El hombre más bueno del mundo

Cuentos con valores sobre compartir

El hombre más bueno del mundo es uno de los bellos cuentos con valores sobre compartir, con un gran mensaje de vida, escrito por Elvis Eberth Huanca Machaca, un cuento sugerido para niños de todas las edades.

Hace mucho tiempo, existía en un país muy lejano, un hombre, muy, muy bueno.

Este hombre era consiente de la maldad que había en el mundo, estaba decidido a hacer algo para cambiar este mundo tan cruel e injusto.

Así que decidió emprender un viaje, en busca de la verdad, decidió convertirse en un peregrino, para descubrir los secretos del mundo, ya que para descubrir el secreto de cómo salvar al mundo, primero debería responder aquellas preguntas, que durante toda su vida habían estado presente.

¿Por qué existo?

¿Quién soy?

¿A dónde voy?

Un día llegó aún pueblo muy pobre, aquel pueblo había sido conocido en sus mejores tiempos por su enorme riqueza, pero hoy en día no era nada más que ruinas.

Cuando pasaba por lo que fuera la plaza principal de la ciudad, se encontró con una mujer, ella sentada en el piso pedía migajas de comida, el hombre se acercó a ella y le regalo unos cuantos panes que había traído con el.

La mujer muy feliz, se los comió muy apresuradamente.

Luego el hombre siguió caminando, entonces encontró a un niño que lloraba porque no había agua, el hombre sacó la poca agua que tenia, y se la dio.

Muy pronto toda la gente de la ciudad se enteró que había un hombre que regalaba cosas, y toda la ciudad lo rodeo, empezaron a contarle sus desventuras.

Uno decía que necesitaba dinero para la medicina de su hijo, otro que no tenía para comer, otro para estudiar, toda la gente le decía todo tipo de cosas. El hombre lloraba por cada historia que le contaban, y los despedía con una enorme sonrisa.

Aquel hombre bueno muy conmovido les entregaba todas sus posesiones.

Muy pronto la gente se paso la voz, y avisaron a otros pueblos, que había un viajero muy bueno, tan bueno que era un tonto, y cuando el viajero llego a otra ciudad, la gente decía de todo para darle pena, al poco tiempo le dejaron sin ropa.

Desnudo y sin nada que comer se adentró en lo profundo del bosque, nadie le había advertido que era el hogar de monstruos que solían asaltar y devorar a los atrevidos viajeros que atravesaban sus fronteras.

En poco tiempo se encontró rodeado de monstruos, intento huir desesperadamente ante los pasos próximos de toda una banda de ellos.

En su camino por salvar su vida, hallo refugio dentro de un tronco hueco de un viejo roble, al fin la suerte estaba de su lado, las cosas que había hecho en bien de las personas quizás al fin estén rindiendo frutos – pensaba dentro de él.

Y con una enorme sonrisa el hombre más bueno del mundo se dispuso a seguir su viaje, no paso mucho tiempo y se encontró con un pequeño monstruo llorando sin parar, se acercó para consolarle y preguntarle qué pasaba, después de todo los monstruos también eran seres vivientes como los humanos, y por ende también debieran de tener sentimientos – se repetía a sí mismo.

– ¿Porque lloras? – pregunto el viajero muy preocupado.

– Porque a diferencia de mis hermanos soy pequeño y llevo días sin comer, en poco voy a morir de hambre – le respondió el pequeño monstruo.

No podía ser posible tal cosa, después de todo esta criatura también era creación de Dios, no podía ser posible que muriese delante de sus ojos, el hombre respiro muy profundamente, contemplo lo que le rodeaba y dijo: – no tengo nada para ofrecerte, todo lo he dado ya, más puedes tomar alguna parte de mí.

– ¿De verdad? – dijo el pequeño monstruo.

– Si, adelante – le sonrió el viajero.

Y así, sin darse cuenta justo cuando el pequeño monstruo iba a tomar su brazo, apareció toda la banda de monstruos y dijeron, si podían también tener una parte de él, aquel viajero solo asintió con la cabeza en señal de si mientras sonreía.

Y de un zarpazo todos los monstruos saltaron hacia él, cada uno se llevó una parte de el hasta no dejar nada más que su cabeza tirara en el suelo, aquel viajero seguía manteniendo la misma sonrisa.

De repente cuando se disponía a cerrar sus ojos, escucho el llanto del mismo pequeño monstruo.

– ¿ahora porque lloras? – dijo el viajero.

– No pude comerme ninguna parte de ti, mis hermanos me dejaron atrás – dijo el pequeño monstruo mientras lloraba.

– No tengo mucho, pero puedes llevarte mis ojos, mi nariz y mis orejas – dijo el viajero mientras sonreía.

Y sin esperar mucho tiempo separo los ojos de la cabeza, la nariz y las orejas del pobre viajero, antes de irse el pequeño monstruo dejo algo cerca del viajero.

– Ten es un regalo para ti – dijo el pequeño monstruo.

Aquel pobre hombre, a pesar de no tener ojos empezó a llorar sin parar, sin dejar de sonreír, eran lágrimas de felicidad.

– ¿Por qué lloras? – dijo el pequeño monstruo.

– En toda mi vida jamás me habían dado algo, jamás me habían dado las gracias – respondió el viajero mientras lloraba de felicidad.

Pobre viajero, como no tenía sus ojos nunca supo lo que le dejo aquel mounstrillo, aquello que el pequeño monstruo le dejo era una hoja con dos palabras solamente “GRACIAS TONTO”.

FIN

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El hombre más bueno del mundo es uno de los bellos cuentos con valores sobre compartir, con un gran mensaje de vida, escrito por Elvis Eberth Huanca Machaca, un cuento sugerido para niños de todas las edades.

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