La señal. Cuentos Fantásticos

La señal. Cuentos Fantásticos

La señal. Cuentos Fantásticos

La señal. Alfonso Quiróz Hernández. Escritor chileno. Cuentos Fantásticos.

La pantalla exhibió una cacatúa blanca adornada con un ridículo corbatín rojo. La vi en primer plano, en plano general, plano medio, primerísimo primer plano y luego de escuchar un destemplado, pero gracioso “cacatúa, cacatúa, groac”, se lució en innumerables planos más. Picoteó su corbatín, una que otra pluma, paró el penacho, lo bajó, pronunció un no tan gracioso “cacatúa, cacatúa groac”, y así, después de soportarla durante cinco minutos, pregunté el nombre del programa al tipo sentado en el sillón. Sin apartar la vista respondió:

– Es el noticiario central.

-¡Una cacatúa es el conductor del noticiario central!- exclamé, obviamente asombrado.

El tipo del sillón, incómodo por mi asombro y mi interrupción, explicó que le daba lo mismo quien transmitiera las noticias.

– Siempre las leyó una muchacha hermosa y creíble, pero un día apareció esta cacatúa y como el raiting aumentó, la dejaron-. El televidente terminó la explicación con un ademán de molestia y me retiré.

Después de una hora volví y estaba la misma estúpida cacatúa blanca. Le pregunté si aún continuaba el noticiario central. Con la baba colgando por el mentón respondió:

– No, este es un programa misceláneo en horario estelar.

Me salió la pregunta como un resorte, tan asombrada e interruptora como la primera vez:

– ¡La misma cacatúa!

– No, es otra. Esta luce un corbatín azul eléctrico.

La respuesta me dejó perplejo. Verla dando giros, levantando el penacho, bajándolo, emitiendo un “cacatúa, cacatúa, groac”, volviendo a girar y todo eso, no me percaté que efectivamente la tonta cacatúa vestía un corbatín, más bien azul escarlata.

La transmisión paneó al público mostrando a un grupo de monos sentados abriendo sus hocicos en muecas de risas. Con envidiable destreza saltaban sobre los diminutos asientos y aplaudían sin cesar cada cotorreo de la cacatúa animadora. Le comenté, aprovechando el vuelito de mi interrupción, lo divertido que parecían estar los monos con aquel portento de plumífero. Con mucha más baba sobre esa sonrisa, la persona elevó el dedo índice en dirección al televisor y totalmente extasiado exclamó:

– La cacatúa es genial. Pero los monos no aplauden al conductor, sino al panelista que está por entrar.

El pavo real se instaló en primer plano, en plano medio, plano americano, primerísimo primer plano, de frente, tres cuartos, dos giros en eje vertical entremedio y finalmente remató en un plano general para la cola alzada y majestuosa. Nuevamente un primer plano para la cola multicolor y así diversos planos y contra planos hasta hipnotizar a la audiencia y lograr, sin emitir el menor ruido, el mayor raiting de un panelista invitado.

El tipo reía. Al salir, lo vi de soslayo y juraría que había un mono peludo aplaudiendo, haciendo muecas de risas y saltando sobre el sillón.

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Fin

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