Una mamá cabra

Cuentos infantiles de cabras

Una mamá cabra es uno de los bellos cuentos infantiles de cabras escrito por Luisa Fernanda Latorre Cabrera, un fantástico cuento sugerido para niños de todas las edades. 

Había una vez, una mamá cabra que vivía en una casita del bosque con seis cabritillos. Los pequeñines vivían muy felices, protegidos por su madre de todo peligro. Cierta mañana, la cabra decidió salir al bosque en busca de comida para sus pequeños pero antes de partir les advirtió: “Mis queridos hijos, no deben abrirle la puerta a nadie hasta que yo regrese. El lobo malo anda suelto por el bosque y de seguro vendrá a devorarlos mientras yo no esté”.

“No te preocupes mamá. Tendremos mucho cuidado”, prometieron los cabritillos viendo alejarse a su madre por el bosque. Unas horas después, mientras los pequeñines saltaban y jugaban dentro de la casita, oyeron unos golpes secos en la puerta. “Hijitos míos, soy vuestra madre y he regresado. Por favor, abridme”. Pero los cabritillos no se dejaron engañar, pues supieron por la voz que se trataba del lobo malo.

“No abriremos la puerta. Sabemos que no eres nuestra madre”, gritaron los cabritillos con todas sus fuerzas. El lobo, enfurecido, salió a toda velocidad hacia su cueva y devoró una docena de huevos para aclararse la voz. Al llegar nuevamente a la casita de mamá cabra, toco suavemente la puerta y dijo con mucho cuidado: “Hijos míos, soy vuestra madre y les he traído un regalo. Abridme, por favor”.

Engañados por la voz suave y melodiosa del lobo, los cabritillos decidieron mirar por debajo de la puerta y fue entonces cuando pudieron ver las patas negras y gordas del lobo. “No te abriremos porque no eres nuestra madre”, gritaron los pequeñines con temor.

Sin embargo, el lobo no se rindió, y partió hacia su cueva nuevamente para pintarse las patas con harina blanca. Por segunda vez, arribó la bestia a la casita donde vivían los cabritillos. “Abridme la puerta mis queridos hijos. Mamá cabra ha llegado”, dijo el lobo malo con una voz suave y musical. Al mirar por debajo de la puerta, los pequeñines pudieron ver unas patas blancas como las de su mamá, y fue entonces cuando el lobo logró entrar a la casita.

Muertos de miedo, los pequeños cabritos se pusieron a correr por todo el lugar, pero el lobo era mucho más rápido y logró capturar al cabrito que se había escondido en la estufa, al que se refugió debajo de la cama, al que quedó colgado del techo, al que se ocultó detrás del piano y finalmente, al que se había metido debajo de la alfombra.

Fin

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