Salgar. Resplandecía como sus hermanas, pero a diferencia de ellas, nunca se encontraba en el mismo lugar. Siempre se estaba moviendo, era ligera e inquieta, y cada día quería estar en un sitio diferente.

No le gustaba estar cada noche en el mismo lugar, quería conocer y ver a los pequeños seres que tenía bajo ella, estaba entusiasmada por ellos. Los veía en sus pequeñas y lejanas casitas, con sus niños, animalitos y todo un sinfín de sueños y fantasías que imaginaba sobre ellos. Estaba atónita de todo lo bello que era observarles desde el cielo, no sabía si ellos también admiraban la belleza de su firmamento, de su casa, pero ella francamente desde su desconocimiento, estaba entusiasmada
porque cada noche llegara para admirarlos y compartir sus alegrías.

De todos estos seres estaba encandilada por una pequeña niña pelirroja de grandes ojos verdes, desde arriba se la veía tan bella y al mismo tiempo tan triste. Cada noche se observaban mutuamente, y en lo más profundo de su ser es como si sintiera esa melancolía y como si su pequeña observadora le hablara.

Un día deambulando por el ancho cielo, una de las estrellas mayores Larut la frenó toscamente mientras ella corría en busca de su pequeña amiga desconocida.

– Mi querida Salgar, ¿A qué viene tanta prisa, cuál es tu necesidad para corretear por este nuestro cielo sosegado?

Salgar frenó en seco, y mirando con pesadumbre a Larut le dijo:

– Larut, perdona mis carreras, acaba de anochecer y en nuestro ancho cielo no encuentro entretenimiento que calme mi inquietud, estoy profundamente apasionada por los pequeños seres que tenemos debajo nuestra, no sé nada de ellos, y son tan bellos … Larut interrumpió a su pequeña estela de brillo.

– Ay Salgar ¿A qué se debe tanta inquietud ?,¿Tanto querer saber ?, ¿No tienes aquí todo cuanto una estrella joven de tu talante pudiera necesitar ? Eres ingenua e inexperta, y hay cosas que se escapan a tu entendimiento.

– Salgar: Lo sé Larut, pero ¿por qué nadie comenta sobre estos seres, por qué nadie me dice quiénes son ?

– Larut: Salgar creo que no soy yo quién debiera explicarte más allá de tu conocimiento, si durante diez noches continuas con tus pequeñas dudas, dirígete a Blunam.

Salgar abrió sus pequeños ojitos celestes muy sorprendida, ¿conocer a Blunam ? Sólo la conocía de oídas y porqué la veía siempre esplendorosa, radiante, blanca y sonriente allí siempre en cada noche estaba ella, era la más bella, la más grande era la Gran Luna, pero  ¿cómo se acercaría a ella ? ¿Podría hablarle con facilidad ?,Se la veía tan cercana y lejana al mismo tiempo.

Salgar había escuchado multitud de historias sobre ella, pero nunca se había acercado. La veía siempre tan digna, presidiendo sus noches, tan misteriosa y al mismo tiempo tan mágica, que ¿cómo una humilde estrella como ella podría tener algún tipo de contacto con ella, con la majestuosa
Blunam?.

Ensimismada entre tanto pensamiento, Larut rompió su silecio:

– Salgar, mi querida estrella de Luz no debes temer nada, somos todas sus hijas, todas nos debemos a ella, puedes tener acceso a Blunam sin problema, no tengas
miedo.

Salgar esbozó una leve sonrisa y cabizbaja le sonrió, y contestó:

– Larut esperaré estos ansiados diez días, muchas gracias.

Cada uno de los días se le hacían eternos a la pequeña Salgar, ansiaba la noche más no por ello se le hacía menos corta, las noches eran interminables en esta larga espera.

