El bibliotecario. Cuentos para toda la familia

Cuentos para toda la familia

El bibliotecario. Cuentos para toda la familia

Cuentos para toda la familia. Cuentos infantiles con enseñanzas.

Cuando yo era chico, mi papá me regaló un libro de tapas duras, con muchos colores. Se llamaba “El bibliotecario”, y contaba la historia de un hombre que trabajaba en una gran biblioteca. Y claro, ¿dónde va a trabajar un bibliotecario si no es en una biblioteca, no?

Este hombre llamado Jorge, amaba mucho a los libros y sus historias. Leía y leía todo el día. Así había aprendido todo lo que sabía. Pero un día perdió la llave de la gran biblioteca del pueblo, y no pudo entrar. Lo primero que hizo fue ir a buscar al cerrajero del pueblo para que lo ayudara. Pero la puerta no se pudo abrir: tenía una cerradura, tan dura, tan dura, que sólo un mago podría abrirla.

Entonces fue a buscar un mago. Sin embargo, el maravilloso mago tampoco pudo abrirla. Llamó entonces a la policía, a los bomberos, a los maestros, a los forzudos, a todos los chicos del pueblo, para ver si entre todos podían abrir esa puerta gigante. Pero por más fuerza que hicieron, la puerta no se abrió.

Mientras tanto, dentro de la biblioteca, los libros esperaban la llegada de los lectores, de los viajeros del mundo de las palabras. Querían contar historias. Cansados de tanto intentar y probar abrir esa puerta, todo el pueblo se sentó en la escalera de la biblioteca. Jorge se desesperó. No sabía qué hacer. Dijo:

–Me siento como la vaca Miranda, cuando no podía darle leche a sus terneritos.

– ¿Y por qué no podía darle leche a sus terneritos? –preguntó uno de los chicos.

– ¿Cómo? ¿No conocen la historia de la Vaca Miranda? –preguntó asombrado el bibliotecario.

Todo, todo, todísimo el pueblo, con cara de susto contestó: “No, no la conocemos”.

Y desde ese día, toda la gente del pueblo comenzó a reunirse en la entrada de la biblioteca para escuchar las magníficas historias que Jorge les contaba. Porque Jorge se sabía todos los cuentos que existían, o por lo menos era lo que él decía. Al día siguiente, la puerta se pudo abrir, pero Jorge continuó relatando las historias, porque para todos, escuchar a Jorge era como vivir esas aventuras.

Fin

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