Rosaura

pastor alemán

Rosaura  es uno de los cuentos de mujeres asesinas de la colección cuentos cortos de la escritora de cuentos infantiles María Luisa De Francesco.

La prima Rosaura, por parte de padre, la que tenía el pelo rojo y millones de pecas en una cara pálida con enormes ojos almibarados, tuvo instintos asesinos.

Rosaura creció en una de esas casas con grandes pretensiones de riqueza, donde la austeridad era la realidad pero si había que aparentar, se aparentaba. Rosaura fue una excelente alumna y decidió estudiar medicina. La razón por la cual terminó siendo enfermera no la sabemos bien pero siempre creímos que fue un problema de bajo rendimiento.

Rosaura era, aún lo dicen, una buena enfermera. Siendo una mujer atractiva no se le conocían novios, alguna vez un amigo muy cercano pero nada más. Y eso que los tíos insistían. Pero ella vivía dedicada a su trabajo.

Hasta que conoció a Roberto, un comerciante de clase media que tenía una pequeña empresa de mudanzas. Se ennoviaron y al poco tiempo estaban viviendo juntos, no hacían demasiado planes para casarse, pero se los veía felices.

Roberto además de su empresa era loco por la lectura y por los perros, tenía siempre un hermoso ejemplar en su casa. Ella no se llevaba bien con ninguna de las dos cosas. Pero ya se sabe que los polos opuestos se atraen. La verdad, se veían felices.

El accidente ocurrió cuando ya habían fijado fecha para el casamiento. Fue un accidente tonto, Roberto se cayó de uno de los camiones, un mueble de los que llevaba le cayó encima y nada más. Fue eso. Pero eso lo dejó paralítico.

Durante años recorrieron algunos lugares especializados de la región, nunca les dieron ninguna esperanza. Estaban preparando una suma importante de dinero para ir a Estados Unidos cuando ocurrió el otro accidente.

Rosaura había dejado el hospital y se había llevado al marido, con su silla de ruedas, a descansar en la zona de los riscos. El perro, un hermoso pastor alemán que llevaba cinco años con Roberto, viajó con ellos a pesar de las protestas de ella.

La estadía era sólo por cinco días, un breve descanso antes de emprender el último viaje donde la parálisis de Roberto diera una esperanza o la condena permanente. Fue al tercer día, paseaban ambos, había una brisa suave, un color de cielo traslúcido de azul, un día espléndido de finales de octubre. El perro los seguía a unos metros, olfateando la vida de la zona agreste.

Ella lo llevó hasta el borde de uno de los riscos más altos, allá abajo el agua se arremolinaba y seguía. Lo empujó sin vacilaciones y se alejó inmediatamente. No pudo ver que el perro se arrojaba unos metros más allá. Tampoco vio la maravillosa escena donde el perro peleó con los remolinos de agua para sacar al hombre. Ocupada como estaba en armar bien el informe para llamar a la ambulancia, no pudo ver el salvataje.

Lo demás responde estrictamente al informa policial. El hombre se salvó y contó la verdad, entre hipos, lágrimas y lamentos, lo contó.

La prima se fue a la cárcel sin decir una palabra. Qué pudo haber pasado, quién sabe la verdad por qué esa mujer empujó al inválido a la muerte.

Tal vez no pudo resignarse a que el hombre que amaba debiera vivir el resto de su vida en silla de ruedas. Hay una versión, no oficial, de que en realidad era él quien pedía morir porque lo del viaje era una excusa: ya les habían dicho que el problema era irresoluble.

El héroe de la historia, el perro, sigue con el hombre. Su mente tan perruna no entiende ninguna explicación, sólo entiende la forma de ser fiel a su dueño.

Fin

Estas mujeres que habitan mis historias estuvieron en algún momento vivas, rezando, llorando, gozando o lo que fuera que hicieran. Les he dado el título de primas pensando en la gran familia que tuvimos y que ya no es la misma. También las he considerado parientas por la sangre loca que les habitó las venas, por sus dolores y por las pasiones que se gozaron.

Cuento perteneciente a TODAS MIS PRIMAS.

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Rosaura  es uno de los cuentos de mujeres asesinas de la colección cuentos cortos de la escritora de cuentos infantiles María Luisa De Francesco.

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