El semáforo que un día se cansó

El semáforo que un día se cansó

El semáforo que un día se cansó

El semáforo que un día se cansó. Cuentos infantiles cortos.

Una mañana, muy temprano, el semáforo de la esquina de mi casa no quiso trabajar más. Cerró sus ojos, y sus tres colores dejaron de verse.

Entonces los conductores de los autos, camiones y colectivos se detuvieron sin saber qué hacer. ¿Avanzar? ¿Tocar la bocina? ¿Detenerse hasta que aparezca el verde? Y lo mismo les pasó a los padres y los chicos, a los abuelos y los tíos. No sabían si cruzar la calle o esperar que los autos pasaran.

Todo el barrio enloqueció. Nadie sabía qué hacer. Entonces llegó un policía para dirigir el tránsito.

Hacía sonar su silbato y movía las manos para indicarles a los autos que avanzaran o se detuvieran.

Sin embargo, el semáforo seguía sin funcionar.

Luego de varios días, llegó un camión con un nuevo semáforo. Sacaron al viejo semáforo que ya no mostraba sus colores y se lo llevaron. Mi mamá me explicó que lo cambiaron porque el viejo había dejado de funcionar.

Dicen que el semáforo de la esquina de mi casa dejó de funcionar, pero estoy seguro que en realidad se cansó de que nadie lo respetara, que los autos pasaran cuando se ponía rojo, y que los peatones cruzarán cuando no debían. El semáforo se cansó de que nadie le prestara atención.

Fin

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