El jardín de las lágrimas

Cuentos infantiles fantásticos

El jardín de las lágrimas es uno de los cuentos infantiles fantásticos para niños de la escritora Gisela de la Torre. Cuento sugerido para niños a partir de diez años.

Una tarde, acompañada por mi amiga Elsa, visité El Jardín de las Lágrimas, a corta distancia de mi casa. A la entrada nos encontramos con una enredadera de la cual pendía una flor transparente que tenía la apariencia de una lágrima.

El aroma y el canto de los pájaros creaban un ambiente agradable, nos pusimos a recorrerlo pero, de pronto, escuchamos a una anciana que nos
llamó. Nos preguntamos cómo sabía nuestros nombres. Se nos acercó y dijo:

—Sé además muchas otras cosas ¿Quisieran saber por qué este lugar se llama El Jardín de las Lágrimas?

—Sí—le contestamos sorprendidas.

—Pues se los contaré —y se colocó en un banco que había a un extremo del jardín y nos contó:

—Hace muchos años, existió aquí una choza donde vivía un matrimonio con sus tres hijas. Una vez, los padres se quedaron arreglando la casa, pues
un golpe de viento la había dañado, entretanto, las niñas fueron a buscar frutas al bosque.

Al regresar, vieron la choza incendiada con sus padres en el interior, atrapados por las llamas. A pesar de su angustia trataron de apagar el
fuego lanzando agua y tierra, pero ya nada se pudo hacer.

Las niñas lloraron mucho por la muerte de sus papás. Así las sorprendió la noche y el amanecer. De los escombros surgió una enorme flor cubierta de
rocío que al gotear sobre las cenizas las transformaba en rosal. Las niñas seguían llorando y, por cada lágrima, surgía una enredadera con una flor como la que está a la entrada del jardín.

— ¿Es por eso que tiene este nombre? —pregunté.

—Sí.

—Pero solo hay una enredadera con una flor —dijo Elsa.

—Es cierto, las demás desaparecieron con el tiempo y ésta quedó como representación del dolor que las niñas sintieron.

— ¿Y qué fue de ellas? —quise saber.

—Como estaban muy tristes quisieron morir e intentaron arrojarse al barranco —y señaló con el dedo índice—, pasaba en ese momento la bruja

Tarila, lanzó un hechizo y las convirtió en tres piedras.

Ese mismo día andaba yo por estos lados cuando escuché unos sollozos, al aproximarme, solo vi tres piedras, pero seguían los gemidos, luego de una
búsqueda inútil, me convencí de que provenían de ellas, oí entonces a la bruja Tarila gritar:

—Como querían morir estas tres niñas, ¡mira en lo que las transformé, es lo mismo que estar muertas! — lanzó una carcajada burlona y desapareció al
instante—. Por eso, intenté salvar a las niñas, pero no lo logré a pesar de mi poder, pues el hechizo de Tarila era muy fuerte…

— ¿Qué poder? —pregunté. Sin embargo la anciana se sonrió y siguió hablando.

—Busqué ayuda con mis amigas hadas, pero nada pudieron hacer. No obstante, un hada me dijo que solamente existía una opción: encontrar tres piedras
iguales en una noche de luna llena, sustituirlas por aquellas, y convertirlas únicamente en flores, siempre y cuando las niñas estuvieran de acuerdo.

— ¿Pudo hacer eso? ¿Ellas lo aceptaron? ¿Quién es usted?

— ¡Cuantas preguntas! Te las contestaré. Sí pude y sí quisieron las niñas, ah, soy un hada envejecida.

Elsa y yo nos miramos boquiabiertas. El hada nos tendió las manos y nos condujo al centro del jardín donde había un pequeño arbusto del cual brotaban tres flores de diferentes tamaños y colores, la anciana nos explicó:

—La más grande, la roja, es Amalia —la flor se inclinó y emitió un suave murmullo. El hada siguió presentando a la mediana, de tonalidad amarilla,
nos dijo que se llamaba Amelia, la cual produjo inmediatamente un sonido muy similar a un sollozo que fue desapareciendo hasta convertirse en un
susurro. Prosiguió la anciana señalando a la flor más pequeña y blanca, la llamó Amilia, que echó una carcajada.

Atónitas observábamos a las flores cuando fuimos interrumpidas por un silbido y un trino a nuestras espaldas, al voltearnos, vimos a un pájaro de dos cabezas que emitía los dos sonidos a la vez.

—Basta ya “Chitín”, son mis invitadas —y nos aclaró—. Es el guardián de aquí. Como nunca antes las había visto, se ha molestado; no permite que
ningún intruso venga a robar flores.

Al instante, el pájaro, como si hubiera entendido sus palabras, alzó el vuelo y se posó en un follaje cercano, observándonos con detenimiento por
largo rato.

El hada continuó hablando sobre Amalia, Amelia y Amilia, diciéndonos que en ocasiones salían a pasear.

— ¿Cómo pueden pasear si son flores? preguntamos.

— ¡Ya lo verán! —y dando tres palmadas nos indicó que miráramos al cielo.

Allá en lo alto vimos a las tres flores volando.

— ¿Volverán al jardín?

—Claro que volverán, este es su hogar.

Seguimos conversando y al poco rato sentimos como un murmullo y más tarde una carcajada.

—Son ellas, ya quieren regresar —dijo el hada, y dio nuevamente tres palmadas.

Al momento estaban de vuelta.

—Parece que son felices —dije yo.

—A su modo lo son, el tiempo ha hecho que sus penas se reduzcan —dijo el hada y desapareció.

Regresamos y en todo el camino apenas hablamos, cada una estaba absorta en sus pensamientos, al fin Elsa rompió el silencio y dijo:

—Maité, si contáramos lo que hemos visto, nadie nos creería.

—Mejor guardemos en nuestro recuerdo estos lindos momentos —dije casi en un suspiro.

—Sí, en nuestra memoria —me contestó y ambas sonrientes miramos aún asombradas hacia el jardín donde existía una fantástica historia.

Fin

Gisela de la Torre. Escritora de Stgo de Cuba, Cuba. Correo ailinb@nauta.cu

El jardín de las lágrimas es uno de los cuentos infantiles fantásticos para niños de la escritora Gisela de la Torre. Cuento sugerido para niños a partir de diez años.

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