Mi abuelo y los delfines

Cuento para niños sobre los abuelos

Mi abuelo y los delfines es un cuento para niños sobre los abuelos, escrito por Liliana Odano. 

Mi abuelo era un verdadero gigante.

Cuando yo lo miraba me parecía que su cabeza tocaba el cielo.

Si él no me alzaba, jamás hubiera podido abrazarlo a no ser que me subiera a una enorme escalera.

…Cuando me hablaba de los delfines, ése gigante se volvía livianito y a mí me parecía que hasta podía flotar.

Él me decía: “Los delfines don seres especiales, que pueden comunicarse con los humanos, que bailan sobre las olas y hasta hablan y sonríen”.

Yo no conocía el mar, pero a través de sus cuentos sentía que había estado allí.

Pasaron muchos años desde que mi abuelito se fue al cielo (según mis padres), pero yo estoy seguro de que se fue al mar y está nadando con los delfines.

   ¡me encanta imaginármelo allí!

Un día, mis padres decidieron ir de vacaciones al mar. Les juro  por lo que más quiero (o sea por mi abuelito), que mil caballos se metieron en mi pecho y galoparon sin parar!.

Llegamos a un pueblo lleno de casas bonitas, con jardines que terminaban en una franja enorme de arena y después…¡¡¡el mismísimo mar!!!.

Me senté en una roca mirando esa raya interminable  y tan pero tan derechita que estoy seguro, la trazaron con una regla gigante.

Entonces me dí cuenta que se trataba del horizonte que tanto me había hablado mi abuelo. Claro, como nosotros vivimos en un pueblo rodeado de montañas, allí el horizonte se esconde, no se deja ver.

De pronto. Sentí que me convertía en estatura y me quedaba inmóvil con la mirada fija en el horizonte. Hasta que escuché la voz de mi mama:

“¡Vení adentro que está anocheciendo y hace como una hora que estás sentado sobre ésa roca!”

Como una hora? –pensé- ¿cómo es posible que el tiempo de los grandes sea tan diferente al nuestro?.

Yo les aseguro que fui estatua  durante casi medio siglo y ellos ni se dieron cuenta.

Al otro día fuimos a un acuario, vimos focas que aplaudían igual que mi hermanito cuando cumplió dos años y también vimos peces enormes que saltaban fuera del agua como bailando..

¡¡¡eran los delfines!!!

Me acerqué, acaricié a uno y les juro que me sonrió y me dijo algo que sólo sabíamos mi abuelito y yo.

Entonces comprobé que, efectivamente, mi abuelo no estaba en el cielo sino que se había ido a nadar con sus delfines..¡¡¡¡Y LES HABÍA HABLADO DE MI!!!

Con mi abuelo teníamos un secreto: cuando estábamos solos el me llamaba POSEIDON con el Dios del mar y.. ¡así me llamó el delfín que acaricié!.

La magia de mi abuelo estaba ahí y volví a sentirme feliz como cuando él me abrazaba.

MARIA LILIANA ODANO

Escritora e ilustradora – Bariloche

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