Llegó el décimo día. Una gran noche acontecía, Salgar estaba nerviosa, por fin había llegado su gran día, conocería a Blunam y podría preguntarle todas sus dudas sobre sus pequeños amiguitos de la tierra. Tuvo que surcar la parte más oscura de la noche, y conforme se iba aproximando una gran luminosidad inundaba el cielo estrellado, era la primera vez que veía esa luz cegadora tan de cerca. Allí estaba, Blunam se encontraba ante ella, era más hermosa si cabe de cerca, irradiaba tranquilidad y armonía, y parece ser que la estaba esperando. Mientras Salgar sigilosa se aproximaba, los grandes ojos de Blunam se posaron sobre ella.

– Mi querida Salgar, te estaba esperando, tenía ganas de conocerte

Salgar por unos instantes no pudo articular palabra, era increíble estaba ante ella y le estaba esperando, estaba emocionada y al mismo tiempo atónita por tanta atención por parte de Blunam.

Con ojos cariñosos la gran luna le miraba y Salgar pudo por fin hablar:

– Mi venerada Blunam es todo un honor que puedas disponer de unos minutos para mí en esta mágica noche, disculpa mi osadía, pero me gustaría saber más sobre los seres que tenemos debajo nuestra, y en especial de la niña pelirroja a la que sigo desde hace un tiempo.

– Blunam: Salgar el placer es todo mío, que con tu grata presencia vengas a mí para trasladarme tus inquietudes.

Los seres que desvelan cada uno de tus sueños en las noches son los Hombres, seres de nobles sentimientos, los cuales sienten una profunda admiración por la noche que les cobija y alumbra cada uno de sus días oscuros. La pequeña por la que sientes tanta debilidad es Rosita, es una niña muy especial, es diferente al resto.

Salgar muy preocupada, le preguntó:

– ¿Por qué es tan especial ?

– Rosita no puede caminar con facilidad y no puede correr como el resto de niños, es por ello que tiene esa tristeza en su mirar.

Salgar no podría creer lo que estaba escuchando, su apreciada amiguita desconocida no podía correr, saltar y caminar, ya se explicaba esa melancolía, esa fría mirada en cada noche.

Salgar no pudo contener las lágrimas, que comenzaron a resbalar por su suave rostro
plateado.

Ensimismada en estos pensamientos, rápidamente se dirigió a Blunam y le dijo

– ¿Qué puedo hacer yo por ella ? Quiero ver la alegría en su mirada, en sus noches. Que contemple nuestro amado cielo con el brillo de la felicidad.

Blunam bajó la mirada:

– Salgar se puede hacer algo pero requiere mucho sacrificio por tu parte

Salgar sonriente la interrumpió: Lo haré, lo haré Blunam, cuenta conmigo.

– Mi pequeña y linda estrella, como habrás observado cada noche Rosita mira apesadumbrada nuestro ancho cielo, y en concreto a cada una de sus lindas estrellas, de las cuales velo yo por ellas.

Rosita está a la espera de ver una estrella fugaz para pedirle su ansiado deseo, poder jugar como otra niña cualquiera, pero como bien sabes al convertirse en fugaz la estrella será por siempre terrenal y abandonará nuestro
querido cielo.

A Salgar le cambió la expresión, tendría que dejar atrás todo cuanto conoce, tendría que dejar la noche, sus hermanas estrelladas y la gran Luna Blunam conocedora de tanto desconcierto, prosiguió:

-Pero dejando el cielo estarás en la tierra y nos verás desde abajo, conocerás a sus gentes y maravillosa vida.

A Salgar le cambió la cara, era el último empuje que necesitaba, estaría con Rosita para siempre, y podría estar cerca de estos maravillosos seres, los hombres.

Blunam, sin que mediara más palabras con Salgar sabía de sus pensamientos, así que la cogió con sus manos y la sopló fuertemente haciendo que Salgar se convirtiera en una linda estrella fugaz.

Mientras, su querida amiga Rosita contemplaba el cielo, Salgar desde el firmamento le sonrió y desde ese momento Rosita juega alegremente gracias a la pequeña pero gran estrella Salgar.

Fin

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Salgar, la estrella de luz es uno de los cuentos infantiles de la colección cuentos de estrellas de la escritora Elena Ramírez Martínez.

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