Ernestito y sus blancos dientes

niño lavandose los dientes

Ernestito y sus blancos dientes es uno de los cuentos educativos del escritor de cuentos infantiles Rafael Di Natale sugerido para niños a partir de siete años.

Había una vez, un niño llamado Ernesto, aquel niño era un buen estudiante, un gran amigo y un tremendo futbolista, pero tenía un defecto, no le gustaba lavarse los dientes.

— ¡Ernesto! ¡Ernesto! —gritaba la mamá.

— ¡Aquí estoy en mi cama, mami!

— ¡Recuerda cepillarte tus dientes, hijito!

— ¡Claro, mamá!, en cuanto termine de leer este cuento me los cepillo.

Pero al terminar de leer el cuento, el sueño vence a Ernestito, quien queda dormido. Al día siguiente en el desayuno su mamá le reitera a Ernestito:

— ¡No te olvides lavarte tus dientes!

—Sí, dijo él, pero por el apuro y la pereza no lo hizo.

Por la tarde al regresar de la escuela, Ernesto trae un examen con un veinte de nota, su madre lo abraza, felicita y le dice: ¡estoy orgullosa de ti, hijo! Ernestito estaba muy contento, tenía buenas notas, buenos amigos y una familia muy unida y feliz.

Aquella noche Ernestito se acostó nuevamente con su libro favorito, al terminar recordó lavarse los dientes, pero le dio flojera salir de su tibia cama al frio baño, así que pensó: mañana sí me lavo los dientes. Es así que Ernestito guardó su libro, acomodó su almohada y cayó profundamente dormido, de repente sintió algo que se movía, al voltear, vio a una inmensa criatura verde que lo asustó.

— ¿Quién eres tú? —preguntó Ernestito.

—Soy un terrible germen.

— ¿Un qué?

— Un germen y vengo a agradecerte.

— ¿A mí, por qué me agradeces, germen?

—Porque tú comes ricos dulces de todos los colores y no te lavas los dientes cada noche, y eso me ha permitido avanzar e ir picándote los dientes. Ahora soy fuerte y puedo picarte tus dientes y el de los demás. Gracias nuevamente, Ernestito, que soy tan grande que hasta puedo morder un mármol.

Dicho esto el gigante germen empezó a morder la cama de Ernestito haciéndolo pedazos. Luego hizo lo mismo con la puerta y después con el ropero. Ernestito estaba aterrado y sudaba en cantidad, quería gritar pero no podía, de pronto saltó de su cama y descubrió que era una pesadilla.

—Caray, no sabía lo peligroso que era no cepillarme los dientes. Felizmente mamá me compró un buen cepillo y con ayuda de la pasta dental le haré combate a los gérmenes. —dijo para sí mismo.

Por la mañana Ernestito se levantó muy temprano, desayunó y de inmediato fue a cepillarse los dientes.

— ¡Mamá! ¡Mamá, mírame, estoy cepillándome los dientes! —gritó Ernestito desde el baño.

— ¡Qué bueno, Ernestito!, ¿y quién logró que por fin descubrieras la importancia del buen cepillado?

—Un amigo, un monstruoso amigo. —Bromeó él.

Desde aquel día, Ernestito se cepilló y cuidó sus dientes que hasta el día de hoy permanecen blancos y completos. Hoy, si vas a un consultorio, tal vez tengas la suerte de ser atendido por un joven odontólogo llamado Ernesto, quien es uno de los mejores dentistas del mundo y que de niño aprendió la importancia del buen cepillado, gracias a un monstruoso amigo.

Fin

Ernestito y sus blancos dientes es uno de los cuentos educativos del escritor de cuentos infantiles Rafael Di Natale sugerido para niños a partir de siete años.

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