El rayito Galilei. Historias fantásticas

El rayito Galilei. Historias fantásticas

El rayito Galilei. Historias fantásticas

Historias fantásticas. Cuentos de rayos.

Cuento sugerido para niños a partir de nueve años.

Como cada noche de Tormenta, el cielo lucía alborotado dentro de su oscuridad, las nubes estaban cargadas de lluvia, y contentas por este tipo de noches entre risas y algarabía, estaban esplendorosas.

Los truenos y los rayos hacían cola para saltar en mitad de la noche, para ellos era motivo de alegría, cada vez que la tormenta se avecinaba podrían dar enormes saltos e iluminar la noche, incluso algunos llegarían a tocar tierra por vez primera.

Todo ello llevaba un enorme protocolo, el cual por todos ellos era seguido.

Las nubes se inflaban como si de globos se trataran, y cuando llegaban a su máximo esplendor, dejaban caer las simpáticas gotas de lluvia plateada. Los rayos preparados en fila, iban saltando de uno en uno cada tres o cuatro minutos, y le seguían muy de cerca los truenos que rompían el silencio de la noche.

De estos rayos, destacaba el pequeño Galilei, era joven e inexperto y todavía no se había estrenado en las noches de tormenta, pero él sentía que ese sería su día, el gran estreno de su primer salto, hecho muy importante de entre los rayos, ya que significaba su mayoría de edad, y por ello Galilei estaba tremendamente nervioso.

Siempre a los pequeños que daban su primer salto los dejaban los últimos, una vez que los más maduros saltaban y hacían tremendas demostraciones de maestría, dejando a todos ellos perplejos con aquellas exhibiciones.

Así tras una larga e interminable espera le tocó el turno a los rayitos primerizos, era muy gracioso observarles, porque apenas resplandecían, terminaban exhaustos, y en muy pocas ocasiones iluminaban el cielo. Así llegó el turno de Galilei, todos estaban expectantes pues era el único que faltaba, así que todos esperaban su gran estreno. De esta manera con todo el mundo mirándole, cogió mucho impulso y dio un enorme salto con el que iba iluminando por dónde pasaba, y ya cuando la vista no alcanzaba verle, un trueno rompió aquel paisaje haciéndolo más majestuoso.

Todos quedaron con la boca abierta, no era normal que un rayo novel hiciera esa gran demostración sin tener experiencia alguna, eso no significaba nada más que sería el elegido, el hijo del Rayo Mayor Neón, todo el mundo había oído hablar de él, pero nadie lo conocía.

Así, todos esperaban el regreso de Galilei, el cuál cuando llegó se sorprendió bastante, ya que todos lo estaban esperando, y el mayor de los Rayos se aproximó a él.

– Galilei, has demostrado un gran salto y destello de luz, debido a tu edad es bastante inusual, y tememos que seas hijo del Gran Rayo Neón

Galilei no podía creer lo que estaba escuchando, ¿él hijo del Gran Neón?, había escuchado multitud de historias sobre él, pero nunca pudo imaginarse algo así.

Todos fueron a la gran montaña de Epson, dónde las leyendas decían que se encontraba el Gran Rayo Neón, así Galilei iba seguido por todos aquellos que lo habían visto madurar como Rayo, y que nadie pudo nunca imaginar aquel desenlace.

Una vez llegaron a la montaña de Epson, dejaron a Galilei sólo ante su entrada, ya que parecía ser que únicamente tenía derecho a entrar aquel quien fuera descendiente de Neón, así si Galilei pasaba la montaña quedaría demostrado que él era también un Gran Rayo, descendiente directo del más grande que había existido, solo se introdujo en la montaña, no podía ver absolutamente nada, se iluminó un poquito para poder prosiguió su camino, y allí había una gran piedra con una inscripción:

AQUEL QUE ALGÚN DÍA PUEDA ATRAVESAR LA MONTAÑA DE EPSON E ILUMINE SU PASO, SERÁ EL GRAN GALILEI HIJO DEL GRAN NEÓN, Y POR ELLO SERÁ QUIÉN TERMINE CADA NOCHE DE TORMENTA, CON EL GRAN RAYO QUE LLEVA DENTRO

Galilei, estaba totalmente sorprendido, así que totalmente orgulloso de pertenecer a tan noble casta, salió de la montaña, mientras todos gritaban de júbilo, resplandecían, tronaban etc.

El Rayo mayor se acercó a Galilei:

– Eres el que estábamos esperando, el hijo de Neón, el que terminará con las tormentas con el último gran Rayo, así está escrito y así será

Así uno a uno fueron bajando como rayos, y cuando ya no quedó ninguno, el cielo
se iluminó con el pequeño pero Gran Rayo Galilei.

Fin

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